En la Basílica de Sierra Morena, monseñor Gil Tamayo dio inicio el domingo a 14 meses de jubileo, marcado por el anuncio de una obra social destinada a la casa hogar Andrés Cristino
Ocho siglos después de la aparición de la Virgen de la Cabeza, la diócesis de Jaén ha dado comienzo formal a su Año Jubilar diocesano con la solemne apertura de la Puerta Santa de la Basílica y Real Santuario, situada en el corazón de Sierra Morena. Ante cientos de fieles, representantes de las cofradías y autoridades civiles y militares, la ceremonia religiosa celebrada el pasado domingo dio inicio a un periodo jubilar que se prolongará hasta el 8 de diciembre de 2027.
Los actos litúrgicos comenzaron con una procesión hasta el umbral del templo mariano. Tras la proclamación del Evangelio y la lectura del decreto pontificio de concesión del Año Jubilar, el arzobispo de Granada, monseñor José María Gil Tamayo, golpeó tres veces la Puerta Santa antes de proceder a su apertura. Al compás del repique de campanas, los concelebrantes y una representación de la comunidad —entre los que se encontraban religiosas, sacerdotes, una familia, miembros de Cáritas y personas migrantes— atravesaron el umbral para convertir el recinto en templo jubilar.
La solemne Eucaristía estuvo presidida por el propio Gil Tamayo, quien estuvo acompañado por el obispo de Jaén, monseñor Sebastián Chico Martínez, los obispos eméritos de la diócesis y miembros de la Orden de la Santísima Trinidad, custodios del santuario.
Durante la homilía, el arzobispo de Granada instó a los presentes a no reducir esta conmemoración a meros festejos externos y recordó la profunda trayectoria histórica de la devoción mariana en la provincia. Monseñor Gil Tamayo enfatizó la importancia de asumir la herencia recibida y subrayó que «somos una Iglesia antigua, pero no vieja». Asimismo, reivindicó la alegría de la identidad creyente proclamando que «¡somos cristianos, y a mucha honra!».
Reflexionando sobre la vida espiritual, el prelado comparó la trayectoria del cristiano con el trayecto de ascenso al cerro, pues «la vida cristiana es un camino». En su intervención, hizo un llamamiento a la conversión personal y advirtió de que «si termina el Año Jubilar y no ha pasado nada en nosotros, no sirve». A su vez, remarcó la necesidad de dar frutos de vida cristiana en la cotidianidad, recordando a la asamblea que «el Señor nos tiene una paciencia infinita» y defendiendo que «esta sociedad solo puede salvarse con un sentido mariano».
Al finalizar la celebración, el obispo de Jaén, monseñor Chico Martínez, agradeció la presencia de las autoridades y feligreses e invitó a profundizar en el significado interior del acontecimiento. En sus palabras de acción de gracias, remarcó que «hoy hemos abierto una Puerta Santa, pero lo verdaderamente importante es que abramos de par en par nuestro corazón a Cristo». Del mismo modo, deseó que este tiempo constituya «una oportunidad para volver al Señor, renovar nuestra fe y salir con más fuerza a anunciar el Evangelio».
La dimensión social del evento, así las cosas, quedó plasmada en el anuncio realizado por monseñor Chico Martínez: todos los donativos y colectas recopilados durante las celebraciones del Jubileo se destinarán a la casa hogar Andrés Cristino, de Cáritas en Andújar, dedicada al acogimiento y acompañamiento de personas mayores vulnerables. Pues, como argumentó el prelado jiennense, «un Jubileo verdadero ha de traducirse en caridad concreta».
La jornada de oración y festividad concluyó, como no podía ser de otra forma, con la impartición de la bendición apostólica con indulgencia plenaria. A partir de este hito, el Santuario de Sierra Morena se consolida como centro de peregrinación y renovación para devotos de toda la geografía diocesana durante los próximos catorce meses.






