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Segunda jornada de la cumbre sobre ‘Amoris laetitia’ en el Vaticano: «Escuchemos la voz de las familias»

Tras la introducción del cardenal Grech, el arzobispo de Goa y Damán presentó la realidad de la institución familiar en Asia: «No existe un único modelo estereotipado de familia ideal, sino un complejo mosaico de realidades diversas marcadas por alegrías, esperanzas, dificultades y heridas»

La segunda jornada del encuentro «Diez años después de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias de hoy» arrancó a primera hora de la mañana con el objetivo de reflexionar, en palabras del cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, sobre el contexto cultural, económico y social en el que se desarrolla la pastoral familiar.

Iluminaron la reflexión, además de los testimonios, las intervenciones del cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, que hizo una introducción; del cardenal Felipe Neri Ferrao, arzobispo de Goa y Damán, en India; y de Vincenzo Rosito, filósofo político y vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II (Sede Central).

La presentación del cardenal Grech se centró en señalar la necesidad de escuchar para hacer una propuesta desde la Iglesia. Una escucha que tiene que dirigirse, en primer lugar, al Evangelio, que es «lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino», y también «la voz fundacional» en la que debe apoyarse toda acción pastoral.

Tras el Evangelio, toca poner la atención sobre el magisterio de la Iglesia y, en particular, sobre la exhortación Amoris laetitia, para ver cómo «ha resonado en las Iglesias locales» a los diez años de su publicación: «Los caminos abiertos, los frutos madurados, las dificultades encontradas y las cuestiones que siguen abiertas. Su recepción también ha conocido tensiones y interpretaciones diferentes».

Y, por último, recalcó la urgencia de escuchar a las familias y escucharlas con atención, pues en ellas, «hay auténticos ejemplos de esperanza». «Su testimonio merece ser reconocido, alentado y acogido con gratitud. Las familias son protagonistas de la misión de la Iglesia, y de ellas tenemos mucho que recibir y aprender. Su experiencia puede ayudarnos a comprender más profundamente cómo el Evangelio se hace carne en la vida cotidiana y cómo estamos llamados a anunciarlo hoy», afirmó, siguiendo la línea que ya había subrayado el día anterior el papa León XIV.

El purpurado también invitó a escuchar las dificultades, de todo tipo. Desde la incertidumbre económica, las presiones culturales e ideológicas, la fragmentación social, la inestabilidad política y las guerras hasta la relación con las comunidades cristianas.

«Nuestra tarea durante este encuentro es, por lo tanto, escuchar y, a través de la escucha, aprender de la experiencia y evaluar los caminos que hemos recorrido. Escuchemos el eco del Evangelio, que continuamente llama a la Iglesia hacia Cristo. Escuchemos el eco del Magisterio, que nos ayuda a interpretar los signos de los tiempos a la luz de la fe. Escuchemos la voz de las familias, cuyas alegrías y esperanzas, tristezas y angustias siguen interpelando e inspirando nuestro ministerio pastoral», concluyó.

La experiencia de Asia

El cardenal Felipe Nei Ferrao presentó la realidad de la familia en Asia y, en particular, en la India. Allí se advierten algunos cambios que en lo que llamamos Occidente son una realidad del día a día. Señaló, por ejemplo, que las familias tradicionales extensas están dando paso a núcleos más pequeños, con nuevas formas de unión y convivencia. También puso sobre la mesa los efectos de la movilidad hacia los grandes núcleos económicos y de trabajo, que provoca que las familias ya no se vinculen a una sola parroquia, o las condiciones de vida, dominadas por la inseguridad económica, la pobreza, el desempleo e incluso la polarización religiosa y la hostilidad.

Junto a esta realidad, recogió también la belleza que permanece en las familias. La relación, que se manifiesta en la atención a niños, mayores, enfermos y vulnerables; la esperanza, pues son espacios positivos en medio de la incertidumbre; y la diversidad religiosa, que abre a experiencias de diálogo.

Tras diez años de escucha a las familias, afirma el cardenal, las Iglesias de Asia han concluido que deben nadar a contracorriente y ofrecer una alternativa a todo lo que deshumaniza, excluye o fragmenta; que las familias colaboran con la Iglesia en la misión; y que la fragilidad no es ausencia de gracia.

El purpurado compartió un testimonio concreto de un sacerdote que fue a escuchar a una familia en crisis que, por el ritmo de la vida, del trabajo y del cuidado de los niños, el matrimonio se había distanciado. «El sacerdote no les ofreció soluciones prefabricadas. Los escuchó y los animó a hablar abiertamente y a escucharse mutuamente. Se dieron cuenta de que tenían que hacer algo para cambiar su forma de ser familia. Al principio dieron algunos pasos: una noche a la semana en familia sin móviles, una comida compartida cada día y unos minutos de oración con los niños. Unas semanas después, notó un cambio pequeño pero real. Sus dificultades seguían ahí, pero las afrontaban juntos», narró.

Aquel sacerdote se preguntó entonces cuántas familias vivirían así y creó un grupo que dio prioridad a las visitas a las familias e invitó a parejas adultas a acompañar a las más jóvenes. «Así fue como el sacerdote puso realmente en marcha la pastoral familiar: no con un programa, sino con una visita, una conversación y la disposición a escuchar».

El cardenal Ferrao afirmó que «no existe un único modelo estereotipado de familia ideal, sino un complejo mosaico de realidades diversas marcadas por alegrías, esperanzas, dificultades y heridas». Y concluyó: «La familia no es solo un lugar al que la Iglesia lleva el Evangelio. Es también un lugar desde el que el Evangelio cobra vida: de una generación a otra, de una familia a otra y de las familias a la sociedad».

Las transformaciones sociales

El broche al elenco de intervenciones lo puso el profesor Vincenzo Rosito que reflexionó sobre las transformaciones sociales que afectan tanto a la familia como a la Iglesia. Siguiendo el relato de la huida a Egipto de la Sagrada Familia, ha señalado tres factores.

El primero es la movilidad: «¿Cómo se reconfigura la Iglesia en los contextos a los que llegan muchas familias migrantes? ¿Qué les está diciendo el Señor a las Iglesias? […] A través de la experiencia de las familias prófugas y migrantes, algunas comunidades cristianas se están reconfigurando como iglesias de refugio. De hecho, muchas sienten la llamada a adoptar la forma de una casa de acogida o de una casa de familia».

El segundo es la violencia, «uno de los principales factores de transformación de la vida eclesial. familiar». «El riesgo de perder la vida debido a la incertidumbre y la inestabilidad social está transformando progresivamente también las relaciones íntimas. LA violencia puede devorar incluso los lazos familiares y las mismas relaciones eclesiales», añadió.

Finalmente, los sueños. «Soñar significa aprender a hacer algo nuevo, en el sentido de imaginar una acción inédita, como la pastoral que cura los pies de las familias migrantes. Soñar, imaginar nuevas formas para la Iglesia, también significa renovar lo que ya hacemos», concluyó.

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