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CONFER, el Patronato de la Mujer y el perdón

Un grupo de asistentes al reconocimiento público de perdón, encabezadas, entre otras, por la eurodiputada Irene Montero, impiden el cierre del acto con una acción programada y gritos de «verdad, justicia y reparación». Tres compromisos que ya habían sido expresados por las congregaciones religiosas implicadas

Cuando uno se acerca a los testimonios de las mujeres víctimas del Patronato de la Mujer es imposible no conmoverse y compartir algo de ese sufrimiento tan grande. Conocer esta realidad y el dolor hizo que la CONFER reconociese el daño y pidiese perdón públicamente este lunes por la participación de algunas congregaciones religiosas en esta institución estatal, cuyo recorrido se enmarca entre los años 40 y mediados de los 80.

Lo reconoció el propio presidente, Jesús Díaz Sariego, cuando habló sin ambages del sufrimiento de las mujeres, de que creen en su testimonio y que las escuchan. También señaló que estos centros, lejos de ser un medio de promoción humana, fueron «una cárcel». Lo hicieron asimismo las representantes de las congregaciones religiosas que colaboraron con el Patronato: «Reconocemos que durante décadas muchas jóvenes y mujeres adultas fueron internadas en nuestros centros en contra de su voluntad, sometidas a un régimen de disciplina severa y alejadas de sus familias y de su derecho a decidir sobre su propia vida. Sabemos que muchas de ellas, que muchas de ustedes, fuisteis privadas de libertad injustamente, expuestas a humillaciones y malos tratos. Pedimos perdón a todas aquellas mujeres que no fueron reconocidas en su dignidad y sus derechos».

Sin embargo, el acto quedó ensombrecido y las víctimas pasaron a un segundo plano por la acción conjunta y preparada de algunas asistentes que, antes de cerrarse el acto, se levantaron, gritaron con fuerza la consigna «verdad, justicia y reparación» y levantaron carteles con la palabra «NO», para hacer visible que negaban así el perdón que se había ofrecido. A la cabeza, la promotora de la asociación Las desterradas hijas de Eva, Consuelo García del Cid, así como la eurodiputada de Podemos y exministra Irene Montero y la periodista Cristina Fallarás.

También estuvo la ministra de Igualdad, Ana Redondo, aunque, como se puede ver en las imágenes, no participó de la acción y se mantuvo sentada en su lugar.

Estos hechos dejaron en un segundo plano la realidad de que la CONFER lleva más de un año trabajando con estas mujeres para, como dijo Díaz Sariego, en su discurso, asumir «la responsabilidad de colaborar en la búsqueda de la verdad y de contribuir a que este capítulo oscuro de nuestra historia no caiga en el olvido».

De hecho, muchas de las exigencias de las presentes, manifestadas a través de las proclamas, se habían puesto de manifiesto en la petición de perdón expresa leída por las superioras de tres congregaciones religiosas implicadas en estos centros: Carmen Ortega, de Oblatas Europa; Antonia López, de la provincia de Europa y África de las Adoratrices; y Mar Mena, de las terciarias capuchinas de la provincia de Nazaret.

«Somos conscientes de que el sufrimiento causado no puede ser reparado con palabras, pero asumimos como un deber moral reconocer nuestra responsabilidad y contribuir en la medida de la posible a sanar esta página de la historia haciendo memoria de lo acontecido y pidiendo perdón por justicia hacia todas las mujeres que padecieron en estos centros», señalaron.

Luego, se comprometieron a escuchar y acompañar a las mujeres que vivieron en estos centros y a promover acciones que contribuyan a su reparación moral y emocional. Entre las medidas, también recogen la transparencia y colaboración para esclarecer la verdad y ofrecer respuestas a quienes buscan conocer su historia, y el compromiso para «hacer una revisión histórica y análisis crítico», incluyendo una reflexión hacia el interior de los archivos para analizar el impacto del patronato en la historia de estas congregaciones.

Después de manifestar estos y otros compromisos, el acto no pudo continuar tras la intervención de una buena parte del público que exigía a las religiosas que pidiesen perdón —lo acaban de hacer, como repitió una de ellas allí mismo— y, al mismo tiempo, se lo negaban.

No solo una formalidad

El acto comenzó con el saludo de Jesús Avezuela, director general de la Fundación Pablo VI, y el discurso del dominico Jesús Díaz Sariego, presidente de la CONFER, que dijo, en primer lugar, que el objetivo del acto era pedir perdón, algo «necesario y justo». «No es solo una formalidad, sino que es un acto de justicia, un ejercicio de responsabilidad histórica y moral, una oportunidad para reconocer aquello que en el pasado no hicimos bien y para expresar nuestra empatía y profundo dolor», añadió. De hecho, llegó a decir que para algunas mujeres su paso por los centros patrocinados por el Patronato fue «más una cárcel que un medio de promoción humana».

Pero Díaz Sariego fue más allá. Señaló que con el acto no se cierra nada, sino que se abre el camino para asumir «la responsabilidad de colaborar en la búsqueda de la verdad y de contribuir a que este capítulo oscuro de nuestra historia no caiga en el olvido».

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