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Alí Herrera, secretario de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores: «Las víctimas deben ser incluidas también en los procesos de prevención»

El obispo colombiano quiere que el modelo de colaboración frente a los casos de abusos entre la Conferencia Episcopal y la CONFER se extienda a otros países: «Es extraordinario»

Luis Manuel Alí Herrera, obispo colombiano, es desde 2024 el secretario de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, organismo en el que lleva trabajando desde 2015, poco tiempo después de su creación. En su paso por España para participar en el IX Encuentro para las Oficinas de Protección de Menores —que abordó los días 18 y 19 de septiembre la cuestión de «El abuso de menores entre la inteligencia artificial y la realidad»—, atendió a ECCLESIA para abordar, entre otras cuestiones, el reto de la protección en los entornos digitales, los nuevos estatutos de la comisión, aprobados este mismo año, la evolución de la prevención de abusos en todo el mundo y el trabajo y aportación de la Iglesia en España. Alí Herrera fue nombrado este año vicario del arcipreste de basílica Santa María la Mayor en Roma.

—El tema central de las jornadas es «El abuso de menores entre la inteligencia artificial y la realidad». ¿Es la IA y los entornos digitales un reto en la protección de los menores?
—Es un tema obligado, que se nos hizo el encontradizo. Lo tuvimos que asumir en nuestros protocolos, en nuestras líneas de prevención. Por eso, la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores tiene desde hace un par de años un grupo de estudio online, que se enriquece ahora con toda la cuestión de la inteligencia artificial, con numerosos documentos y con la encíclica del papa León XIV, que es un camino de reflexión y de análisis que la Iglesia ha realizado. Así, el tema de la prevención en el mundo digital es algo que tiene que incluirse sí o sí en nuestros proyectos de prevención y protocolos.

—¿Se incluye esta cuestión en los nuevos estatutos de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores?
— Absolutamente, los nuevos estatutos nos invitan a trabajar toda esta temática. Por supuesto, son estatutos, es decir, los artículos son redactados a nivel jurídico, pero sí nos ayudan a trabajar todas estas temáticas para el bien y la protección de los niños, niñas y adolescentes con las Iglesias particulares, con las conferencias episcopales, las congregaciones religiosas y con todas las entidades de la Curia Romana.

—Los nuevos estatutos fueron aprobados el pasado mes de mayo y publicados en junio. ¿Cuáles son las principales novedades?
—Los estatutos anteriores, de 2015, quedaron sin efecto cuando la constitución Praedicate Evangelium, en su número 78, nos presenta el mandato más claro de la comisión dentro de la Curia Romana. Es decir, nosotros somos el estamento que gestiona, acompaña y sirve a las Iglesias particulares en la promoción de las políticas de prevención, protocolos de protección y salvaguarda de niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables. Con ese mandato necesitábamos unos estatutos que se adaptaran a esa novedad, a ese enriquecimiento de nuestras responsabilidades. El mandato que nos dio el Santo Padre es claro: somos los encargados de la prevención y la protección y los estatutos son nuestro fundamento legal para trabajar dentro de la Curia y con las Iglesias particulares y las congregaciones. Las novedades son muchísimas, porque hay artículos que hablan del informe anual, de las líneas guía universales, del proyecto Memorare…

—La comisión ya tiene un recorrido de 12 años. Primero caminó de forma independiente y ahora en colaboración con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. ¿Cómo ha sido la evolución del trabajo durante todos estos años?
—Tengo que decir primero que si bien era un estamento independiente de cualquier dicasterio, estábamos al servicio del Papa, para aconsejarle en las medidas de prevención para la Iglesia universal. Y ya desde 2014 sabíamos que teníamos que trabajar con las Iglesias particulares y con los dicasterios. Pero es cierto que en ese momento no formábamos parte de la Curia Romana. Esta es la novedad, que no la dan los estatutos, sino la Praedicate Evangelium. Ahora formamos parte de la Curia, somos una institución pontificia. Nosotros tenemos reuniones permanentes con el Papa y le presentamos todo el trabajo que hacemos. Un caso concreto: nosotros somos los responsables de las líneas guía universales de prevención, que es un trabajo que hemos realizado los últimos cinco años, porque no existen. Ya se las hemos presentado y ahora esperamos que en un tiempo no muy largo sean aprobadas para toda la Iglesia universal.

—¿Este año o el próximo?
—Seguramente será para el próximo.

Alí Herrera, saluda a los participantes en el Encuentro de Oficinas de Protección de Menores. / Elena M. Tascón

—Hablaba del Santo Padre y de su relación directa con él. ¿Qué valor tiene abordar estos temas de esta manera con el Pontífice, en este caso, León XIV?
—Dos veces por semestre, el presidente y yo tenemos un encuentro con el Papa, al que presentamos los avances que hemos intuido, percibido y estudiado en cada una de las Iglesias particulares y dicasterios sobre las políticas de prevención y todo el trabajo que hacen las distintas oficinas para que la carta apostólica Vos estis lux mundi sea efectiva. Para que estas oficinas respondan con una atención eficaz y empática a las víctimas, a la recepción de denuncias, a todos los protocolos de intervención. Estos son los temas de diálogo y conversación con el Santo Padre. Es un diálogo permanente y él está muy interesado.

