El discurso final de León XIV recoge las claves del encuentro con los cardenales, que definen las prioridades de la Iglesia para los próximos años
El discurso final del papa León XIV en el consistorio extraordinario celebrado los días 26 y 27 de junio fue la síntesis perfecta de las aportaciones que hicieron los cardenales durante las cuatro sesiones de trabajo. Síntesis que es, además, hoja de ruta para toda la Iglesia.
Porque si en algo insistió León XIV es que la escucha y el diálogo dentro de la propia Iglesia para buscar la voluntad de Dios no es solo un estilo, sino también un testimonio hacia el mundo en una época marcada por la polarización. Un estilo y un testimonio que competen a toda la Iglesia.
«Lo que aprendemos a vivir estos días no concierne solo al Colegio Cardenalicio. Es un estilo que estamos llamados a promover en toda la Iglesia, para que cada bautizado, según su propia vocación y responsabilidad, participe en la construcción de la civilización del amor y en el servicio al bien común», afirmó.
Para el Pontífice, el consistorio no debe quedarse en «una cita aislada», pues en la Iglesia «deseamos promover espacios en los que el Pueblo de Dios pueda escucharse, orar, discernir y caminar juntos». «Es la esencia del proceso de aplicación del Sínodo. Este será también el espíritu del próximo encuentro dedicado a Amoris laetitia y de muchas otras iniciativas que el Señor nos pedirá que vivamos. Lo que importa no es multiplicar los encuentros, sino aprender a vivir encuentros en los que, escuchándonos mutuamente, aprendamos juntos a escuchar al Señor», añadió.
En concreto, sobre el consistorio, dijo que se está redescubriendo su significado. No es un parlamento ni un congreso en el que prevalezcan opiniones o intereses, sino una experiencia de comunión al servicio de la misión. Es «la reunión del Colegio Cardenalicio en torno al Sucesor de Pedro para que, en la escucha recíproca y en el discernimiento común, el Espíritu Santo ayude al Papa a guiar a la Iglesia».
Con todo, León XIV reiteró que esta cita, como la vivida este mes de junio, tendrá carácter anual. La próxima reunión se anunciará a finales de este 2026.
Sínodo
Esta propuesta de trabajo conjunto tiene mucho que ver con el camino sinodal que sigue realizando la Iglesia y que León XIV reafirmó con sus palabras: «Deseo confiaros una vez más el camino de la puesta en práctica del Sínodo. Os pido que lo acompañéis con convicción en las Iglesias a las que servís, favoreciendo una comprensión auténtica del mismo y animando a todos a participar en él: se trata de ayudar a nuestras Iglesias a crecer en un estilo cada vez más evangélico».
El Papa recordó que la sinodalidad «no es un conjunto de reuniones, ni un método de trabajo». ES «un estilo espiritual», que nace del encuentro, crece en la escucha y madura en el discernimiento.
«La verdadera pregunta no es cuántas conversaciones sabremos organizar, sino qué calidad evangélica tendrán nuestros encuentros. Cuando nos escuchamos con humildad y libertad, dejando espacio al Espíritu», agregó.
Las heridas del mundo
Durante su intervención, el Pontífice se detuvo especialmente en las conversaciones entre los cardenales sobre las heridas del mundo, sobre los sufrimientos causados por las guerras, la pobreza, la violencia y las injusticias.
Citó, en concreto, la situación de los jóvenes, víctimas de la desesperación, en cuyas preguntas se encuentran «las heridas más profundas de nuestro tiempo». «Escucharles a ellos y a sus familias con humildad es también un camino a través del cual el Señor sigue convirtiendo a la Iglesia», dijo.
Otro tema fue el de la familia, escuela de relaciones, de solidaridad y de esperanza cuando se la sostiene y se la acompaña. Cuando está aislada o herida, «toda la sociedad sufre».
Entre las heridas de este tiempo no falta la guerra, que, según el Papa, no es solo un conflicto entre estados, sino que tiene que ver con una cultura del poder que impregna la forma de pensar, de vivir las relaciones, de ejercer el poder, de utilizar la economía, la tecnología e incluso la religión.
Así, propuso reconstruir la cultura de la cooperación y el diálogo, «capaz de dar nueva fuerza al multilateralismo para que los pueblos vuelvan a aprender a buscar juntos el bien común de toda la familia humana». Un camino en el que los laicos están especialmente llamados a colaborar, eso sí, con toda la cercanía y el apoyo de la comunidad eclesial.
En este punto, valoró especialmente que se haya abordado la cuestión de la respuesta no violenta ante la guerra y el mal, «una forma profundamente evangélica de vivir la historia», e invitó a seguir reflexionando sobre la legítima defensa, que, dijo, merece una reflexión más a fondo con rigor teológico y pastoral.
Asimismo, reivindicó la doctrina social de la Iglesia como «patrimonio vivo de nuestras comunidades, criterio ordinario de formación de las conciencias y de discernimiento pastoral» y recalcó que la Iglesia está llamada a «custodiar lugares de encuentro, de escucha y de diálogo en los que pueda madurar una cultura renovada del bien común».








