Ya sabemos lo que dicen los mandamientos. Sabemos que nos mandan no matar, no cometer adulterio, no robar, no declarar en falso, no cometer fraude y honrar al padre y la madre. Si todos cumpliésemos estos preceptos nuestra sociedad sin duda mejoraría notablemente, porque desaparecerían los crímenes, los robos, los fraudes y la mentira, y ya eso sería de por sí una gran conquista. Pero si Jesús nos pide una ética de máximos, nosotros no llegamos a cumplir unos mínimos. Ya ni nos pasa por la cabeza la segunda parte de lo que este domingo nos propone Jesús como plan de vida: dejarlo todo y seguirle.
Pero la historia de la Iglesia está llena de ejemplos de hombres y mujeres que, cumpliendo los mandamientos, han sido capaces de dejarlo todo y seguir a Cristo. Y en este seguimiento muchos de ellos han dejado su vida. No son personajes distintos a nosotros. Son simplemente gente consecuente con lo que cree y gente que sabe ciertamente que a Cristo vale la pena seguirle, y que para seguirle vale la pena dejarlo todo.
Es verdad también que la Iglesia está formada por hombres y mujeres imperfectas, que a menudo no damos la talla e incluso dañamos a la Iglesia con nuestras acciones, alejándola de lo que Cristo quisiera para ella. Como decía el papa Francisco en su reciente viaje a Bélgica: «En esta permanente coexistencia entre santidad y pecado, entre luces y sombras, vive la Iglesia, con resultados de gran generosidad y espléndida dedicación, ya veces, lamentablemente, con la irrupción de dolorosos antitestimonios. Pienso en los dramáticos casos de abusos de menores, un flagelo que la Iglesia está afrontando con decisión y firmeza, escuchando y acompañando a las personas heridas e implementando un amplio programa de prevención en todo el mundo» (Laeken, 27 de septiembre de 2024 ).
Escoger entre hacer el bien o provocar el mal está en nuestras manos. Dios nos ha hecho libres para decidir y para obrar, pero esto no es excusa para obrar mal, porque todos sabemos exactamente cuáles son los mandamientos y qué significa seguirlos y cumplir las enseñanzas de Cristo.
En estos días en que está reunida la Asamblea Sinodal que trata sobre la sinodalidad dentro de la Iglesia, es bueno que hagamos un esfuerzo e intensifiquemos nuestra oración por la Iglesia de Cristo, de modo que la labor de quienes la formamos es acerque cada día más al bien y se aleje del mal, cumpliendo así lo que el buen maestro nos pide obrar. Éste es el camino para que en el mundo futuro obtengamos la vida eterna.







