“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna” (Jn 3,16)
- A muchas personas les resulta difícil reconocer que Dios ama a este mundo. ¿Qué consecuencias puede comportar esa desconfianza?
- ¿En el ambiente religioso en el que nos movemos es aceptada esa afirmación de que Dios entregó a su Hijo por amor?
- ¿Se admite hoy la idea de que el ser humano puede perderse si no cree en el Hijo de Dios o se aceptan otras imágenes y medios de salvación?
- La sociedad moderna pregona el valor de la vida terrena, pero ¿no se contradice al despreciarla y suprimirla con tanta ligereza?
- En todas partes se proclama el valor de la vida temporal, pero ¿se admite la idea y el valor de la vida eterna?
- ¿Qué desafíos plantea a la pastoral y a la catequesis de la Iglesia la afirmación del amor de Dios que Jesús dirige a Nicodemo?
- ¿Trato yo de acoger el amor de Dios para no perecer y alcanzar de él la gracia de la vida eterna?







