El presidente de la Conferencia Episcopal escribe una carta pidiendo llevar la fe más allá de los templos, aplicar a los desafíos sociales, especialmente a la cuestión de la vivienda
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, ha escrito una nueva carta pastoral —para la quincena que va del 1 al 15 de julio—, en la que exhorta a los fieles católicos a llevar su fe más allá de los templos, aplicándola concretamente a los desafíos sociales, y muy especialmente al problema de la vivienda.
El escrito subraya asimismo que la procesión del Corpus Christi, única en el año litúrgico, nos ensaña a los propios católicos la manera como la Eucaristía ha de salir a las calles, en tanto somos nosotros quienes formamos el Cuerpo de Cristo en el mundo. De esta manera, Argüello señala que «es el amor concreto de Jesús, es su Cuerpo entregado el que ha de acompañar nuestra vida ordinaria en los diversos asuntos que se nos plantean».
En este contexto, monseñor Argüello señala que la problemática de la vivienda ha surgido con fuerza en diversos encuentros mantenidos en Valladolid, donde las familias están encontrando graves dificultades para acceder a una vivienda digna o para sufragar hipotecas o alquileres. Y, si bien ha reconocido las dimensiones económicas y políticas del problema, como la regulación del suelo, la construcción o los impuestos, el arzobispo ha planteado una cuestión adicional para los católicos, particularmente aquellos con más de una vivienda.
El presidente de la Conferencia Episcopal Española critica en su carta lo que ha denominado una «doble vida», situación que se presenta cuando los católicos separan las reglas de la Iglesia de las reglas de la calle, es decir, los asuntos económicos de los sociales. En su argumentación, Argüello cita al papa Francisco en Dilexit nos y a san Juan Pablo II para describir esta conducta como «alienación social». «Una cosa son los asuntos de la Iglesia, lo que vivimos en el templo, en la liturgia, que tiene sus reglas del juego (…) y otra cosa son los asuntos de la calle, la vida económica… Ambas reglas son completamente distintas y no hay que preocuparse demasiado por ello. Eso constituye una aceptación de una suerte de doble vida», asegura.
En contraposición a esta «doble vida», el arzobispo propone una visión unificada de la existencia, inspirada en la Eucaristía, que invita a la «comunión de vida y a la comunión de bienes y también a una comunión de acción en medio del mundo». De este modo, ha querido interpelar directamente a los propietarios, preguntando: «¿No deberíamos los católicos plantearnos cuál ha de ser nuestro criterio al poner en el mercado o no una vivienda que, quizás, tengamos cerrada?».
Además, ha sugerido la posibilidad de aceptar «un nivel de renta menor, que suponga una justa retribución a un dinero invertido, pero que no se someta a las reglas coyunturales de un mercado», con el fin de facilitar una vida digna a otros. E insiste en que la «catolicidad supone poner en relación unas cosas y otras», conectando la vida del templo con las decisiones en la calle, las referidas al consumo y la producción. Y afirma sin dudarlo: «Sí, la Eucaristía está relacionada con todo aquello que ocurre a nuestro alrededor».
Finalmente, el presidente de la Conferencia Episcopal concluye que «comulgar nos sitúa también a nosotros, a todos, en un horizonte de comunión de vida, de comunión de bienes y de comunión de misión». Y recuerda que, aunque los problemas tengan una dimensión económica y política más allá de la acción individual, los católicos tienen la responsabilidad de actuar de forma directa, por ejemplo, en el arrendamiento de viviendas, y de forma indirecta, a través de su acción política y reflexión moral. Este enfoque busca proclamar en todos los aspectos de la existencia que «es la hora del amor».








