¡Bendita tú entre las mujeres! Hoy quiero hacer este encuentro contigo, María. Te veo tan humana y a la vez tan divina… Bien joven llevas a Jesús en tu seno y me emociona verte… cómo es la primera procesión que se hace llevando al Señor en medio y a través de la humanidad. Me gusta observar ese abrazo de estas dos mujeres que termina en este himno que yo te lo digo desde mi pobreza y desde mi interior con gozo, con cariño, con alegría: “¡Bendita tú entre todas las mujeres!”.
Te contemplo cómo irías sola por esos caminos, pero con esa fuerza interior. Y subes con prisa. Quieres ayudar a tu prima Isabel y la quieres ayudar porque comprendes que es una mujer anciana que necesita ayuda, pero también le quieres llevar la alegría que llevas dentro. Sí, llevas al Salvador y quieres decírselo y quieres comunicárselo. Me gusta contemplar esta escena, me gusta contemplar este cuadro, esta escena tan maravillosa: el abrazo de dos mujeres. “¡Bendita tú entre todas las mujeres!”.







