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León XIV habla de su viaje a Francia como un «renacimiento»: «Es un gran don para mí y para el pueblo de Dios»

El Papa ha centrado su catequesis durante la audiencia general de los miércoles en las vivencias y aprendizajes de su reciente visita al país galo

Centrada en el balance de su reciente viaje apostólico a Francia y a la sede de la UNESCO en París, la catequesis de León XIV durante la audiencia general de hoy en Roma ha trazado lo que podría considerarse una radiografía espiritual del continente europeo. Con voz serena pero firme —como es habitual en su estilo—, el Santo Padre ha saludado a los miles de peregrinos congregados: «Hoy quiero hablarles del viaje apostólico a Francia que he realizado en los días pasados. Ha sido un gran don para mí y para el pueblo de Dios en ese país, y doy gracias al Señor». Acto seguido, el Pontífice ha renovado su gratitud a las autoridades civiles y eclesiásticas, así como a la multitud de fieles que salieron a saludarle por las calles «como apóstol de Cristo y mensajero de paz».

Para articular las vivencias e impresiones de su visita pastoral, León XIV ha elegido como hilo conductor un icono universal: «Quisiera recoger los pensamientos y las impresiones —todavía muy vivas— de esta visita pastoral en torno a un único gran símbolo: la catedral de Notre-Dame de París». Así, recordando el pavoroso incendio que estuvo a punto de destruir el templo hace siete años, el Papa ha destacado que el templo luce hoy reconstruido y más esplendoroso que nunca gracias al esfuerzo conjunto de la sociedad. A su juicio, este resurgimiento material ofrece un mensaje urgente para los líderes globales: «Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido, puede iluminar simbólicamente todo este viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento».

En este sentido, ha remarcado que la restauración ha demostrado la eficacia de la colaboración entre la Iglesia, el Estado y la sociedad civil. «La sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y económicas», ha proclamado, recordando que el pilar innegociable de toda acción pública debe ser siempre «la dignidad de la persona humana».

Más allá del valor arquitectónico de la catedral gótica, León XIV ha querido resaltar  también la dimensión viva de la fe: «Pero, sobre todo, Notre-Dame es imagen de la Iglesia de piedras vivas, del pueblo santo de Dios». De este modo, ha establecido un paralelismo entre el recogimiento de las Vísperas solemnes en el templo y la vibrante vigilia con los jóvenes en el Estadio de Francia esa misma noche, definiendo con él la esencia misma del cristianismo: «¿Qué los unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él». Y refiriéndose al fervor de las nuevas generaciones francesas, ha rememorado con emoción los rostros atentos y apasionados que colmaban el estadio. «A ellos les dije con alegría: “¡Ustedes son los santos de Francia!”. Esa vigilia fue un gran signo de esperanza», ha concluido.

Como broche a su estancia en la capital francesa, León XIV ha evocado la Misa multitudinaria en la Plaza de la Concordia, cuyos fieles se extendieron a lo largo de los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo. «¡He aquí la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede hacer, por intercesión de la Virgen María!», ha proclamado.

En su repaso al viaje apostólico, el Santo Padre ha rememorado asimismo la segunda etapa de su paso por Francia, cuando acudió como peregrino al santuario de Lourdes para venerar a la Virgen María. Desde este lugar mariano, definido por él como un verdadero «santuario de la civilización del amor», alzó la voz en una defensa incondicional de los más débiles que ha recordado hoy: «Toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia».

En este contexto de acogida, el Pontífice ha revelado haber mantenido un emotivo encuentro privado con personas víctimas de abusos. A estas personas les pidió ayuda para testimoniar la firme determinación de la Iglesia a la hora de escucharlas y acompañar su sanación, «reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos».

Por último, y aprovechando que el viaje concluyó en la ciudad de Metz, tierra vinculada al recuerdo trágico de la Segunda Guerra Mundial y cuna de Robert Schuman, impulsor del proceso de unificación europea, el Papa ha subrayado que Europa renació de las ruinas bélicas sobre la base de la solidaridad y la fraternidad nutrida por sus raíces cristianas. Y ha dado testimonio de la firma del Llamamiento de Metz con líderes de diversas tradiciones religiosas, condensando el lema evangélico de toda la visita pastoral: «Pour que le monde ait la vie, Para que el mundo tenga vida».

Al dirigirse expresamente a los peregrinos de lengua española presentes en la plaza, el Pontífice ha pedido al Señor, «por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, que mantenga encendida en nosotros la lámpara de la fe, la esperanza y la caridad, y que seamos uno en Cristo, para que el mundo pueda creer en Él».

En el tramo final de la audiencia, León XIV ha dirigido una dramática llamada a la paz en el Cuerno de África, ante la reanudación de los combates en las regiones etíopes de Tigray, Afar y Amhara. Remarcando la inutilidad de las armas, ha condenado una vez más la violencia: «El conflicto armado nunca resuelve los problemas, sino que solo los empeora, dejando a su paso una estela de muerte, destrucción y resentimiento. Solo el compromiso honesto puede sentar las bases para una paz duradera».

Tras recordar el testimonio supremo de los tres sacerdotes mártires recientemente beatificados en Bolonia, el Papa ha cerrado la audiencia haciendo un llamamiento a todos los fieles a rezar diariamente el Rosario durante el mes de octubre, «dedicándolo en modo particular a la fin de las guerras y al logro de la paz».

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