Los informes de los Grupos de Estudio 6 y 7, publicados por deseo de León XIV, plantean acuerdos obligatorios entre diócesis e institutos —que regularían formación, paridad de género, remuneraciones y patrimonio— y una ad limina preparada y evaluada con toda la Iglesia local
La Secretaría General del Sínodo hizo públicos el pasado 8 de septiembre dos documentos con propuestas para reordenar la relación entre los obispos, la vida consagrada y las agregaciones eclesiales, y para renovar las visitas ad limina: el Informe final del Grupo de Estudio n.º 6 y la segunda parte del Informe final del Grupo de Estudio n.º 7. La primera parte de este último se había publicado el 5 de mayo.
El Papa León XIV ha dispuesto que los informes finales se hagan públicos para compartir con todo el Pueblo de Dios las conclusiones de la reflexión realizada, concretando así la transparencia y la rendición de cuentas que busca la Iglesia sinodal. Los textos recogen las propuestas entregadas al Santo Padre al concluir los trabajos, pero, subraya la Secretaría, «no se trata de decisiones ya tomadas», sino de indicaciones que los dicasterios competentes y la propia Secretaría General convertirán en propuestas operativas.
«Estos dos Informes parecen hablar de cosas diferentes, pero dicen lo mismo: no hay misión sin una conversión de las relaciones», afirma el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo. «Entre un obispo y las comunidades religiosas, entre un obispo y la porción del pueblo de Dios que se le ha encomendado, entre una Iglesia local, las Iglesias de un mismo territorio y el Obispo de Roma, rige el mismo principio: se escucha, se rinde cuentas, se intercambian dones». Ambos textos, añade, ponen en el centro lo que el Sínodo ha llamado «la corresponsabilidad diferenciada».
Delegados para la vida consagrada
El Grupo de Estudio n.º 6, reunido entre abril de 2024 y febrero de 2026 y organizado en tres subgrupos temáticos, trabajó a partir de la escucha directa con cuestionarios y entrevistas a obispos y personas consagradas. Entre sus propuestas se encuentra la elaboración de criterios teológico-jurídicos de discernimiento para la aprobación de nuevos institutos, sociedades de vida apostólica y formas emergentes, y el nombramiento en cada diócesis de un delegado o vicario para la vida consagrada, con encuentros anuales entre obispos, consagrados y conferencias de superiores mayores.
El informe pide además acuerdos obligatorios entre diócesis e institutos que regulen la misión, la formación, la paridad de género, las remuneraciones y la gestión patrimonial, acompañados de comités de conciliación, fechas límite e indicadores de rendición de cuentas. También reclama un acompañamiento sinodal durante las transiciones más delicadas por las que atraviesan muchos institutos —el declive de las vocaciones, la supresión de comunidades, el destino de los bienes—, a través de visitas personalizadas, espacios de diálogo y apoyo espiritual.
En cuanto a la colaboración entre conferencias episcopales y conferencias de superiores mayores, el documento sugiere que las visitas ad limina se preparen de manera conjunta, para que el diálogo con la Sede Apostólica refleje toda la realidad eclesial de un territorio. Propone asimismo espacios de fraternidad, como retiros y jubileos, una formación conjunta en seminarios, noviciados y centros de formación, la presencia de delegados religiosos en las conferencias episcopales y la representación plena de consagrados y laicos en los organismos decisionales.
Sobre las agregaciones eclesiales de asociaciones de fieles, movimientos o nuevas comunidades, el informe pide mayor claridad terminológica, su integración sistemática en los planes pastorales diocesanos y en los organismos de participación, el desarrollo de redes para compartir recursos y proyectos, y programas de formación tanto para sus miembros como para seminaristas y obispos. El Grupo insiste especialmente en la necesidad de un cambio de mentalidad recíproco, que pasa por el conocimiento personal y por visitas periódicas.
La visita ad limina
La segunda parte del Informe del Grupo n.º 7 busca una comprensión renovada y una revisión de los procedimientos de las visitas ad limina, en línea con la constitución apostólica Praedicate Evangelium. El texto insiste en que la visita no debería ocuparse exclusivamente de la administración interna de la Iglesia local, sino apoyar también la misión que la comunidad cristiana está llamada a realizar en el mundo, convirtiéndose en un instrumento al servicio de la conversión misionera de la pastoral ordinaria. El criterio de evaluación propuesto es la conversión realizada en las estructuras diocesanas, en los procesos de toma de decisiones y en las relaciones entre sujetos eclesiales.
En su preparación, el informe invita al obispo diocesano a convocar a su pueblo para que participe de manera corresponsable, mediante el discernimiento eclesial, en la redacción de la Relación previa, el documento que describe la situación de la diócesis y se envía a la Santa Sede antes de la visita. Los resultados de esos procesos se presentarían después a la asamblea de los obispos de la provincia eclesiástica o de la conferencia episcopal, que evaluarían colegialmente el estado de sus diócesis.
Durante la estancia en Roma se da prioridad al cuidado de la dimensión espiritual. El informe recomienda dividir a los obispos en pequeños grupos y dedicar tiempo suficiente a la visita, con un diálogo sincero, cordial y «no unidireccional», entendido como un «intercambio de dones» y realizado según un estilo colegial, de manera que puedan surgir tanto las riquezas como las necesidades de las Iglesias locales. Es deseable, subraya el texto, que una representación diocesana acompañe al obispo, privilegiando a quienes participaron en la preparación a nivel local.
Por otra parte, el seguimiento ocupa un lugar central. Las instituciones curiales transmitirían un informe de la visita a las conferencias episcopales y a las estructuras jerárquicas orientales, y cada obispo, junto con los fieles que lo hayan acompañado a Roma, rendiría cuentas de los resultados a su Iglesia local. Si surgieran cuestiones que requiriesen un diálogo ulterior, podrían organizarse encuentros en línea o visitas in loco de representantes de la Curia. Por último, el informe propone constituir periódicamente una comisión eclesiástica independiente para la evaluación de todo el proceso.






