El Papa dedica la última jornada al diálogo entre religiones y a las raíces de Europa antes de regresar a Roma
León XIV vive este lunes la última jornada de su viaje a Francia. Tras su paso por París y Lourdes, el Papa ha volado esta mañana a Metz, la ciudad lorenesa ligada a Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la Unión Europea. En el centro de congresos que lleva su nombre ha mantenido un encuentro interreligioso, al que ha seguido otro dedicado a las raíces de Europa, la paz y la unidad. Por la tarde ha celebrado la Santa Misa en la catedral de San Esteban y, tras la ceremonia de despedida en el aeropuerto de Metz-Nancy-Lorena, pondrá rumbo a Roma.
En Metz, el perdón frente a la venganza
León XIV ha celebrado en la catedral de San Esteban de Metz la misa por la paz y la justicia, último gran acto de su viaje a Francia. En su homilía ha partido de la lectura del profeta Isaías, que habla del Reino de Dios con tres imágenes, el desierto, el jardín y la casa. La casa, ha explicado, es el lugar de la paz, y a diferencia de las otras dos requiere «una contribución más directa y más importante por parte del hombre». «Así la paz, que es don de Dios, exige una respuesta por parte de los hombres en un esfuerzo compartido», ha señalado.
En una tierra que fue «una frontera dolorosa en Europa», el Papa ha contrapuesto el Evangelio a la lógica de la revancha. Ha reconocido que la invitación de Jesús a poner la otra mejilla «podría parecerles a algunos un signo de debilidad, o quizá una rendición frente al mal», pero ha asegurado que «no es así en absoluto». «No es verdad que el que comete venganza es más fuerte que el que perdona. No es verdad que el que no cede es más fuerte que el que busca la reconciliación. No es verdad que el que se marcha azotando la puerta es más fuerte que el que afronta el esfuerzo de caminar juntos», ha afirmado ante los fieles de una región marcada en el pasado por conflictos entre hermanos. «Metz y el río Mosela testimonian al mundo entero que la reconciliación es posible sólo cuando se tiene la valentía de romper las cadenas del resentimiento», ha añadido.
El Pontífice ha vuelto sobre las raíces cristianas de Europa, que ya había abordado por la mañana, y ha recordado la huella del monacato y de san Crodegango, obispo de Metz. De esa herencia nacen, ha explicado, principios como «la primacía de la persona y el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, en todas sus fases y en toda circunstancia», la importancia de la familia, la atención a los pobres y «la acogida del extranjero». A la Iglesia de Metz, que por su estatus particular conserva «el legado único de un diálogo fecundo entre sociedad civil y fe», le ha pedido que sea «un taller viviente» de esa fidelidad.
Para cerrar, el Papa ha tomado como imagen las vidrieras de la catedral, conocida como la «Linterna del Buen Dios», entre las que figuran obras del pintor judío Marc Chagall. Esas vidrieras, ha dicho, convierten el templo en «un extraordinario símbolo ecuménico y de diálogo interreligioso». «El futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias, donde la herida del pasado se convierte en una fisura que deja filtrar la luz», ha señalado. Y ha pedido a la comunidad de Metz que sea, «hoy más que nunca», «un faro de esperanza para este país, para Europa y para el mundo».
Europa, entre sus raíces y «la ilusión del rearme»
En el auditorio del Centro de Congresos Robert Schuman, León XIV ha participado junto a Emmanuel Macron y el cardenal Jean-Marc Aveline en el encuentro «A las raíces de Europa por la paz y la unidad». El Papa ha rendido homenaje al venerable Robert Schuman, que vivió en Mosela y está enterrado allí. Ha recordado también a san Benito, patrono de Europa, y ha afirmado que «no se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo». Esta referencia, ha explicado, no es «un criterio confesional exclusivo». Lo que muestra es que «la apertura a lo trascendente es siempre una dimensión constitutiva de la persona humana y una fuente viva de civilización».
El Pontífice ha señalado que Europa vive «una nueva etapa en su larga historia de encuentros, con la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución». En este punto ha recuperado las palabras que pronunció en junio en Canarias. «La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra», ha repetido. Y ha ido más allá, porque «acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia».
León XIV ha lamentado que la guerra haya vuelto al continente como «una nueva “inútil masacre” que cada día causa innumerables víctimas civiles». Ha advertido que «hay que tener cuidado con la ilusión del rearme». Y ha planteado si «realmente estamos haciendo “esfuerzos creativos” para promover la paz en el mundo, o si simplemente estamos tratando de “detener la hemorragia de la guerra”». Ante unas relaciones internacionales que, según ha denunciado, «se vuelven cada vez más bárbaras», el Papa ha defendido el derecho internacional y el multilateralismo como «el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto».
El discurso se ha cerrado con un llamamiento a los jóvenes. «No tengan miedo de formar una familia, de tener hijos, de defender la dignidad de cada persona, desde el primer instante en el vientre de la madre hasta su último aliento», les ha pedido. Les ha animado también a «trabajar incansablemente al servicio del bien de sus comunidades, incluso a través del compromiso político». «¡Amen la vida en cada momento y no le teman al futuro!», ha exhortado.
Discurso del Papa en el encuentro «En las raíces de Europa por la paz y la unidad».

«Una profanación» del nombre de Dios
El primer acto del día ha reunido al Papa con representantes de distintas tradiciones religiosas. León XIV ha recordado que Schuman «supo transformar las antiguas líneas de fractura en puntos de esperanza para toda Europa», y ha señalado que la responsabilidad común de los creyentes es «testimoniar que, más allá de las fronteras, siempre es posible reencontrarse, establecer la amistad y construir la paz». «Dialogar no disminuye nuestra identidad, sino que la expresa con simplicidad y verdad, abriéndose a la diferencia del otro», ha afirmado.
El Pontífice ha sido rotundo sobre el uso de la religión para justificar la violencia. «Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre», ha advertido. Y ha añadido que «nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina». Por eso ha pedido a los líderes religiosos que su discurso sirva para «desarmar los corazones y las palabras».
El Papa ha presentado también a las religiones como defensoras de la vida. «La grandeza de una civilización no se mide por sus éxitos materiales, sino por la manera en la que abraza, protege y eleva la persona humana», ha subrayado. Y ha recordado que «servir a la vida significa envolverla en cuidados, presencia y ternura, sobre todo en la prueba, hasta el final», en una nueva alusión al debate sobre el final de la vida que ya planteó ante las autoridades en el Elíseo.
Antes del discurso del Papa, los responsables de las principales confesiones de Francia han leído y firmado el Llamamiento de Metz. Entre los firmantes están el cardenal Jean-Marc Aveline, el gran rabino Haïm Korsia, el rector de la Gran Mezquita de París, Chems-Eddine Hafiz, y representantes protestantes, ortodoxos y budistas. El texto evoca el encuentro de Asís de hace cuarenta años y afirma que «el nombre de Dios» nunca puede invocarse «para justificar la violencia y el odio». También expresa su indignación por el aumento de los ataques contra personas y lugares de culto en Francia por su origen o su fe, y rechaza «el veneno del totalitarismo», que tanto sufrió la tierra de Lorena. Los firmantes asumen tres compromisos, que son mantener el diálogo entre ellos, formar a los jóvenes en el conocimiento mutuo de sus tradiciones y permanecer unidos, «incluso en la adversidad», al servicio de la justicia y la paz.
Discurso del Papa en el encuentro interreligioso.







