De la archidiócesis de Toledo, está estudiando Comunicación Institucional en la Universidad de la Santa Cruz, tarea que compagina con el trabajo en el Dicasterio para la Comunicación
Mientras los miles de periodistas —en la primera audiencia pública— se agolpaban en torno al pasillo central del Aula Pablo VI para conseguir tocar a León XIV, tomarle fotos y vídeos y entregarle algún obsequio, Álvaro Serrano Bayán, sacerdote de la archidiócesis de Toledo, estudiante de Comunicación Institucional en la Universidad de la Santa Cruz y colaborador de ECCLESIA, rezaba.
Y en oración, entre brazos levantados, gritos y teléfonos al aire, vio a León XIV dirigirse hacia él. A media voz entre el bullicio, acertó a decir: «Padre, bendiga mi sacerdocio». El Papa lo escuchó y Álvaro agachó la cabeza y sintió cómo la mano de León XIV se posaba sobre ella.
«No le he visto, tampoco le he tocado, no me he hecho una foto con él, pero tengo lo que más valor tiene: la bendición de Dios, impartida por un Papa. Recibir esa bendición confirma y fortalece en el sacerdocio, porque ha bendecido lo mejor que puede tener una persona llamada por Dios», explica en conversación con ECCLESIA tras la audiencia.
Al margen de este regalo recibido, Serrano Bayán, que es ingeniero aeronáutico y que antes de entrar en el seminario trabajó en Iberia, subraya que el encuentro con León XIV fue especial. Le vio tranquilo y seguro: «Parece que lleva como Papa mucho más tiempo». Es la seguridad, continúa, que nos da saber que «Dios está con nosotros».
Luego le ha llamado especialmente la atención la insistencia en la búsqueda de la verdad: «Tenemos que decir la verdad y ser hombres de verdad. En un mundo marcado por el relativismo, donde incluso da miedo decir la verdad, impresiona que el Papa haga este alegato. Sobre la verdad se puede avanzar. Y los comunicadores y, especialmente los católicos, tenemos la responsabilidad de ofrecer al mundo la verdad».
Los consejos del Papa
La de este lunes fue la primera audiencia pública. Con los periodistas, los miles que cubrieron la muerte de Francisco y el cónclave.
«La paz comienza con cada uno de nosotros: con la forma en que miramos a los demás, escuchamos a los demás y hablamos de los demás. En este sentido, la forma en que comunicamos es de importancia fundamental: debemos decir no a la guerra de palabras e imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra», dijo en primer término.
Otra de las ideas que dejó el discurso papal fue el de «no ceder nunca a la mediocridad». Y añadió que la Iglesia debe aceptar el desafío del tiempo, igual que debe hacer la comunicación: «No puede existir una comunicación y un periodismo fuera del tiempo y de la historia».
Finalmente, reivindicó una comunicación que superar la torre de Babel, la confusión de los lenguajes sin amor, a menudo ideológicos y partidistas. «La comunicación no es solo transmisión de información, sino creación de una cultura, de ambientes humanos y digitales que se conviertan en espacios de diálogo», apuntó.