—En unas semanas se presenta el tercer informe que elabora su comisión. ¿Se lo han presentado al Papa?
—Estamos en las últimas etapas del informe. En el próximo encuentro con el Santo Padre se lo presentaremos.

—¿Hay alguna conclusión que se pueda contar?
—Al primero que tenemos que presentar el informe, tal y como recogen los estatutos, es al Santo Padre. Entonces, no puedo anticipar nada, porque él tiene que ser el primero en conocer las conclusiones. Pero sí puedo decir que es un informe diferente a los anteriores. ¿Por qué? En los previos, el primer capítulo siempre estaba dedicado al informe de las Iglesias cuyos obispos habían participado en visitas ad limina. Como en 2025 [periodo del informe] no hubo, no pudimos contactar con ninguna conferencia episcopal, salvo Filipinas, que nos envió información. Por eso, este informe se centra, sobre todo, en la vida consagrada, tanto masculina como femenina, activa y contemplativa. Se presentarán muchos informes de comunidades religiosas. También se incluye al Dicasterio para la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

—¿Qué han aprendido de los dos primeros informes?
— Dos cosas. En primer lugar, que este tema no es extraño. El tema de la protección ya no está en último lugar en las actividades evangelizadoras de las diócesis. Es un tema que ha venido para quedarse, forma parte de los planes de pastoral, de las actividades de evangelización… También hemos visto que la situación es muy diversa. Hay Iglesias que han hecho un trabajo enorme y sistemático durante tres décadas, otras comenzaron hace diez años, algunas están dando los primeros pasos y otras ni siquiera han comenzado. El tema de la protección y de la salvaguarda en la Iglesia es un tema que se quedó, que es importante, que se está trabajando seriamente, pero no se puede hacer una evaluación homogénea. Todavía hay regiones que necesitan muchísimo apoyo y por eso tenemos esa iniciativa que se llama Memorare.

—En España, en concreto, la Iglesia ha dado muchos pasos, con la creación de oficinas por parte de la Conferencia Episcopal, diócesis y congregaciones religiosas, con la aprobación de protocolos y la puesta en marcha de un plan de reparación integral, promovido conjuntamente por los obispos y la CONFER. ¿Cómo valora el trabajo que en esta materia ha realizado la Iglesia española?
— Es la segunda vez que la Conferencia Episcopal nos invita a este encuentro anual. Lo que valoro muchísimo del trabajo que hace España es precisamente que es un trabajo conjunto entre la Conferencia Episcopal Española y la Conferencia Española de Religiosos. Eso es algo extraordinario e, insisto, algo que sugerimos también que se haga en otras partes del mundo. Todo el trabajo de reparación integral que se ha hecho, esa mirada que no solamente se concentra en un punto, por ejemplo, en una mirada canónica, jurídica, sino más amplia, psicológica, existencial, social, me parece también muy interesante y muy importante tenerla en cuenta. La Comisión Pontificia no viene a ningún lado como la que sabe todo. Para nosotros también es muy importante aprender y ver lo que está funcionando. España tiene mucho que ofrecer porque ha producido mucho en muy poco tiempo. Hay escritos muy sólidos, muy interesantes, y una experiencia que está dando resultados.

—¿Qué le parece que se haya abierto una vía para la reparación a las víctimas que no quieren tratar directamente con la Iglesia a través de una institución del Estado como es el Defensor del Pueblo?
—Lo importante son las víctimas y el proceso de reparación integral que ellas deseen hacer. Pueden optar por un camino u otro. Lo importante es que se lleve a cabo esa reparación. Todas las propuestas e iniciativas para este bien son bienvenidas.

—Decía antes que a León XIV le interesaba mucho este tema. En España se encontró con víctimas y en Francia también lo hará. ¿Cómo vive el Papa esta realidad dolorosa de la Iglesia?
— Para él es una prioridad fundamental. Nos ha dicho varias veces que cuando se encuentra con una víctima, lo hace con esa persona, esa realidad, ese sufrimiento y esa historia. Es un momento no solamente de encuentro y de sanación para la otra persona, sino también de enriquecimiento para el mismo Santo Padre. Por eso, estos encuentros con las víctimas son tan importantes.

—Y una última pregunta, precisamente sobre las víctimas. ¿Cómo han ayudado a la Iglesia en este proceso que ha hecho en su interior en los últimos años?
—Hace tiempo, hace algunos años, se insistía en la escucha empática de las víctimas. Está bien, pero eso es un primer paso. Deben ser incluidas en los procesos de sanación, pero también en los procesos de prevención. En la comisión siempre han participado una o varias víctimas. Su mirada, sus aportaciones son fundamentales para todas las iniciativas y políticas de prevención. No se trata solo de escucha empática, sino de una inclusión en todos los procesos.

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