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Argüello invita a respetar la naturaleza, pero no a idolatrarla: «Solo Dios es Dios»

El presidente de la Conferencia Episcopal Española ha presidido la Eucaristía en el inicio de curso académico en la Universidad Pontificia Comillas

Son muchos los mensajes que el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, ha transmitido este miércoles durante su homilía en la Eucaristía de inicio del nuevo curso académico en la Universidad Pontificia Comillas. El papel del Espíritu Santo, que se invocó especialmente en la celebración, como motor de la vida y la vocación; la realidad humano-divina de cada uno de nosotros; el diálogo entre naturaleza y gracia; la necesidad de ponernos en relación; la transformación del mundo o de la aportación de la Iglesia en este momento de la historia.

Argüello ha comenzado subrayando que el Espíritu Santo nos ayuda a responder a la pregunta sobre qué nos mueve cada mañana, a saber quiénes somos, qué queremos hacer con nuestra vida, cuál es nuestra vocación y al servicio de qué queremos poner la formación y la investigación.

Es el Espíritu Santo, ha continuado el arzobispo, el que nos ayuda en nuestra debilidad y a caer en la cuenta de que somos asombrosos. «Somos humano-divinos en esta época de inteligencia artificial y poshumanismo». Una condición que tiene un riesgo, la división y que puede provocar que el hombre se crea Dios y busque «el reconocimiento que nos adore» e idolatre lo que está en nuestras manos y posibilidades».

Es la gracia la que puede ayudar a trasformar la mirada —la del investigador, la del alumno…— para «tratar de penetrar en los secretos y en los misterios de la realidad de la naturaleza». En este sentido, ha dicho que lo primero que hay que hacer es respetar la naturaleza, empezando por la propia corporalidad, nuestra naturaleza sexual. Así, ha denunciado que el tiempo moderno, «de iluminismo y de ideología», ha pensado que podía hacer lo que quisiese con ell «y hoy empezamos a lamentarnos de sus consecuencias». Pero también ha dicho: «Un respeto idolatrado de la naturaleza tampoco tiene sentido, porque solo Dios es Dios».

Volviendo a la gracia, al don del Espíritu Santo, el presidente de la CEE ha reiterado que es esta la que no asiste para «edificar la ciudad de los hombres construyendo la ciudad de Dios, viviendo nuestra realidad de ser una institución eclesial, una institución católica que, más allá de responder a un título y a una identificación institucional, lleva consigo la catolicidad del corazón y de la mente, la puesta en relación de unos asuntos con otros».

Y ha recordado que «verdad y caridad no solo son compatibles, sino que son inseparables», que la dignidad de cada persona y del bien común no solamente han de ser negociables en las diversas propuestas ideológicas que están en el mercado, sino que son inseparables de los asuntos de los hechos y de las causas».

Finalmente, ha señalado que la catolicidad «habla de la capacidad de poner en relación, de no dejarnos atrapar un segmento de lo que vemos, de lo que pasa, menos aún por un titular de prensa». «La catolicidad habla de ensanchar la mirada y el corazón para, así, construyendo la ciudad de Dios, hacer una aportación en un nuevo coloquio en esta hora de las historia de las relaciones entre Iglesia y sociedad», ha concluido.

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