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Argüello

La Agenda 2033 que Luis Argüello propone para la Iglesia en Valladolid

En una carta pastoral tras la clausura del Año Jubilar del Sagrado Corazón de Jesús, señala las prioridades para la próxima década, con la vista puesta en el Año Santo de la Redención y 300 aniversario de la revelación del Corazón de Jesús al beato Bernardo Francisco de Hoyos

La puerta del costado sigue abierta. Con este sugerente título, el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, recuerda en una carta pastoral que, aunque el Año Jubilar del Sagrado Corazón de Jesús ya está clausurado, el acceso a la misericordia de Dios no se ha cerrado. De hecho, lejos de ser un año con principio y fin, el jubileo es un comienzo, «con una mirada a diez años vista», para unirse al Año Santo de la Encarnación en 2025 y el Año Santo de la Redención en 2033 —se celebran los 2000 años de la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo—.

De hecho, la propuesta de Argüello, que él mismo ha bautizado como Agenda 2033, es seguir transmitiendo el amor de Cristo. «Por eso, la puerta del costado sigue abierta y la Iglesia, como María, sigue acercando la copa a esta puerta abierta, manantial incesante de gracia, para acoger el tesoro escondido del amor misericordioso».

Un amor, continúa, que llega a nuestras vidas a través del Bautismo, la Eucaristía, la Confirmación y también el sacramento de la Penitencia. Y, por este motivo, una de las prioridades de la agenda del arzobispo es la renovación de la iniciación cristiana: «Queremos en estos próximos años ser capaces de hacer llegar a cuantos más corazones la alegría de la misericordia».

Otra de las claves es la comunión: «Como Iglesia diocesana, queremos ser fuente de comunión. Comunión que se organiza en los consejos pastorales parroquiales, comunión que se concreta en la propuesta de la vida comunitaria en nuestras parroquias, en asociaciones, en movimientos, en lo que se propone desde las congregaciones religiosas». Esta apuesta por la comunión es, al mismo tiempo, apuesta por el Sínodo que la Iglesia está celebrando.

Vivir la vida como vocación es otra de las cuestiones importantes —no en vano, el año que viene se celebra un congreso a nivel nacional—. «La puerta sigue abierta y por eso queremos salir a la misión en diversos ministerios eclesiales. Cada una de las realidades eclesiales y cada persona tiene una razón de ser vocacional. En la Iglesia, discípulos misioneros, queremos anunciar la misericordia y atraer a la puerta abierta del costado de Cristo a otras personas para que encuentren también la alegría de la misericordia», añade.

Otra de las tareas es la conversión pastoral, «para ser una Iglesia que vive en comunión misionera». Así, recalca que «la comunión y la misión de la Iglesia solo surgen del Corazón de Cristo, solo brotan del encuentro vivo con él y se mantienen en medio de las dificultades».

«Hemos experimentado que verdaderamente el Corazón de Jesús reina en nuestros corazones, y porque reina en nuestros corazones, lo confesamos en nuestro interior y queremos también confesarlo en la plaza pública para anunciar el reinado del Corazón de Cristo. El testimonio hará que surjan pequeños indicadores, brotes de este reinado en nuestras diversas formas de estar en la vida social, en la vida pública, en la vida económica, en las propuestas concretas que seamos capaces de encarnar eclesialmente, que hagan visible este reinado», concluye.

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