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Continuidad sin ruptura: Renovación para la fecundidad

Qué podemos y debemos hacer en estos momentos históricos desde la fe? En mi libro dirigido a los chicos y chicas que se han confirmado, titulado «El día después», David Sánchez en el epílogo cita un texto de la película «El Señor de los anillos»: «No podemos elegir los tiempos en los que nos toca vivir, lo único que podemos hacer es decidir que hacer con el tiempo que se nos ha dado». El Concilio Vaticano II, que ha sido una de las grandes gracias recibidas del Espíritu Santo en los últimos años, para vivir la continuidad sin ruptura y la renovación para la fidelidad, es una llamada constante a volver siempre a las fuentes que es el anunciar a Cristo muerto y resucitado para evangelizar con los sentimientos de su Corazón. Tres son los retos para la Iglesia que camina en Toledo, que nos invitan a esta continuidad sin ruptura, como decía Benedicto XVI, y de renovación para la fecundidad, siempre con una fidelidad creativa.

  1. Subimos a un tren que lleva veintiún siglos caminando en la historia. Nosotros ni nos inventamos la fe, ni la moral, ni los proyectos de su Corazón que subsisten de edad en edad. La Iglesia diocesana, unida a la Iglesia Universal, vive acogiendo la Palabra de Dios y la Tradición viva del Magisterio de la Iglesia, que ahora nosotros debemos de sentir y lanzarnos a trabajar para la Evangelización, para anunciar a Cristo hoy, con una fidelidad creativa, sabiendo que el Camino de la vida verdadera que es Jesús, se hace caminando juntos, sacerdotes, vida consagrada y laicos, para transformar el mundo según el Corazón de Dios. Es necesario que seamos conscientes de que nosotros recibimos la fe como un don y que acogemos todo lo que la Iglesia nos pide, con el deseo de una fidelidad que nos lleve a vivir con los sentimientos del Corazón de Cristo para la fecundidad.
  2. Vivir en el encanto de la vida con Dios para no vivir en el desencanto de la vida. Ser felices en Cristo, porque lo somos en nuestra vida de fe, porque vivimos con esperanza para vivir la caridad. Ser corazones que aman a todos, especialmente a los más pobres y necesitados. Vivir en el encanto de la vida con Dios es vivir del encuentro con Jesús, que nos ha llevado no sólo a que sea el centro de nuestra vida, sino que sea nuestra vida, «donde voy a ir Señor si sólo tu tienes palabras de vida eterna…», como le dijo Pedro a Jesús en Cafarnaún (Jn 6), en el discurso del pan de vida. También san Pablo dice: «Para mí la vida es Cristo». Vida de mi vida.
  3. Ser memoriosos. Es el Papa Francisco nos recuerda que la clave para vivir una vida cristiana fervorosa es vivir de una manera memoriosa, recordando siempre los beneficios de su Corazón para con nosotros.

La Eucaristía es Acción de Gracias. Jesús, en el momento en que podría presentar sus reclamaciones ante la cercanía de su pasión y muerte, y «quejarse» al Padre, convierte el sacrificio en una Acción de gracias, va a la cruz «voluntariamente aceptada» por «nosotros y por nuestra salvación». Jesús convierte la Eucaristía, su Amor donado, que nos entrega su cuerpo y su sangre. En el Cenáculo, en la tarde del jueves santo, Jesús en el memorial de nuestra salvación adelanta la acción de gracias y nos enseña a vivir agradeciendo todo lo que el Señor nos regala como bien de su Amor por cada uno de nosotros.
Ser memoriosos es el estilo del Señor, que su Corazón es Acción de gracias al Padre, como Redentor del mundo. En archidiócesis como Toledo la continuidad y renovación sin ruptura, para la fecundidad, es siempre «la asignatura pendiente» que no podemos aprobar sin la ayuda de quien nos dijo: «Sin mi nada podéis hacer».
Santa María Madre de la fidelidad, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

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