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Corpus Christi, Día de la Caridad: «Mientras haya personas hay esperanza»

Queridos hermanos:

«Mientras haya personas hay esperanza» es el lema con el que este año celebramos el Día de la Caridad en la Solemnidad del Corpus Christi. Este lema remite y a la vez modifica el clásico dicho: Mientras hay vida, hay esperanza”.

La esperanza es lo último que se pierde también en las relaciones –a veces rotas– entre las personas, en la convivencia ciudadana y familiar. Mientras haya personas, hay posibilidad de conversión, de perdón, de reconciliación. La esperanza no es una idea abstracta o una virtud individual, sino que es una virtud comunitaria, que requiere necesariamente el trato con los demás, donde se contagia el ánimo o el desaliento.

Las relaciones personales y sociales difíciles, la marginación y la crispación social,bla confrontación, las condiciones laborales abusivas e injustas… generan angustia, nos sumen en la desesperación y, finalmente, en la desesperanza, como señaló el Papa Francisco (Fratelli Tutti, 15). La esperanza nunca da por perdido el diálogo y el encuentro, no deja que hablen las armas y la violencia para resolver los desencuentros. Unas relaciones sanas, constructivas, basadas en la confianza y la solidaridad, son fuente de seguridad y de aliento en la vida.
Un ámbito importante de la caridad cristiana es contribuir a la paz, a sanar las heridas, acogiendo y comprendiendo a los demás, ayudando a empatizar, a crear ámbitos de comunión y comunicación, de reconciliación, a enseñar a escuchar si juzgar.

Recordando el Poema de Charles de Peguy «El pórtico del misterio de la segunda virtud», que el mismo papa Francisco tenía en mente al reflexionar sobre la esperanza en este Año Santo de la Redención, la esperanza no va sola: va de la mano de sus dos hermanas, la fe y la caridad, pero es ella quien las pone en movimiento de búsqueda y las empuja hacia lo desconocido, para que «todo esto no sea un cementerio». La esperanza brota y se alimenta en último término, de la relación más profunda que tenemos: de la confianza y el amor de Dios, que sostienen e impulsan nuestras esperas con un hálito de eternidad a pesar de los fracasos y tropiezos del camino.

La campaña de Cáritas de este año se centra en el protagonismo de las personas y sus relaciones, como receptoras y portadoras de esperanza. Afirma que todas las personas tienen en la esperanza, una de las tres virtudes teologales: «esa pequeña promesa de brote que se anuncia justo al principio de abril» como una nueva primavera.

Este año Cáritas nos invita a tener los ojos abiertos para fijarnos en los rostros de las personas que más esperanza transmiten y aportan a la sociedad y a la convivencia, que son precisamente aquellos que menos expectativas humanas tienen: los rostros del hambre –también en nuestra sociedad opulenta–, los de aquellas personas que sufren el estigma de ser mal vistos, los sin techo, los marginados; los ancianos solos y sin cariño, que esperan una sonrisa, un beso o una caricia; los enfermos encerrados en su debilidad; los jóvenes, que buscan temerosos su puesto en la vida; los presos, tantas veces doblemente condenados por la justicia y por la sospecha continua de la sociedad; los migrantes que se topan con la frontera de la aceptación social… Son rostros luminosos que hablan, que piden, que anhelan, que esperan contra toda esperanza, porque es lo único que les queda, y mientras hay personas, hay esperanza.

Los diversos programas de Cáritas se dirigen a todos ellos. Y, cuando ellos reciben acogida y atención, pagan con un plus de esperanza a nuestra sociedad.
Y luego están los rostros de tantos otros que dan lo mejor de sus vidas por los demás, personas que, a pesar del esfuerzo de sus trabajos y las múltiples ocupaciones familiares, van alumbrando esperanza por donde pasan con su compromiso desinteresado por los más necesitados. Son más de 700 los voluntarios que forman nuestras Cáritas parroquiales, interparroquiales y diocesana. Junto a ellos, estamos invitados todos los cristianos, para dar razón de nuestra esperanza. Con palabras del papa León XIV, ante un «mundo que sufre tanto, tanto dolor, por las guerras, la violencia, la pobreza… a nosotros, cristianos, el Señor nos pide que seamos siempre este testimonio vivo [de esperanza]» (Saludo a la Diócesis de Roma en la toma de posesión de San Juan de Letrán).

Queridos hermanos, una vez más la caridad llama a nuestras puertas para darnos la oportunidad de formar parte de los “benditos” en el reino de los cielos cuando el Señor vuelva.

Con mi bendición,

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