Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

León XIV en la cumbre a los diez años de ‘Amoris laetitia’: «Tenemos mucho que aprender de las familias»

Ante los presidentes de conferencias episcopales, jefes de Iglesias orientales, expertos y familias, ha subrayado que la fragilidad requiere una atención especial y se ha preguntado si la verdad puede encontrarse a través de la paciencia, la cercanía y la misericordia

El papa León XIV ha inaugurado este miércoles por la tarde la cumbre sobre la familia que reúne en el Vaticano a los presidentes de conferencias episcopales y jefes de Iglesias católicas orientales, además de numerosos expertos y familias. ¿El tema? «A los diez años de la Amoris laetitia. Anunciar el Evangelio con las familias de hoy».

Los trabajos se extenderán hasta el próximo miércoles y servirán, ha dicho el Pontífice en su discurso, para observar cómo este documento del papa Francisco ha influido en la vida de la propia Iglesia y el acompañamiento a las familias. «Ha marcado una etapa importante», ha apostillado.

León XIV ha recordado que la familia siempre ha sido una preocupación para los pontífices. De hecho, citó como referencias, antes de Amoris laetitia, el Concilio Vaticano II y la Familiaris consortio de Juan Pablo II. Y, hoy, ha continuado, «sigue siendo fundamental».

De la exhortación de Francisco ha dicho que ha marcado una etapa importante y que el encuentro de estos días servirá para observar cómo ha marcado la vida de la Iglesia, para reconocer lo que Cristo ha enseñado a su Iglesia estos años.

También ha recordado, como ya hizo en su mensaje por el décimo aniversario de la exhortación, hace ya algunos meses, que la Iglesia no puede ser sal y luz en este mundo sin la familia ni los laicos, pues «las familias participan en la misión de la Iglesia». Y lo hacen, ha continuado, en lo cotidiano, mediante el amor y la fidelidad, el cuidado y el perdón, la educación de los hijos, la transmisión de la fe, la atención a los ancianos y vulnerables.

«Como pastores, hemos recibido la responsabilidad, en todo tiempo y circunstancia, de proclamar la belleza del plan de Dios para el matrimonio y la familia, así como su llamado al amor y la ternura. Esto nos desafía a acompañar a las personas en su búsqueda de vivir su vocación en las circunstancias concretas de su vida. Este ministerio también nos introduce en una escuela de escucha. La sabiduría del pueblo de Dios nos llega a través de nuestra fe común, que ilumina a todas las familias, incluso en situaciones marcadas por dificultades, soledad e incluso, a veces, por un aparente fracaso. El Señor mismo nos enseña con paciencia cuando nos tomamos el tiempo para escuchar, y, sin duda, tenemos mucho que aprender de las familias», ha señalado.

El Pontífice también ha abordado las principales dificultades que vive la Iglesia en la transmisión del Evangelio de la familia, sobre todo, en su diálogo con las nuevas generaciones. Por ejemplo, la comprensión de la sexualidad o el compromiso para toda la vida, que chocan con el ambiente cultural de las sociedades de hoy. También ha citado como límites para la familia la inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y otras formas de fragilidad emocional.

En este sentido, ha dicho que «la fragilidad merece especial atención, pues puede influir profundamente en la forma en que las personas se ven a sí mismas, su futuro e incluso su relación con Dios y con la Iglesia».

Así, ha animado a preguntarse qué tipo de Iglesia encuentran las personas cuando son más vulnerables, si las comunidades les ayudan a descubrir que tienen un lugar, una responsabilidad y dones que ofrecer, o si la verdad puede encontrarse a través de la paciencia, la cercanía y la misericordia…

«Nuestra tarea no consiste solo en interpretar estas realidades, sino en permitir que interpelen y motiven nuestra responsabilidad pastoral, para que la Iglesia encuentre nuevas maneras de proclamar el Evangelio, ofrecer gracias sacramentales, acompañar a las familias y visibilizar la ternura con la que Cristo sigue caminando entre su pueblo», ha sentenciado.

Bienvenida del cardenal Farrell

Antes del Papa ha intervenido el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. En sus palabras de bienvenida, el purpurado ha querido destacar la continuidad del magisterio pontificio, señalando cómo «siguiendo el impulso conciliar, las dos exhortaciones apostólicas Familiaris consortio y Amoris laetitia han estimulado el compromiso doctrinal y pastoral de la Iglesia al servicio de los jóvenes, los cónyuges y las familias». El encuentro, ha subrayado, nace con el propósito de hacer balance sobre la trayectoria recorrida y buscar respuestas pastorales renovadas para el presente.

