El prior general de la Orden de San Agustín atiende a ECCLESIA sobre la llegada de su antecesor en el cargo al ministerio petrino. El martes, León XIV cumple dos meses al frente de la Iglesia católica
Prior general de la Orden de San Agustín, el padre Alejandro Moral atiende a ECCLESIA en Roma después de que Robert Francis Prevost, su antecesor en el cargo de máxima responsabilidad entre los hermanos agustinos, fuera elegido Papa. Nos comenta su relación con el Santo Padre y las implicaciones que tiene su elección para el futuro de la Orden.
—¿Cómo fue reacción al enterarse de que el elegido como nuevo papa era Robert Prevost?
—Tengo que confesar que su nombre fue ganando fuerza desde la muerte del papa Francisco. Y, ciertamente, cuando ves sus cualidades, su perfil o la edad… pues encajaba. Al verlo salir a la plaza, fue increíble. Porque una cosa es pensarlo, pero otra verlo hecho realidad.
—¿Qué supone para la Orden que un hijo de san Agustín sea Papa?
—Sin duda, va a ayudar a que la espiritualidad de san Agustín se conozca más. San Agustín tiene muchas cosas bonitas para el mundo de hoy: es un hombre actual, un hombre moderno y nos puede ayudar en temas como la comunión, la búsqueda de la verdad, la interioridad…
—Que el Pontífice sea agustino, ¿puede ayudar a que se conozca mejor a san Agustín?
—Sí, pero no para ser más sabios, sino para que nos ayude a las personas a caminar. Para que nos ayude con su mensaje y nos acerque a Dios. Como él mismo escribe: «Tarde te conocí, belleza siempre antigua y siempre nueva». Benedicto XVI me confesó una vez que había leído las Confesiones más de 30 veces, y él mismo siempre hablaba de san Agustín. Pues ahora tenemos un Papa que es hijo de san Agustín. La historia se escribe bien.
—Usted sucedió a Prevost como prior. Además, fue su vicario general, consejero, procurador para las relaciones con el Vaticano… ¿Cómo es su estilo de Gobierno?
—Es una persona tranquila, aunque cuando hay que tomar una decisión, lo hace. Y en el gobierno de la Iglesia tendrá que tomar decisiones serias. Es un hombre que trabaja mucho.
—¿Y en las distancias cortas?
—Es sincero, dice las cosas. Pero también escucha y da la oportunidad a la otra persona para que se explique. Le gusta que haya varias personas para poder abordar los diferentes temas y así dialogar sobre ellos.
—¿Cuáles son sus virtudes a nivel espiritual?
—Es un hombre profundo, de oración. Por las mañanas venía para rezar Laudes y la Eucaristía, y siempre llegaba antes para estar a solas con el Señor.
—También solía pasarse a comer por la Curia y la última vez antes de ser Papa fue el día antes de empezar el Cónclave. ¿Cómo fue esa comida?
—Fue agradable. Dialogamos y, al final de la comida, leí una cosa, creo que bonita, que le gustó. Empezaba así: «Ven, Espíritu creador, visita a nuestro hermano cardenal Roberto, que participa en el próximo cónclave, y llena de tu gracia su corazón que has creado». Se emocionó, nos dimos un abrazo, tomó el café y se marchó.
—Después de esa ocasión, ya le vio como Papa en Genazzano, la primera salida de León XIV del Vaticano, y en una Misa íntima en las grutas vaticanas…
—El domingo después de su elección, antes de la Eucaristía, nos encontramos y le dije: «Buenos días, Roberto». Y enseguida corregí y le llamé «Santidad». Uno se emociona al verlo, al estar con él. En la Eucaristía me llamaron la atención varias cosas. La primera es la respuesta a la pregunta de cómo había llegado hasta allí: «Dios». Y añadió que para caminar hay que escuchar a los demás y crear puentes. Felicitó a las madres y a un agustino que cumplía 41 años de sacerdocio.
—¿Le pudo decir algo en ese primer momento?
—Le dije que la gente estaba contenta viéndole como era. «No pierdas la naturalidad, porque es bueno para la gente», insistí. Luego le transmití que estábamos unidos y que rezaríamos por él.
—De sus primeros discursos, ¿qué es lo que más le ha resonado?
—La cuestión de que nos encontramos en una nueva revolución industrial y que ahora tenemos que dar respuesta al reto de la inteligencia artificial, para que su uso beneficie a la humanidad. Y luego, la cuestión de dejar de ser nosotros para que crezca el amor, Jesucristo, el Evangelio… También destacaría el mensaje en favor de la paz. Es triste ver cómo sufre la gente.
—Haber sido prior general le ha permitido conocer la situación de la Iglesia en lugares muy diferentes. ¿Le ayudará en el ministerio?
—Sí. Conoce toda la Iglesia, las culturas, las formas de vivir la fe, que son diferentes. He estado recientemente en Nigeria 40 días y he vivido con ellos, y viven la fe y la vida de otro modo. Y lo mismo en Asia.
—¿Cómo cree que será su pontificado?
—Espero que sea un pontificado en el que la Iglesia intente ayudar a la humanidad a tener comunión. La Iglesia tiene que caminar dando luz y dar luz es ofrecer paz, buscar la comunión, la fraternidad, iluminar el mundo en el que el egoísmo nos impide ver las cosas buenas del hombre.








