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Antonio Allende posa como rector de Comillas

Antonio Allende, rector de Comillas: «El apostolado en la universidad se hace a través del conocimiento, del diálogo con la cultura y de la investigación»


Con una amplia experiencia en la dirección de instituciones, llega a la universidad para «repensar su propia organización y gobernanza»

Antonio Allende, SJ se convirtió hace unas semanas en rector de la Universidad Pontificia Comillas. Un encargo que llega tras asumir responsabilidades de gestión en diferentes ámbitos en la Compañía de Jesús. Esta experiencia la pondrá ahora al servicio de la universidad, en un momento propicio para establecer sinergias con otros centros jesuitas. Pocos días después de tomar posesión, abrió las puertas de su despacho a ECCLESIA.

Antes de rector de universidad, fue director de colegio…
Soy profesor. Es lo que me gusta, para lo que me preparé. Soy doctor en Filología, pero mi especialidad es muy difícil de poner en práctica: lingüística teórica. Mi primer amor intelectual fue la lingüística computacional, cuyos estudios dieron lugar a la inteligencia artificial. Pero luego me enviaron a La Coruña y allí empecé a dar clase.

¿Qué fue primero: ser profesor o jesuita?
Estudié dos años Derecho antes de entrar en la Compañía de Jesús. Luego, al preguntarme qué quería estudiar, me decanté por el inglés y, dentro de esto, la lingüística. Cuando me enviaron a dar clases, descubrí la vocación de profesor. Impartía literatura para ganarme la vida, pues el provincial de aquel momento nos había encargado otro proyecto.

¿Cómo encaja el encargo de regir una universidad en este itinerario personal?
Siempre he estado en la dirección de instituciones dentro de la Compañía de Jesús. Empecé en algunas pequeñas, como el Centro Fonseca, en La Coruña. Siempre con la intención, o por lo menos era lo que percibía del encargo, de centrarlas en la misión o unirlas cuando había obras que hacían lo mismo. Luego dirigí las editoriales y los colegios en toda España, y ahora la Universidad Pontificia Comillas. Llego aquí, porque, en estos tiempos cambiantes, la Compañía pensó que a la universidad le vendría bien repensar su propia organización y gobernanza y cómo trabajamos con otras universidades. Tenemos 14 centros universitarios jesuitas en España. No han buscado tanto una persona de perfil académico, sino una persona con experiencia en gobernanza. Es lo que aporto.

En su toma de posesión, el prepósito general de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, dijo que la universidad era «un verdadero apostolado». ¿Cómo debe ser?
Creo que esta universidad y todas las universidades de los jesuitas han ido ganando en identidad y en saber en qué consiste este apostolado. La clave está en saber que el apostolado que hace una universidad es universitario y, por tanto, distinto al que podemos esperar de una parroquia, de un centro de espiritualidad o de un colegio. Decía el padre Peter Hans Kolvenbach que el sustantivo es universidad y el adjetivo es católica o jesuita, pero el sustantivo es ser universidad. Por lo tanto, hay que hacer apostolado con los medios que da una universidad. Se hace a través del conocimiento, de la investigación y del diálogo con la cultura. Es cierto que también está lo que tradicionalmente llamamos pastoral —el cuidado de la fe de los que vienen y, en muchas ocasiones, el anuncio de la fe—, pero es solo una parte. 

Esto nos lleva a hablar de la identidad. ¿Cómo se pone de manifiesto esta identidad en un contexto donde la propuesta católica va a contracorriente?
La identidad hay que considerarla en el conjunto de lo que hace la universidad. Tener un Instituto de Migraciones o un Instituto de la Familia forma parte de la identidad, lo mismo que haya ingenieros que estén estudiando las energías limpias. Identidad es cómo nos tratamos entre nosotros, cómo sirves a las instituciones que están a tu alrededor o a las ONG a las que ayudas. Hay un movimiento curioso hoy en día, sobre todo en Estados Unidos. Las universidades que nacieron como instituciones religiosas, pero que luego perdieron su identidad religiosa, están volviendo a reivindicarla como parte específica de su aportación a la sociedad. Me parece que hay un camino que podemos y debemos recuperar como institución con una auténtica identidad católica.

Es una universidad católica, pero no solo para católicos, ¿no?
Uno de los mandatos del Vaticano II, pero también de la Compañía, es la reconciliación entre todas las personas, religiones e ideologías. Esto se puede hacer de varias maneras. Puedes hablar con los de fuera o tener un diálogo interno sobre lo que ocurre. Pero para que haya diálogo tienes que creer que las otras personas pueden tener razón y que son dignas de tener una opinión. Nos gusta ser una universidad abierta.

¿Cómo encajan las preferencias universales de la Compañía —el camino hacia Dios, los excluidos, los jóvenes y la casa común— en la universidad?
Marcan el foco de la misión. Por tanto, cuando nos preguntamos por la misión de la universidad, uno de los elementos es responder o cómo situarse respecto a lo que la Compañía quiere que sea. La primera tiene que ver con el apostolado de los ejercicios espirituales. Contamos con el Instituto de Espiritualidad y la Facultad de Teología, que investigan sobre los ejercicios espirituales y la oración. Pero también tenemos la práctica de los Ejercicios que se ofrecen a alumnos y profesores. Sobre la segunda preferencia, los excluidos, muchos de los institutos de la universidad se dedican a dar voz, hacer investigación, cuidar y publicar sobre algunas cuestiones que están afectando a los más pobres. También ofrecemos voluntariado y ayudamos a nuestros jóvenes a crear un futuro esperanzador, pues este dependerá de las decisiones que tomen. Y, por último, el cambio climático, que lo abordamos con investigación y acción. Cuando la Compañía de Jesús nos pida cuentas, tendremos que decir las cosas que hemos hecho respecto a estas cuatro preferencias.

La última. ¿Qué papel tienen los estudios eclesiásticos en esta universidad?
Es una institución católica. Y, dentro de la pluralidad de la Iglesia, presentamos nuestra propia forma de entender y proponer la fe. La Facultad de Teología tiene que hacer valer su metodología y hacerse valer como ciencia para dialogar con otras. Estar en una universidad le obliga a validarse con otros métodos y estudios. Pero también obliga a otras facultades a pensar cuáles son sus fines y límites. La ciencia tiene una palabra que decir sobre muchas cosas, pero hay otras sobre las que no puede decir nada. Y la teología puede decir cosas sobre la fe o el sentido de la vida, pero hay otras a las que llega con un cierto límite. 

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