El Papa tocará la realidad de los que sufren por no tener un techo en el que cobijarse y que reciben la caricia de la Iglesia a través de Cáritas
Dice León XIV en Dilexi te que no se puede adorar al Señor en el altar si no se le reconoce en el rostro del que no tiene nada. Y esto es lo que el Papa va a hacer, precisamente, en sus primeras horas en España. En Madrid, antes de celebrar la Eucaristía del Corpus Christi y procesionar por la calle Alcalá con el Santísimo Sacramento, el Pontífice entrará en uno de esos barrios que está más allá de la M30, el de Lucero, para visitar un centro de Cáritas Diocesana de Madrid para personas sin hogar: CEDIA 24 horas.
Pisará así, como dice el responsable, Juan José Gómez-Escalonillas, «terreno sagrado» por la dignidad de las personas que allí son atendidas, «joyas extremadamente delicadas».
El sábado 6 de junio, a eso de las 18:00 horas, León XIV entrará por el acceso superior de CEDIA para encontrarse con las personas en situación de sin hogar y con aquellos que las atienden; para conocer cómo son las habitaciones en las que duermen o las actividades que realizan. Porque CEDIA 24 horas son dos centros en uno: un lugar donde quedarse por la noche, comer algo, guardar sus pertenencias, darse una ducha caliente; pero también un centro de día que ejerce de trampolín para una vida autónoma, donde sentar una base para que la persona se recupere.
El Papa caminará por el estrecho pasillo donde se distribuyen los dormitorios, cada uno con sus taquillas y su baño asignado; se trasladará a la planta baja, donde conocerá las distintas actividades que se realizan —Autodefensa, Meditación, Conoce España, Romper el silencio…—, y mantendrá un breve encuentro con trabajadores, usuarios y voluntarios en el comedor.

Un proyecto de casi 50 años
Para entender este proyecto, hay que remontarse unas cuantas décadas atrás, cuando desde Cáritas se repartían cafés con una furgoneta a las personas que no tenían un hogar en el que cobijarse. Esta experiencia derivó en un centro llamado Café y Calor, cerca del Senado, donde hombres y mujeres podían pasar la noche, tomar algo caliente y descansar. Un lugar que más tarde se llamaría Centro de Información y Acogida (CEDIA). Entonces, empezó a ofrecer atención 24 horas, incorporando asistencia social durante el día.
Es en 2008 cuando se trasladan al edificio actual y, en 2020, en plena pandemia, cuando se realizan obras para separar los espacios, creando un centro de noche y un centro de día. En la actualidad, hay disponibles 92 plazas, 67 para el centro de noche (47 hombres y 20 mujeres) y 25 plazas para el centro de día.
«CEDIA es un centro de acogida de puerta abierta las 24 horas, dispuesto a acoger a todo aquel que llame al timbre», afirma Gómez-Escalonillas. En el último año, pidieron ayuda 2.534 personas, aunque el drama es que solo 880 pudieron dormir allí.
El proceso es sencillo, explica. Una vez que una persona ingresa, se le hace una valoración y se le asigna un trabajador social y una psicóloga. Juntos ponen en marcha planes y herramientas para evitar que esa persona acabe de nuevo en la calle, de modo que encuentre acomodo o bien en una habitación o en un recurso de larga estancia. «Aquí, la persona es la protagonista y el centro de toda la historia», afirma.
El empujoncito hacia la autonomía
Carlos Rodríguez lo sabe bien. Él lleva un mes en CEDIA. Un tiempo en el que ha recibido ese «empujoncito», como dice a ECCLESIA, para afrontar su propio camino y salir adelante tras una situación difícil. Es una cuestión de tener un techo en el que cobijarse, por supuesto, pero enfatiza el apoyo a otros niveles. «Cuando llegué aquí era muy introspectivo, no hablaba con nadie, me costaba expresarme… y todo eso ha cambiado», confiesa.
Aunque se reconoce como no creyente, cree que la visita del Papa a un lugar como este es «un punto a favor de la Iglesia». Porque, dice, da a conocer que existen este tipo de recursos donde se acoge a personas con necesidades.
El futuro lo ve con esperanza. Quiere empezar a trabajar dentro de poco, ahorrar algo de dinero y alquilar una habitación.
Elmer Paul León Calderón es peruano como León XIV. Porque el Papa tiene la nacionalidad de este país americano. Además de llevar su nombre en su primer apellido. Muchas coincidencias.
Elmer lleva 40 días en CEDIA. 40 días de cuatro años en España sin documentación —lo resolverá ahora con la regularización— y con un historial de engaños. Le estafaron con una promesa de trabajo —es cocinero—. Una situación a la que hay que añadir varios problemas de salud. «Aquí somos como una familia», afirma. Se siente halagado y bendecido por la visita de León XIV y le gustaría abrazarlo.
Esto es lo que se va a encontrar León XIV en su visita. Como dice Javier Ródenas, subdirector de CEDIA en entrevista con ECCLESIA, va a ver a personas muy normales en situaciones muy duras. «Espero que le cuenten cómo están viviendo esta situación y que él sea capaz, ya solo con su presencia, de poner el foco en las personas que tienen esta dificultad, que, por desgracia, son muchas», explica.
Perfiles y causas estructurales
Dice que, aunque en el imaginario colectivo la persona sin hogar se asocie a un señor mayor con barba, carrito y perros, este no es el perfil real. Es mucho más plural. «No hay un perfil. Hemos atendido a personas de 27 nacionalidades, jóvenes, mayores, mujeres, hombres, trabajadores, parados, personas en situación irregular…», subraya.
Acabar en la calle suele ser, explica, una conjunción de factores como la situación de la vivienda y la inestabilidad laboral, pero también con la falta de apoyos a nivel social y familiar. «Esto puede hacer que una persona con una vida muy normalizada se pueda encontrar en un momento determinado en una situación de sinhogarismo», agrega.
Es lo que Gómez-Escalonillas considera una dinámica estructural en nuestra sociedad, que «deja a las personas vulnerables sin recursos».









