Anders Arborelius, el cardenal que vino de la fría periferia de la secularización
Primer obispo sueco desde la Reforma protestante y primer cardenal sueco de la historia, bajo su liderazgo episcopal se ha acreditado un cierto renacer espiritual en la Iglesia escandinava
Desde las frías y secularizadas tierras de Suecia ha emergido una figura poco convencional en el muy tradicional colegio cardenalicio y que, acaso por ello, ha captado la atención como candidato a ocupar la silla de Pedro: el fraile carmelita Anders Arborelius. Su historia de conversión personal, la visión pastoral propia de su orden y su experiencia en un entorno desafiante han resultado en un perfil muy singular y aprovechable para la Iglesia católica.
A sus 75 años —es nacido el 24 de septiembre de 1949 en Estocolmo—, Arborelius tiene sin duda un origen atípico para un cardenal: de familia luterana, dio un paso tremendamente personal y complicado en su vida y vocación religiosa al convertirse al catolicismo a los 19 años. Descrita por él mismo como «un acto de fe profundo», esta conversión, lejos de quedarse ahí, le marcó el inicio de su discernimiento hacia el sacerdocio. En 1971, ingresó en la Orden de los Padres Carmelitas Descalzos en Norraby, e hizo sus votos perpetuos en Brujas, en 1977. Fue ordenado, finalmente, en Roma en 1979, donde había llevado a cabo parte de su formación religiosa —además de la cursada en Bélgica— en la Teresianum, la cual culminó con un máster en Teología en la Universidad Pontificia Gregoriana. Al mismo tiempo, estudió lenguas modernas en la universidad sueca de Lund. Aparte del sueco, habla holandés, español, inglés, italiano, francés y alemán.
De regreso a su país natal, dedicó sus primeros años al servicio pastoral en diversas parroquias, antes de asumir cargos de mayor responsabilidad. Su ascenso en la jerarquía fue más que meteórico, histórico: en 1998 fue nombrado obispo de Estocolmo por san Juan Pablo II, convirtiéndose en el primer obispo de origen sueco desde la Reforma protestante. Bajo su liderazgo episcopal, se ha acreditado un cierto renacer espiritual en la Iglesia sueca —revitalización de la vida católica, apertura de nuevas parroquias y promoción de la formación religiosa—, nación de mayoría luterana y bajo el peso de una secularización notable. Pese a todo, a Arborelius se la ha reconocido un trabajo arduo para fortalecer la presencia de la Iglesia en este entorno tan desafiante, así como para incluir y defender los valores católicos en el espacio público.
Entre 2005 y 2015 se desempeñó como presidente de la Conferencia Episcopal de Escandinavia. Nombrado consultor del Consejo Pontificio para los Laicos, en junio de 2017 fue creado y proclamado cardenal por el papa Francisco, con el Título de Santa María de los Ángeles. Sin lugar a dudas, un hito crucial en su trayectoria, siendo el primer cardenal nacido en Suecia. Esta decisión fue interpretada como un reconocimiento del Pontífice a su labor pastoral y, de manera significativa, a su trabajo en favor del diálogo ecuménico y la evangelización en un contexto de alta secularización. Esta experiencia en «la periferia» de la Iglesia universal, lidiando directamente con la certeza y condición de minoría, podría ser vista como una preparación incuestionable para liderar una Iglesia global que enfrenta desafíos similares en muchas partes del mundo.
En 2021, recibió el encargo del papa Francisco de participar en una visita apostólica en la archidiócesis de Colonia para investigar la gestión que hizo la diócesis de los casos de abusos sexuales y los posibles errores cometidos por los obispos responsables.
Más allá de su trayectoria personal, la visión pastoral y teológica del cardenal Arborelius se caracteriza por un énfasis en la misericordia y la paz, muy en consonancia con el pontificado de Francisco. Aboga, como no podía ser de otra manera, por una Iglesia cercana a las personas —especialmente a los más necesitados— y promueve la la evangelización desde una Iglesia más abierta, inclusiva y cercana a los problemas del mundo. Desde la firmeza en la tradición católica, ha destacado la importancia del diálogo y la apertura, especialmente en entornos de franca minoría.
En este sentido, las áreas donde su trabajo ha resultado particularmente relevante para el contexto universal de la Iglesia han sido el ecumenismo y el diálogo interreligioso. Así, ha trabajado intensamente en la promoción del diálogo entre la Iglesia católica y la luterana, una labor clave, dada la historia religiosa de Suecia, que ha ayudado a reducir tensiones y fomentar la cooperación. Asimismo, ha facilitado el diálogo con otras religiones, destacando especialmente su interlocución con el islam, mostrándose en todo momento como un firme defensor de la libertad religiosa. Su visión promueve una sociedad pluralista donde los distintos credos puedan convivir en armonía, una postura crucial en un mundo cada vez más diverso.
En atención a las cuestiones sociales y políticas del mundo, Arborelius nunca ha rehuido posicionarse, teniendo siempre como eje de su discurso el respeto ineludible a la dignidad humana. Ha defendido temas como los derechos de las personas migrantes, la justicia social y el respeto al medio ambiente, temas todos ellos recurrentes en el pontificado que se cierra. Por todo ello, ha logrado dar visibilidad a la Iglesia en el país y se le tiene por un interlocutor respetado en debates públicos sobre valores cristianos y sociedad. A nivel universal, su nombramiento como cardenal y el señalamiento del papa Francisco como un hombre a seguir lo erigieron como una voz importante hace años.
De estilo eminentemente pastoral, es conocido por su humildad, cercanía y capacidad de escucha. Quienes han trabajado con él destacan su autenticidad, dedicación al servicio y amor a la Iglesia. Su enfoque compasivo y comprensivo al abordar temas difíciles le ha granjeado un respeto nada fácil de conseguir en un entorno como el sueco. Por ello, en un momento en que la Iglesia busca conectar con un mundo cambiante, diverso y a menudo escéptico, el perfil de Anders Arborelius podría ser visto como una opción que refleja la universalidad y los desafíos de la Iglesia moderna. Su trayectoria y cualidades, respaldadas por su singular posición en la vanguardia de la historia como el primer cardenal sueco, lo colocan como uno de los hombres llamados a guiar a la Iglesia en este siglo XXI.








