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Caminar en una vida nueva (Rm 6, 4)

Queridos hermanos:

En la cuaresma nos preparamos para celebrar la Pascua del Señor. Hacemos un esfuerzo por situarnos antes de su pasión para acompañarlo en el camino de la cruz, compartiendo sus mismos sentimientos. Nuestras penitencias cuaresmales, nuestras celebraciones, procesiones y viacrucis nos ayudan a trasladarnos a aquellos días afligidos para el Señor y su Madre. Sin embargo, no podemos olvidar que nosotros celebramos la pasión después de la pascua, teniendo ya la fe cierta en la resurrección.

En este sentido, me ha llamado poderosamente la atención una reflexión de San Agustín a propósito de los peregrinos que subían a Jerusalén para celebrar la pascua judía en el Templo (Sal 120: “Levanto mis ojos a los montes”; cf. también Carta 55), como hizo el mismo Jesús en sus últimos días. Dice san Agustín que los cristianos solemos identificar “pascua” con “pasión” pero no es así, ni lo fue para el mismo Jesús. El origen de la palabra “pascua” es hebreo y significa “paso”, “tránsito”. Los judíos celebraban en la pascua el paso del Mar Rojo, el tránsito de la esclavitud de Egipto a la libertad en la Tierra prometida. Igualmente, nosotros los cristianos, más que para celebrar la pasión, nos preparamos cada cuaresma para celebrar el “paso” de la muerte a la vida de Nuestro Señor Jesucristo, el “tránsito” de este mundo al Padre.

La fe cristiana no consiste en “creer” que Jesús murió en su pasión. Eso también lo vieron los romanos gentiles, los judíos y todo el pueblo que lo abucheaba… y no creyeron en Él. Lo que sus discípulos “creyeron” en aquellos días santos fue que Cristo resucitó al tercer día: pasó de la muerte a la vida y se convirtió en Camino de salvación para todos, de modo que también nosotros podamos seguir sus “pasos”. La Escritura dice: “Si crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rom 10, 9); no dice: “Si crees que murió”, sino “si crees que resucitó”.

Me parece muy oportuna esta reflexión para que celebremos la cuaresma con alegría y con esperanza, como anuncio de la Buena Noticia del Evangelio. Los seguidores de Jesús creemos que el camino de la cruz no acaba en la muerte, sino que lleva a la vida, a esa Vida plena que no tiene fin. Esta es la fe que nos hacer ir detrás de los “pasos” de Cristo sufriente: todos ellos son “pasos pascuales” porque conducen a la resurrección.

Cada uno de nosotros soporta sus cruces, enfermedades, dolencias, problemas personales, familiares, laborares… El mundo en que vivimos sufre el flagelo de las guerras, la migración, la trata de personas, los abusos y maltratos, la discriminación… Necesitamos la fe para confesar que todo eso no es el final de camino, que no todo acaba ahí, que Dios es nuestro defensor y no abandona a sus fieles en el abismo del pecado y de la muerte.

Para quien cree en la resurrección, seguir a Jesús con la cruz a cuestas es caminar en vida nueva, con la esperanza cierta de que la muerte no es el final, con confianza en Dios en todas las circunstancias de la vida, con alegría y con valentía para construir un mundo mejor.

Que participemos con este espíritu y con esta fe en las celebraciones y las procesiones que nos preparan para pascua, para el tránsito de Jesús de este mundo al Padre.

Con mi bendición,

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