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Francisco Cerro, ante la tragedia en Urda: «Hemos encontrado un deseo de vivir estos momentos de dolor desde Dios»

El arzobispo de Toledo habla con ECCLESIA sobre el accidente de tren. Tanto él como los sacerdotes de la diócesis han estado muy cerca de las víctimas y sus familiares

El arzobispo de Toledo, Francisco Cerro, no ha parado de atender a las víctimas desde que se produjo el trágico accidente ferroviario en Urda. La misma mañana del siniestro ya estaba en la zona cero, donde perdieron la vida al menos 69 personas. Allí mismo rezó un responso para pedir el eterno descanso para todas ellas. Con toda la Iglesia diocesana, se ha volcado para ofrecer ayuda material y espiritual a las familias de las víctimas y a los heridos, que viven un gran momento de dolor. Presidirá este sábado un Eucaristía funeral organizada por las parroquias de Urda y Los Yébenes en el templo parroquial de Urda y con la imagen del Santísimo Cristo. Le acompañará el obispo auxiliar, Francisco César García Magán.

—¿Cómo se enteró de la tragedia?
—Estaba desayunando, cuando me empezaron a llegar noticias. Enseguida llamé al párroco de Urda y le pedí que estuviera muy atento, porque la cosa parecía grave. Tanto el de Urda como el de Los Yébenes se hicieron presentes rápidamente en la zona. Yo también me trasladé hasta allí. Fue conmovedor ver la situación que había en la zona cero. Hicimos un responso por el eterno descanso de todos los fallecidos que yacían allí, y estuvimos un rato largo con la gente que se encontraba en la zona. El ambiente era de muchísimo dolor, pero también de solidaridad y cercanía.

—Usted llegó hasta donde estaban los trenes, hasta la zona cero…
—Sí. Queríamos estar muy cerca de todos. Luego fui a visitar el pabellón de Urda, donde había heridos, y estuve también con los familiares. Las escenas fueron conmovedoras. Hemos abierto toda la Iglesia diocesana de Toledo para ayudar. En la Casa de Ejercicios está el centro de atención a familiares. Allí han podido comer y alojarse. Este jueves pasé prácticamente todo el día en este lugar. También pude visitar el hospital, y en él, la UCI, donde están los heridos más graves. Está siendo una experiencia de mucho dolor, pero con la fe también aparece la esperanza.

—¿Cómo valora la labor que han hecho los sacerdotes?
—Han estado disponibles a todas horas, noche y día. Ahora, en la Casa de Ejercicios, hay un grupo numeroso para atender también a las familias en sus necesidades. Este jueves tuvimos una Eucaristía y muchos de ellos estuvieron presentes. Hemos encontrado un deseo de vivir estos momentos de dolor desde Dios y desde la fe, porque digerir esto no es fácil. Es muy difícil. Con Dios hay cosas que, a veces, no se entienden, pero sin Dios no se entiende nada. Este es el misterio en el que estamos envueltos y ahí la Iglesia de Toledo quiere estar cercana a todos, atendiendo a todos.

—¿Hay algún encuentro que le haya conmovido especialmente estos días?
—Yo aprendí de Jesús a acercarme al mundo del dolor y del sufrimiento casi de puntillas, con mucho respeto, escuchando, acogiendo, dando siempre una palabra de esperanza y de fe. Lo hacemos con un abrazo, con afecto, con un tiempo de escucha. Yo me he sentado a su lado y les he estado escuchando, hablando. Nuestro tesoro más grande es Jesucristo y es lo que tenemos que dar. Es lo que necesita nuestro mundo. Hemos intentado estar ahí, hacer todo lo posible para paliar el sufrimiento y ayudar. Muchos han pedido confesarse, la unción de los enfermos… Tenemos que estar y dar a conocer el tesoro de Jesucristo, que en este momento es el único consuelo.

—¿Cómo acompañar todo este dolor desde la fe?
—Este momento se vive de forma diferente cuando descubrimos que el Señor nos acompaña en el dolor y en el sufrimiento, en la cruz. No nos dice que no tendremos sufrimiento, problemas ni enfermedades; eso no nos lo promete. Pero sí nos ha prometido que nos acompañará en el dolor y que estará siempre en nuestro lado. Y eso es lo que tenemos que vivir ahora. Muchos familiares están viviendo muy angustiados y, por eso, pedimos que se les informe cuanto antes. Aun así, he descubierto mucha entereza en medio del dolor y, sobre todo, un testimonio de amor hacia sus seres queridos.

—¿Se han encontrado testimonios de fe?
—Muchos. Lo primero que tengo que decir es que no he visto ningún rechazo.

—¿Hay alguna de las numerosas muestras de condolencia que le haya conmovido?
—Han llamado los obispos españoles, pero también del extranjero. Nos hemos sentido acompañados en medio del dolor. Lo que tenemos que hacer ahora es vivir la esperanza cristiana, saber que tenemos que estar al servicio de cada ser humano, poner a la persona en el centro y mirarla con ojos de fe y de esperanza.

—El Papa ha escrito un telegrama. ¿Han tenido algún contacto más con la Santa Sede?
—Sí, a través del nuncio y de muchos sacerdotes de Toledo que están allí. Me consta que el Papa está muy conmovido y que el envío del telegrama lo ha pedido él expresamente, con la mediación de la Nunciatura.

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