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Mártires de Damasco: once nuevos santos para interceder por la paz en Oriente Medio

Los mártires de Damasco, asesinados por odio a la fe en 1860, serán canonizados el 20 de octubre. Entre ellos, hay siete españoles

El 20 de octubre subirán a los altares como santos siete mártires españoles. Eran franciscanos y fueron asesinados en Damasco en 1860 por odio a la fe. Junto a ellos, un cohermano austriaco y tres laicos maronitas. 

El 23 de mayo de este año el papa Francisco aprobó los decretos de canonización de estos mártires beatificados en 1926 por Pío XI. Son Manuel Ruiz López, el superior del convento franciscano del barrio de Bab-Touma, nacido en San Martín de las Ollas, Burgos; Carmelo Bolta Bañuls, sacerdote nacido en Real de Gandía, Valencia; Nicanor Ascanio Soria, sacerdote nacido en Villarejo de Salvanés, Madrid; Nicolás María Alberca Torres, sacerdote nacido en Aguilar de la Frontera, Córdoba; Pedro Nolasco Soler Méndez, sacerdote nacido en Lorca, Murcia; Francisco Pinazo Peñalver religioso nacido en Alpuente, Valencia; y Juan Jacob Fernández, religioso nacido en Moire, Orense. Con ellos, padecieron el martirio también el sacerdote austriaco Engelbert Kolland y Francisco, Rafael y Abdel-Mooti Massabki.

Su causa de canonización se reactivó recientemente ante el número creciente de signos atribuidos a su intercesión y su fama de martirio. Además, se convertirán en santos en unos tiempos especialmente convulsos para la región donde entregaron su vida, Oriente Medio. Por ello, las Iglesias en Tierra Santa esperan que la canonización pueda contribuir a fomentar el diálogo y paz para esta zona. Así, en 2022, el Santo Sínodo de los Obispos Maronitas del año 2022 presentó al Papa la súplica para la canonización de los Massabki. A la petición se sumaron los superiores mayores de la Orden de los Frailes Menores pidiendo la canonización de los ocho mártires franciscanos de Damasco, sobre todo, de cara al octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís en 2026.

El martirio se produjo la noche del 9 al 10 de julio de 1860 en el marco de la persecución islámica contra los cristianos. Los musulmanes drusos cometieron matanzas contra los cristianos maronitas desde el Líbano hasta Siria. El sustrato de este odio religioso tenía tintes políticos, derivados del tratado de paz tras la guerra de Crimea. El Imperio Otomano, que venció a Rusia ayudado por Francia e Inglaterra, se vio obligado a reconocer la libertad de culto en todo su territorio. Eso enardeció los ánimos de los radicales musulmanes, que la emprendieron contra los cristianos. Ese 9 de julio de 1860, una turba pasó arrasando el barrio cristiano. Muchos llegaron a refugiarse en la residencia de un emir que abrió sus puertas a lazaristas, jesuitas e hijas de la caridad. Los franciscanos, sin embargo, pensaron que los agresores no podrían entrar al convento de San Pablo, pero alguien les indicó cómo penetrar sus muros. Una vez dentro, el padre Manuel Ruiz, para evitar la profanación de la comunión, corrió al sagrario y consumió las hostias consagradas que había en él. Los drusos, enfurecidos, intentaron que los frailes y los tres cristianos maronitas abjuraran de su fe. En el caso de Manuel Ruiz, los radicales lo decapitaron en el mismo altar de la iglesia. El franciscano dijo a sus verdugos que prefería morir antes de negar a Cristo. A continuación, asesinaron a todos.

Además de estos mártires, la Iglesia canonizará a Giuseppe Allamano, sacerdote, fundador de los Institutos de los Misioneros de la Consolata y de las Hermanas Misioneras de la Consolata; Marie-Léonie Paradis, fundadora de la Congregación de las Hermanitas de la Sagrada Familia; y Elena Guerra, fundadora de la Congregación de las Oblatas del Espíritu Santo.  

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