Saludo con cordial afecto a los sacerdotes.
A los miembros de la vida consagrada, agentes de pastoral, profesores y profesoras, catequistas.
A los niños y jóvenes de nuestra Diócesis, a los padres y madres de familia y a todo el Pueblo santo de Dios.
Mis queridos hermanos y hermanas:
Bajo el lema “¡Deja tus redes y sígueme!”, idea que se ha entresacado del Evangelio de Mt 4,19, vamos a celebrar, un año más, el Día del Seminario, que en nuestra Iglesia particular trae consigo además el gozo y la esperanza de la ordenación de tres nuevos diáconos. Este acontecimiento es un don de Dios que nos invita a una mayor generosidad y respuesta al querer del Señor, Dueño de la mies, sobre cada uno de nosotros y sobre esta Iglesia particular. Tres nuevos diáconos, en estos momentos de la vida de la Iglesia en nuestro país, supone que el Seminario –a través de esas dos casas de formación, que son como los dos pulmones de la misma realidad: el Seminario Mayor Diocesano “Divino Maestro” y el Seminario Mayor Diocesano, Internacional y Misionero “Redemptoris Mater”– sigue cumpliendo el objetivo para el cual existen.







