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Cuando Dios te espera en el Camino de Santiago

La experiencia de primer anuncio Alpha aterriza en la peregrinación a Compostela. «Siento que ha sido un regalo de Dios», reconoce una participante

El padre Javier García tenía la inquietud desde hacía tiempo. Él, que es delegado de Primer Anuncio en la archidiócesis de Santiago de Compostela, es testigo de cómo, después de tantos siglos de historia, uno de los caminos de peregrinación más importantes del mundo, el de Santiago, sigue acogiendo miles y miles de peregrinos de los cinco continentes. Los hay que lo eligen como un plan cultural o incluso de senderismo, para recorrer un paraje realmente bello. Pero, en prácticamente todos los casos, los que eligen peregrinar durante días —semanas o meses— para alcanzar con un abrazo al apóstol Santiago, lo hacen «muy necesitados y abiertos, sin prejuicios, con mucho deseo de hablar y compartir» señala a ECCLESIA el sacerdote.

Los caminantes, por tanto, son «destinatarios muy propicios para una experiencia evangelizadora como Alpha». Esta iniciativa es un proyecto de primer anuncio que nació en Inglaterra. Consiste en celebrar una serie de cenas en las que se propone, como ellos mismos explican, «un tema de conversación sobre la vida, la fe y su significado». Este verano, por fin, se dieron las condiciones adecuadas para poner en marcha el primer curso Alpha itinerante, acompañando varias etapas del Camino. Y fue un éxito.  

Además del trabajo conjunto de Alpha España y Alpha Portugal con la archidiócesis de Santiago, fue fundamental el impulso de varios voluntarios que se dedican a acoger peregrinos en distintas etapas del Camino portugués. Entre ellos, Alfonso y Debee Cherene, un matrimonio ya jubilado que dedica todo su tiempo a acoger peregrinos de la manera más humana posible en la Hope House y en la capilla de San Pedro, en Mouzos (Pontevedra). O Ulises y su esposa, que hacen lo propio en el albergue de Caminha, justo antes de cruzar la frontera desde Portugal a España. También ayudó mucho crecimiento de Alpha en las zonas que atraviesa esta ruta a Compostela, pues hizo posible que en cada etapa un equipo local de voluntarios se hiciese cargo de preparar la cena y el encuentro.

En cada etapa una cena

Este curso Alpha piloto tuvo la gran peculiaridad de celebrarse de manera itinerante para poder acompañar al peregrino en el camino. En total, 11 encuentros, uno por etapa desde Póvoa de Varzim hasta Santiago, que se desarrollaron del 20 al 30 de agosto a lo largo de las etapas del Camino portugués. A pesar de que se abrió una inscripción en la web, la mayoría de personas se encontraron la propuesta en los puestos de información instalados a lo largo de la ruta. Como explica el padre Javier García, «acogemos al peregrino, le damos agua, fruta… una acogida humana». «Luego le explicamos cómo van a ser los encuentros en las siguientes paradas. Añadimos que están invitados a una cena gratuita para hablar sobre el sentido de la vida y el cristianismo. Es una invitación muy explícita», continúa. 

Ulises, uno de los voluntarios, añade a ECCLESIA que en la propuesta también se incluye la conversación sobre la experiencia en el Camino y con otros peregrinos. Tras las primeras etapas, en las siguientes llegaron personas invitadas por los que habían participado ya en los encuentros. En total, tomaron parte alrededor de 30 personas por cena, aunque no siempre los mismos. Entre ellos, australianos, norteamericanos, peruanos, eslovacos, alemanes, polacos, noruegos… Así que, se habló mucho inglés, español, italiano, portugués, etc. 

El caso de María José, de nacionalidad peruana, es el de una participante que había decidido hacer el camino de Santiago sola, pero por invitación de una amiga. «Me dijo que encontraría respuestas en él —explica a ECCLESIA—. Vengo de un proceso de sanación de heridas, durante el cuál buscaba constantemente saberme amada por Dios. El segundo día, caminando, se encontró con una de las mesas de información de Alpha, «Llevaba mi mochila a cuestas y me estaba animando a mí misma, pues me faltaba muy poco para llegar al siguiente destino, cuando vi a un grupo de chicos que ofrecían agua, fruta y aperitivos. Me hablaron sobre las cenas y me dije que iría. Soy católica practicante y justo buscaba un acompañamiento espiritual en el Camino de Santiago».

Y fue una buena decisión, pues, tal y como reconoce, fue una experiencia redentora: «Siento que ha sido un regalo de Dios». Emprendió el camino buscando a Dios y se encontró con que era Dios quien la esperaba en el camino.

El final es el principio

Como todas las experiencias de primer anuncio, el final del curso Alpha es, en realidad, solo el principio de un camino de fe que se abre por delante. Por eso, indica el padre Javier García, «el último día les ofrecimos un enganche con sus Iglesias locales». «Por ejemplo, una madre y una hija italianas que empezaron el camino en Tui —la quinta etapa— nos pidieron hacer el curso completo y les hemos dado el contacto para completarlo en Italia». 

La indispensable continuidad tras el encuentro se debe vivir a través de las Iglesias particulares, que son las que pueden hacer un acompañamiento cotidiano. 

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