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Claves del cisma de Belorado

Luis Santamaría es experto en sectas y autor de A las afueras de la cruz (BAC)

En las primeras horas del 13 de mayo se produjo un seísmo informativo en la Iglesia diocesana de Burgos que tuvo sucesivas réplicas en los días siguientes, con repercusión nacional e internacional. La comunidad de monjas clarisas repartidas en los conventos de Belorado (Burgos) y Orduña (Vizcaya) hacían público un largo manifiesto y una carta —firmada por la abadesa— en los que aseguraban abandonar la Iglesia católica (denominándola «conciliar») para acogerse a la autoridad de un supuesto obispo tradicionalista y sedevacantista. Como pliego de descargo, una extraña mezcla de quejas sobre asuntos patrimoniales, desatención de los pastores y deriva herética del catolicismo contemporáneo —afirmando que el último papa legítimo fue Pío XII—.

El arzobispo de Burgos, Mario Iceta, reaccionó inmediatamente con una rueda de prensa en la que se dieron los detalles sobre la realidad subyacente: las clarisas habían pretendido vender el convento en desuso que tenían en Derio (Vizcaya) para pagar el que habían comprado —pero no pagado— a sus hermanas de Vitoria, aludiendo a un misterioso benefactor que entraría en una operación inmobiliaria nada clara. Y la Santa Sede les había negado el visto bueno. El prelado insistió en el diálogo para encauzar las cosas y volver al sentido común, con las sospechas más que fundadas de que la comunidad contemplativa estaba siendo manipulada. El 16 de mayo, la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada publicó una nota respaldando a los obispos de Burgos y Vitoria, lamentando lo sucedido, refiriéndose al carácter sectario del grupo implicado y llamando a que cada monja, «en el ejercicio de su libertad de conciencia, pueda expresar su postura».

El ruido mediático ha sido considerable, oyéndose y viéndose de todo, con entrevistas televisivas en directo a la comunidad cismática y al falso obispo incluidas. Por ello, es importante, tras una necesaria calma, atender a tres claves.

1. Un cisma que tiene un caldo de cultivo

Tenemos que reconocerlo: las corrientes y los diversos influencers que difunden desinformación, medias verdades, noticias sesgadas y opiniones fanáticas en torno a la situación de la Iglesia actual, a pesar de ser minoritarios, son dañinos y están logrando polarizar a muchos creyentes, haciendo su propia versión católica de las más populares teorías de la conspiración. Cada vez vemos más cómo se afirma, con pretensión dogmática, que Benedicto XVI nunca habría renunciado realmente y que, por lo tanto, el cónclave fue ilícito y Jorge Mario Bergoglio no puede ser aceptado como Papa. Y como este, otros muchos despropósitos. A pesar de su irracionalidad, van calando como la lluvia fina en muchos corazones, corriendo como la pólvora en redes sociales y aumentando la desafección con la jerarquía y la ruptura de la comunión eclesial. La fe se vive como ideología, y la Iglesia se entiende como un partido político.

2. Una secta que encontró el resquicio

El grupo que hay detrás del cisma tiene un nombre: la Pía Unión de San Pablo Apóstol, fundada en 2005 —supuestamente, como todo lo que sale de su boca— por Pablo de Rojas, uno de los personajes que pululan por los ambientes sedevacantistas españoles, y que afirma haber recibido las órdenes sagradas de otros individuos semejantes (cfr. A las afueras de la cruz. Las sectas de origen cristiano en España, BAC, 2023). Las sectas se aprovechan de la vulnerabilidad de las personas para captar, engañar y manipular. En este caso, un grupo que reclama representar a la verdadera Iglesia católica logró embaucar a toda una comunidad religiosa —o quizás a su superiora y algunas más— y utilizarla para sus propósitos megalomaníacos.

3. Una mirada crítica a nuestras formas de vida en comunidad

El vicario para la Vida Consagrada de Vitoria ha apuntado al protagonismo de la abadesa implicada, que querría perpetuarse en el poder, engañando a sus hermanas y ejerciendo un abuso de autoridad. Esto nos lleva a un problema que debe afrontarse sin miedo: los abusos de poder y de conciencia que se dan en la Iglesia, especialmente en el seno de las realidades de vida comunitaria. El sectarismo dentro de casa. Hay que escuchar a las víctimas, hacer cumplir las normas y cuidar la formación. Un buen inicio será leer la obra de Dom Dysmas de Lassus: Riesgos y derivas de la vida religiosa (BAC, 2022). Queda mucho por hacer. 

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