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Así se prepara un viaje del Papa

Una visita como la de León XIV a España exige una organización meticulosa en la que intervienen muchas instancias de la Santa Sede y la Iglesia local

Los vuelos papales son uno de los símbolos más elocuentes de la misión de los sucesores de Pedro en la época contemporánea. De forma particular, en sus viajes apostólicos, el Papa aparece ante todos como mensajero de paz: sus rutas son lo que siempre deberían ser, es decir, puentes de diálogo, de encuentro, de fraternidad». Con estas palabras, el papa León XIV definió los viajes apostólicos de los Pontífices, en un reciente discurso en un encuentro con dirigentes y personal de la compañía aérea Ita Airways.

Los viajes apostólicos del Sucesor de Pedro tienen un gran significado y son una ocasión única de encuentro con los fieles de todo el mundo. Cumplen una doble función. Por un lado, son un acto pastoral, porque «confirma a los hermanos en la fe». Pero son también un acto diplomático, en cuanto que profundizan en la relación entre Estados. Todo ello conforma un evento que genera gran interés mediático a nivel global. Por lo tanto, se trata de un gran trabajo a distintos niveles en el que intervienen muchas instancias, tanto desde la Santa Sede como desde el país que es visitado. 

Para que el Papa visite un país es necesario que reciba una invitación formal por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas del lugar. La confirmación del viaje se hace pública a través de un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. El viaje se organiza en colaboración entre la Santa Sede y el país o la región de destino. 

La primera fase de preparación de un viaje apostólico le corresponde a la Secretaría de Estado (Sección de Asuntos Generales y Sección para las Relaciones con los Estados), a la Nunciatura Apostólica en el país y a la Conferencia Episcopal local, quienes se encargan de elaborar un dosier completo para el Papa, a quien le corresponde la decisión final. Después se pasa a la fase de la preorganización, que suele ser entre 6 y 12 meses antes. Este trabajo corresponde al organizador de los viajes pontificios. Desde el pasado mes de junio es monseñor José Nahúm Jairo Salas Castañeda, que es el encargado de coordinar todo: visitas de inspección, contactos con los gobiernos, seguridad, así como la definición de las ciudades y etapas del viaje. Cuando esta fase ya tiene la información necesaria, se comienza la elaboración del programa del viaje. En este momento intervienen la Secretaría de Estado, la Casa Pontificia, la Iglesia local y el Dicasterio para la Comunicación. 

El programa oficial del viaje está detallado prácticamente minuto a minuto y suele incluir encuentros con autoridades, obispos, representantes de distintas realidades —migrantes, jóvenes, personas desfavorecidas, ecumenismo, diálogo interreligioso, etc.— y al menos una celebración eucarística pública.

La comunicación

La gestión de la comunicación es otro de los aspectos fundamentales. Desde la Oficina de Prensa de la Santa Sede, se trabaja para formalizar la acreditación y visados, en caso de ser necesarios, para los periodistas que acompañarán al Pontífice en el avión papal. Además, el Dicasterio para la Comunicación asume la redacción de un folleto que entrega a los periodistas con datos imprescindibles y detallados sobre cada etapa del viaje. Este instrumento de trabajo es conocido como el «cabasario», porque su creador fue el jesuita español trabajador de Radio Vaticana, Félix Juan Cabasés.

En los viajes internacionales, el Pontífice se aloja en la nunciatura apostólica o en otro lugar vinculado con la Iglesia. Además, siempre están previstos trayectos en papamóvil, que permite que los miles de fieles que salen a las calles puedan saludar de cerca al Santo Padre. 

Asimismo, el Papa viaja acompañado por una delegación oficial, compuesta por el secretario de Estado, el sustituto para los Asuntos Generales, el secretario para las Relaciones con los Estados, el maestro de ceremonias pontificias, personal sanitario, así como cardenales y obispos que representan a la Iglesia local y organismos competentes de la Santa Sede. En el avión papal viaja también un grupo de unos 70 periodistas.

Seguridad

Otro de los aspectos importantes durante la preparación de un viaje internacional es la seguridad. El Pontífice viaja acompañado tanto de un grupo de gendarmería vaticana como de guardia suiza. Desde el inicio, ambos cuerpos están en contacto con los servicios de seguridad locales para garantizar que todo discurra correctamente, definir itinerarios protegidos, evaluar la idoneidad de los espacios litúrgicos y gestionar las multitudes.

Finalmente, un detalle que se cuida en los viajes internacionales son los regalos que el Sucesor de Pedro lleva al país que lo recibe, que suelen ser medallas del viaje o del pontificado, una estatua, cuadro o imagen, o un cáliz. Estos presentes quedarán como recuerdo en los lugares que visita. 

Fue Pablo VI quién inauguró los viajes fuera de Italia en la época contemporánea con su peregrinación a Tierra Santa durante el Concilio Vaticano II, en el año 1964. Durante su pontificado san Pablo VI realizó nueve viajes internacionales. 

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