La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprueba la creación de este nuevo órgano, cuyo secretario general será Carlos Esteban Garcés. Tendrán representación todos los ámbitos educativos en los que hay presencia eclesial
Siguiendo la estela y el camino realizado en el Congreso La Iglesia en la Educación. Presencia y Compromiso, celebrado en febrero de 2024, aunque con un largo camino de preparación previa, los obispos españoles, reunidos en Asamblea Plenaria esta semana, han dado luz verde a la creación del Consejo General de la Iglesia en la Educación. Se trata un órgano que servirá para abordar de manera conjunta los grandes desafíos que las entidades educativas católicas afrontan en este tiempo. Retos que, según ha explicado el presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, Alfonso Carrasco Rouco, en un encuentro informativo, tienen que ver con los cambios sociales, la demografía, las leyes o la presencia pública.
¿Quiénes forman parte del Consejo?
Como en el ya citado congreso, este nuevo órgano contará con representantes de los diversos ámbitos educativos en los que la Iglesia está presente: centros de ideario cristiano, profesorado de Religión, profesorado cristiano, educación especial, universidades, colegios mayores y residencias, educación no formal y tiempo libre, y parroquia, familia y escuela.
De ella formarán parte el obispo presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, Alfonso Carrasco, así como los obispos que forman parte de ella y también su director, Antonio Roura. También habrá representación de otras comisiones episcopales con vínculos con la actividad educativa o personas cuya competencia profesional y compromiso puedan ayudar al análisis y la mejora de la pastoral educativa.
Estructura del Consejo
Para llevar a cabo esté trabajo, el Consejo General de la Iglesia en la Educación contará, además de con un presidente y un vicepresidente, con un secretario general, que será Carlos Esteban y que se encargará del día a día de este organismo.
En cualquier caso, los órganos principales son los colegiados. El Pleno, con representación de todos los ámbitos, y que se reunirá dos veces al año, y el Seminario Permanente, más reducido, y que garantizará el seguimiento de los asuntos.
Además, habrá una unidad de estudios u análisis, que funcionará a modo de observatorio de la realidad educativa y escolar, para analizar con rigor los diversos temas: «Tendrá como objetivo fundamental ofrecer al Consejo y a la Comisión para la Educación y Cultura, acciones de estudio, investigación, formación y evaluación, que permitan profundizar en recomendaciones, basadas en evidencias, a propósito de los desafíos relacionados con la educación católica en España».
«Queríamos que la experiencia del Congreso La Iglesia en la Educación continuase en un espacio de encuentro donde ganamos conciencia, conversamos, pero también identificamos desafíos y buscamos respuestas o intercambiamos recursos. Es un ámbito de trabajo que no queríamos perder», explica Carrasco Rouco.
Oportunidades del Consejo
En este sentido, el Consejo de la Iglesia en la Educación servirá para el encuentro y la coordinación de todos los actores eclesiales en materia educativa, pero también para compartir iniciativas y claves de formación. Además, llevará a un nivel superior la presencia y el compromiso de la Iglesia en este campo tan decisivo y será un foro para la reflexión en torno a los retos del presente y del futuro.
«La experiencia del Congreso está detrás de esta propuesta para seguir trabajando de forma conjunta. Allí nos dimos cuenta de que éramos más de lo que pensábamos y que nos conocíamos menos de lo que pensábamos. Fue una experiencia reconfortante. Creo que los obispos hacen bien en procurar un espacio de encuentro, de camino conjunto, donde nos podamos conocer, pero también intercambiar experiencias, analizar y diagnosticar situaciones e identificar los desafíos para, desde la antropología cristiana, contribuir al bien común», ha afirmado durante el encuentro con periodistas Carlos Esteban Garcés.
El Consejo no es un órgano de gobierno ni es vinculante, como ha explicado el secretario general, pero sí «una oportunidad de trabajo compartido». «Queremos compartir lo que ese está haciendo bien. Y eso nos hace sentir que somos más y que hacemos las cosas mejor que cuando vamos solos», ha apostillado.
«La tarea solo se puede hacer bien desde la participación, la escucha y la implicación de todos», ha señalado Antonio Roura, director de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura. En el fondo, se trata de asumir la responsabilidad compartida en la misión de la Iglesia en la educación.








