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Costaleros, el desafío físico de la Semana Santa

Durante el periodo de Semana Santa, los cargadores y costaleros aumentan la carga en su estructura corporal hasta en un 50 % por ciento de su peso. Esto supone un gran esfuerzo que podría derivar en lesiones de la columna vertebral y miembros inferiores, pero una buena preparación y la guía y atención de un fisioterapeuta puede minimizar en gran medida los riesgos. 

Ser costaleros durante la Semana Santa supone una gran satisfacción, pero también un gran reto y mucho esfuerzo. La sobrecarga puntual y abrupta a la que se somete el costalero es importante, y si no se maneja adecuadamente puede derivar en lesiones importantes o incluso severas en distintas zonas del cuerpo. Los problemas más frecuentes son los musculares y articulares, tanto en la columna vertebral como en miembros superiores e inferiores, sin olvidar que el punto de contacto a nivel cervical con la estructura de carga es uno de los segmentos que más sufre. 

La séptima vértebra cervical tiene una estructura ósea muy superficial y próxima a la piel. En ocasiones esa falta de tejido adiposo subcutáneo en la zona hace que el contacto de la parte posterior de esta vértebra con la trabajadera esté poco amortiguado, provocando el clásico abultamiento o “morrillo” en la parte posterior del cuello. Dicho abultamiento es una acumulación de líquido que intenta proteger la superficie ósea del roce, y que, si no se cronifica convirtiéndose en un quiste graso, se puede reabsorber con descanso, masaje drenante y electroterapia. Es imprescindible que para prevenir la formación de este quiste se proteja bien la zona de apoyo mediante almohadillas, así como realizar descansos siempre que sea posible para evitar la compresión excesiva del tejido.

También hay que tener en cuenta que la presión del peso en la zona cervical y de los hombros puede producir compresión de los conjuntos de nervios en estas zonas. El adormecimiento y falta de fuerza en los brazos asociados a esta compresión se pueden evitar con un entrenamiento progresivo de fuerza y resistencia muscular. La recomendación sería mantener el entrenamiento durante todo el año, pero si no es posible, un trabajo intensivo de al menos cuatro meses previos para mejorar la coordinación intramuscular y producir hipertrofia de los músculos de la cintura escapular sería lo adecuado.

Ese entrenamiento de fuerza se debe hacer extensivo a la zona de la espalda y abdomen, para permitir una buena estabilidad de la columna vertebral.  La estabilidad abdominal será nuestra mejor aliada para evitar lesiones tanto vertebrales como discales. Desde la fisioterapia se trabaja esta estabilidad mediante ejercicios de potenciación, pero también con el trabajo del patrón respiratorio. Mantener la tensión abdominal evitando la apnea es fundamental, ya que la respiración nos permite conseguir un rendimiento cardiovascular óptimo ante el esfuerzo.

Además del fortalecimiento muscular general, que incluiría también el trabajo del miembro inferior para dar estabilidad a la rodilla y el tobillo, un objetivo en la recuperación de lesiones debe ser el control de la inflamación. En este aspecto, desde la fisioterapia se pueden usar diversos agentes físicos, desde el hielo, que es un medio eficaz y accesible para controlar la inflamación tanto muscular como articular, hasta sistemas de electroterapia o compresivos que tienen un efecto drenante y antiinflamatorio. Si además se producen sobrecargas musculares asociadas, la masoterapia es fundamental para la recuperación del paciente.

Finalmente, siempre es necesario recordar las pautas básicas de hidratación, mantener un aporte calórico en pequeñas cantidades, pero frecuente mediante frutos secos o barritas energéticas y llevar ropa cómoda y transpirable que nos permita sobrellevar el calor y el esfuerzo.

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