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Como brotes de olivos en torno a tu mesa

Queridos hermanos.

Comenzamos un nuevo curso, una nueva etapa en la vida pastoral para avanzar en la configuración de nuestra diócesis como iglesia sinodal misionera en comunión con la Iglesia universal.

El lema de este curso pastoral, «Como brotes de olivos en torno a tu mesa» (Sal 127, 3) está inspirado en el del Papa León XIV, «In Illo uno unum»: “En el mismo [Cristo], [todos somos] uno”, que es el comentario de san Agustín precisamente a ese versículo del Salmo 127. Será nuestra forma de adherirnos efectiva y afectivamente al nuevo Papa para caminar con él a impulso del Espíritu. Desde u primera intervención en el balcón de San Pedro nos ha insistido en la unidad en la Iglesia y en la paz en el mundo. En la inauguración de curso el día 5 de octubre a las 17 horas en la S.I. Catedral, presentaremos diversos materiales catequéticos preparados por el sacerdote Tino Escribano para desarrollar el sentido teológico-pastoral del lema.

Lo primero que ha hecho el nuevo Pontífice ha sido dar continuidad a las acciones pastorales puestas en marcha por su predecesor: el Papa Francisco, dándonos a entender así que no eran simplemente iniciativas del Papa anterior, sino el camino que Dios quería para su Iglesia del Tercer Milenio. En junio, el Papa León XIV aprobó el documento ‘Pistas para la Fase de Implementación del Sínodo’, cuyo “objetivo ya no es solo discernir, sino poner en práctica”. Este documento prevé que en el curso 2025 2026 se desarrollen itinerarios de aplicación del Sínodo en las Iglesias locales y sus agrupaciones, en las parroquias y los movimientos. El gran desafío es que la sinodalidad no se quede en una palabra repetida sin contenido. Hay algunas prácticas que tendremos que hacer nuestras a todos los niveles: la escucha para la toma de decisiones en los consejos y comunidades; la transparencia en la rendición de cuentas –y no solo económicas–, según la corresponsabilidad en la misión de cada uno y la evaluación.

Además, en España nos encontramos en una emergencia vocacional, y también en la diócesis y parroquias. Necesitamos “vocaciones”, seminaristas, catequistas, acólitos, voluntarios, cristianos comprometidos con la caridad y con la vida pública… Necesitamos respuestas a las llamadas del Señor a entregar la vida, a no guardarla para sí. El Congreso de Vocaciones del pasado mes de febrero en Madrid pretendía dar un giro a la pastoral de las vocaciones desde la convicción de que la Iglesia no es una comunidad de santos o de pecadores, sino una “asamblea de llamados”. Lo que nos une es que todos tenemos vocación, no como una opción para la autorrealización personal, sino como una llamada de Dios a la vida y al amor, a convertir el don de la vida que recibimos de él en donación para los demás.

Además, seguimos celebrando el Año Santo de la Encarnación como «peregrinos de esperanza». Que nuestra vida sirva para convertir los signos de nuestros tiempos –las guerras, los migrantes, los pobres, los enfermos, los jóvenes y los mayores…– en razones de esperanza se necesitan corazones generosos y sensibles ante el sufrimiento humano, que sepan decir de una palabra de aliento, consolar al afligido, dar ánimo al que no tiene fuerzas para seguir adelante en la vida, con la esperanza cierta de que la victoria es del Señor y que él no se aparta de nuestro lado.

Os animo a todos, a comenzar este curso con un espíritu renovado, con nuevas fuerzas y con un fuerte compromiso por aplicar el Sínodo y rezar y cultivar las vocaciones –todas las vocaciones, pero especialmente al ministerio sacerdotal– en nuestras parroquias, comunidades y familias.

Que Santa María de la Esperanza haga arder nuestros corazones de amor a Dios y amor al prójimo.

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