«La celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios». Con estas palabras, el papa León XIV nos invita a mirar a nuestros mayores con gratitud. Doy gracias a Dios por vuestra vida y por el inmenso bien que seguís haciendo a la Iglesia y a la sociedad.
- Gracias por ser memoria viva de la fe. Sois un regalo de Dios. Habéis sostenido a vuestras familias con sacrificio, trabajo y amor. Habéis enseñado a rezar a vuestros hijos y nietos. Habéis transmitido la fe con el ejemplo sencillo de cada día. Muchas vocaciones, muchas familias cristianas y muchas comunidades han nacido al calor de vuestro testimonio.
La Iglesia os necesita. No sois el pasado. Sois una parte imprescindible del presente y una esperanza para el futuro. Seguid siendo memoria viva del Evangelio. Seguid contando a las nuevas generaciones las maravillas que Dios ha realizado en vuestra vida.
- Nunca perdáis la esperanza. El papa León XIV nos recuerda que «Yo nunca te olvidaré» es la promesa que Dios dirige a cada uno de sus hijos. También a quienes experimentan la fragilidad, la enfermedad, la soledad o el paso de los años.
Nadie está solo cuando pone su confianza en el Señor. Él nunca abandona. Él sigue llamándonos a vivir con alegría y con esperanza. También la ancianidad es un tiempo de gracia.Es un tiempo para la oración. Es un tiempo para ofrecer la vida. Es un tiempo para seguir sembrando paz y reconciliación en el mundo.
- Una llamada para toda la sociedad. El Papa recuerda también en su mensaje para esta jornada que «la Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores, sabe bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra. Por cada uno de estos motivos, se alegra de anunciar la promesa del Señor: ‘Yo nunca te olvidaré’». Por eso, esta Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores es también es una invitación para todos. El Papa nos anima a recuperar una hermosa costumbre y expresa su deseo de que «esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita».
No dejemos solos a nuestros mayores. Regalémosles tiempo. Escuchemos sus historias. Aprendamos de su experiencia. Una visita, una conversación o una caricia pueden cambiar un día entero. Una sociedad que cuida a sus mayores es una sociedad con alma. Una Iglesia que los acompaña hace visible la ternura de Dios.
Queridos abuelos, gracias por vuestra vida. Gracias por vuestra fe. Gracias por vuestra oración silenciosa. Gracias por sostener tantas veces, sin hacer ruido. Que san Joaquín y santa Ana, los abuelos de Jesús, intercedan por todos vosotros. Que el Señor os conceda salud, paz y la alegría de seguir siendo testigos de su amor.
Con mi afecto y mi bendición







