El poemario Exégesis, que se presenta este martes, logró el XLIV Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística
La escritora catalana, Andrea Rodríguez Prat, presenta este martes, en la sede de la Fundación Fernando Rielo, en Madrid, su poemario Exégesis, ganador de la última edición del premio de Poesía Mística de esta institución y que supone una consolidación y un reconocimiento a su carrera como poeta. ECCLESIA ha hablado con la galardonada sobre esta obra inspirada en algunos pasajes de la Biblia, que han iluminado su experiencia personal.
—¿Qué supone para usted haber ganado el premio Fernando Rielo?
—Para mí significa ser reconocida como escritora en primer lugar. Aunque siempre me ha gustado escribir, cuando uno ve escrito «la escritora Andrea Rodríguez», se da cuenta de que ha pasado a otra dimensión, que es verdad, ¿no? En este sentido, para mí significa consolidar o darle visibilidad a algo que ya venía haciendo desde hacía unos años y, por supuesto, supone un privilegio. Estoy muy agradecida. Y supone también encontrar la fuerza para seguir escribiendo de una forma quizá más precisa o más sistemática, con la idea de publicar, en un futuro, otros poemarios.
—Se inspira en la Biblia, ¿qué importancia tiene este libro sagrado en su vida y en su obra?
—Tiene una importancia esencial. Yo soy una persona creyente, con fe católica y pienso que la Biblia es palabra de Dios, que en la Biblia se recoge la palabra de Dios. Para mí, la Biblia ha sido el espacio donde mis palabras y mi experiencia han resonado, y en algunos puntos o en algunos poemas o versos sí que la Biblia claramente ha sido el referente y el punto de partida. En otros ha sido más bien un hilo conductor más tangencial, podríamos decir. Y en cualquier caso, me he servido de la Biblia como libro, como estructura para ir articulando mi propia voz interior.
—En este poemario hace un viaje de «un alma que busca la luz pero se sabe en penumbra». ¿Cuánto tienen de personal los poemas de Exégesis?
—Tienen muchísimo de personal. Por un lado, hay algunos poemas que no escribí con la intención de publicarlos. Lo que pasa es que poco a poco, sí que fui viendo, sobre todo a raíz de una experiencia en Tierra Santa, que podía escribir algo relacionado con la Biblia. Entonces, a partir de ahí, fui escribiendo de forma más sistemática, utilizando la Biblia como conductor. De hecho, al principio pensé que podría ser un poemario sobre los salmos, luego ya fue teniendo otra forma, pero sí que para mí la poesía o mejor dicho el lenguaje poético es un lenguaje natural que me nace de una forma bastante espontánea y creo que a través de muchos de estos poemas he intentado volcar o traducir ciertas experiencias interiores.
No sabría decir en qué porcentaje es personal y en qué porcentaje no lo es. En cualquier caso, me identifico plenamente con todo lo que se dice en Exégesis y y desde luego, tiene muchísimo de personal.
—Dice que mediante la poesía ha hecho experiencia de salvación. ¿Puedes explicar esto un poco más?
—Por un lado, me parece que el lenguaje poético tiene una fuerza catártica, muy poderosa y pienso mucho en esto que también he ido diciendo de encontrar palabras verdaderas, de sujetarte en palabras que te sostengan, que te den fuerza y esta es mi experiencia constante, cómo una palabra a veces te puede abrir un horizonte, cómo una palabra a veces puede ser luz, y creo que para las personas que nos gusta la poesía, muchas veces es así, que un poema realmente te puede salvar porque traduce de forma muy bella experiencias muy profundas que quizá tú mismo no acabas de comprender. En este sentido, la metáfora sirve como el quicio de una puerta que, a veces, te ayuda a traspasar lo que tú misma quizá no eres capaz de comprender, y en ese sentido, sí que pienso que el ser capaz de conectar poéticamente la propia experiencia a través de palabras es algo que te puede ayudar a dar sentido al sufrimiento, a salir de a conectar con un horizonte de sentido que, a veces es difícil de expresar con un lenguaje ordinario.
—Escribió el primer poema hace 18 años, ¿cómo le ha acompañado la poesía en su camino de fe?
—Quizá lo primero que diría es que la Biblia indudablemente es poética y no solo la Biblia, también la liturgia es poética. Uno coge el Misal, la antífona de entrada, la colecta, los prefacios, en fin, la liturgia o incluso la liturgia de las horas y se da cuenta de que el Espíritu Santo muchas veces es poeta. Y habla a través de ese lenguaje. Quizá me saldría más bien decir que para mí la primera experiencia ha sido la de vivir ese impacto de la poesía a través de la Biblia, a través de la liturgia. Y en un segundo lugar, fruto de esa escucha, en mí ha surgido la palabra poética y en este caso el poemario Exégesis. En este sentido, sí que diría que lo que he ido escribiendo, lo he hecho de una forma más intuitiva o he buscado quizá un poco más la forma. Pero en cualquier caso, siempre ha sido una traducción de una experiencia interior y esa experiencia en muchos casos, por no decir en todos, ha sido una experiencia de fe, una experiencia de trascendencia o una experiencia que conectaba con una búsqueda de luz o una búsqueda, como decía antes, de una tabla de salvación.
—¿Por qué dice que todo es mística?
—Porque me resulta muy difícil no ver a Dios en todo, no porque yo tenga la capacidad de ver a Dios en todo, sino porque me parece que igual que cuando quieres mucho a alguien, la presencia de esa persona permanece en tu corazón, creo que Dios está en el alma de las personas y creo que todo es mística porque todo es susceptible de ser encuentro con Dios. Entonces, en este sentido, para mí es tan místico estar escribiendo o estar leyendo poesía mística como estar leyendo a Federico García Lorca o estar leyendo a Eliot, aunque sean poetas de tradiciones tan distintas. Por supuesto, Salinas es un poeta con el que podríamos decir que es fácil estar. Pero más allá de la mística, me parece que cualquier experiencia puede ser oportunidad para tener esa relación profunda con Dios.








