A pesar del ingreso de Francisco, el Vaticano sigue publicando la catequesis semanal que tenía preparada, dedicada este miércoles a la presentación de Jesús en el templo
Un miércoles más el Vaticano ha publicado la catequesis que el papa Francisco tenía preparada para la audiencia general que debía celebrarse esta mañana y que ha sido cancelada por el ingreso hospitalario del Santo Padre. En el marco del Jubileo 2025, la catequesis de este 26 de febrero está dedicada a la presentación de Jesús en el templo.
Respecto a este episodio de la vida de Jesús, narrado en el Evangelio de san Lucas, Francisco nos invita a reflexionar en primer lugar sobre la obediencia de María y José a la Ley del Señor. En Israel no era obligatorio presentar a los hijos al templo, pero ellos, «no se limitan a incorporar a Jesús en una historia de familia, de pueblo, de alianza con el Señor Dios. Se ocupan de su custodia y su crianza, y lo introducen en una atmósfera de fe y de culto». Y de esta forma, insiste Francisco, «ellos mismos crecen gradualmente en la comprensión de una vocación que les supera».
La segunda clave de esta lectura es la intuición de Simeón, de la presencia en el templo del «Ungido del Señor». Y entonces, « Simeón abraza a ese niño que, pequeño e indefenso, reposa entre sus brazos; pero, en realidad, es él quien encuentra la consolación y la plenitud de su existencia al sostenerlo». Y entona una oración que se ha convertido en la que utiliza la Iglesia para el fin de la jornada:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo
vaya en paz, según tu palabra,
porque mis ojos han visto tu salvación,
preparada por ti ante todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones
y gloria de tu pueblo, Israel» (Lc 2,29-32).
El Papa nos invita a mirar a Simeón, que «canta la alegría de quien ha visto, de quien ha reconocido y puede transmitir a otros el encuentro con el Salvador de Israel y de las naciones. Es testigo de la fe, que recibe como don y comunica a los demás; es testigo de la esperanza que no defrauda; es testigo del amor de Dios, que llena el corazón del hombre de gozo y paz. Lleno de esta consolación espiritual, el anciano Simeón no ve la muerte como el final, sino como el cumplimiento, como la plenitud; la espera como una “hermana” que no destruye, sino que introduce en la vida verdadera que él ya ha empezado a saborear y en la que cree».
También Ana, una mujer mayor dedicada a cuidar el templo reconoce a Dios en aquel niño y lo difunde como « el anuncio del Jubileo». Dos ejemplos a los que mirar y seguir porque son «“peregrinos de la esperanza” que tienen una mirada pura, capaz de ver más allá de las apariencias, que saben “percibir” la presencia de Dios en lo pequeño, que saben acoger con alegría la visita de Dios y reavivar la esperanza en el corazón de nuestros hermanos y hermanas».