Al trazar el diagnóstico desde la realidad contemporánea, el cardenal no ha dejado de destacar la lucidez del texto pontificio ante las «rápidas transformaciones culturales y sociales que, en estos diez años, han marcado profundamente la realidad familiar». El avance de la secularización, el creciente individualismo y la omnipresencia de la tecnología han debilitado los cauces tradicionales de transmisión de la fe. No obstante, el cardenal ha contrapuesto a estos desafíos un signo de esperanza: la pervivencia en el corazón humano de un marcado «deseo de relaciones auténticas, duraderas y generativas», que la pastoral familiar debe saber acoger y responder.

Centrando su reflexión en la urgencia educativa, el prefecto ha advertido de que los esquemas del pasado resultan ya insuficientes por sí mismos. En el contexto actual, ha remarcado que la catequesis tradicional «no puede, por sí sola, sostener la transmisión de la fe y la maduración de una relación personal con Dios en las nuevas generaciones», al no existir ya aquel entorno sociocultural que preservaba la vida cristiana de forma casi natural. Por esta razón, ha sentenciado con firmeza que «generar familias sólidas y auténticamente cristianas es la condición para tener, en un futuro próximo, una Iglesia viva y firmemente arraigada en el Evangelio».

El prefecto ha concluido con una cálida expresión de filial afecto hacia el Santo Padre, agradeciéndole la «mirada atenta que, desde el inicio de su pontificado, dirige a las familias de todo el mundo». Para terminar, el cardenal Farrell ha solicitado la bendición apostólica para todos los trabajos de la asamblea, invocando la luz del Espíritu Santo para que la Iglesia permanezca con el corazón abierto a las indicaciones que el Señor marque en estos trabajos para el futuro de las familias y de toda la comunidad eclesial.

Meditación de la hermana Helen Alford, O.P.

La meditación de la religiosa dominica Helen Alford ha comenzado situando el centro del mensaje en el papa León XIV y su invitación a «servir a la misión de proclamar el Evangelio de la familia a las generaciones más jóvenes». Para ilustrar esta intuición, la religiosa ha relatado la historia de un niño pequeño que, paseando con sus padres cerca del lago Trasimeno, sorprendió a todos al afirmar con rotundidad que el Padre no estaba solo lejos en los cielos, sino que «Dios está aquí, con nosotros». Esta anécdota ha servido de preámbulo para fundamentar un discernimiento sinodal en el que la familia no se contempla únicamente como destinataria de la fe, sino como agente activa de la evangelización. Y ha recordado que la propia vivencia familiar es la que hace presente el kerygma en el mundo: «La belleza de la vocación al matrimonio se encuentra a través de, con y en su fragilidad».

Profundizando en esta tensión entre belleza y debilidad, la teóloga ha propuesto como paradigma evangelizador el pasaje evangélico del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, junto al pozo de Jacob. A través de una pedagogía en cuatro etapas —que va desde un diálogo inicial que despierta el deseo hasta «el enfrentamiento de la samaritana con la verdad»—, Cristo no acude para condenar la situación frágil o irregular de la mujer, sino para sanar la herida y ofrecer el agua viva. Como ha subrayado, fue precisamente esa mujer en situación compleja quien, tras escuchar a Jesús, se convirtió en la primera evangelizadora pública de su pueblo, demostrando cómo «en los momentos más oscuros de la vida familiar, la unión con Jesús en su abandono puede ayudar a evitar la ruptura».

Así las cosas, uno de los ejes del discurso ha sido la «mirada relacional» de Jesús. A este respecto, la hermana Alford ha explicado que las relaciones humanas no se «ven» como objetos físicos, sino que son invisibles, como el aire que respiramos, y, sin embargo, constituyen el tejido profundo de la realidad social y familiar. La mirada de Cristo otorga dignidad a lo cotidiano, conecta con el Padre y abraza la creación; por ello, ofrecer a las nuevas generaciones esta perspectiva resulta imprescindible para que tengan el valor de dar el paso hacia el Matrimonio. En un entorno inestable, los jóvenes necesitan aprender a contemplar sus vínculos desde la teología trinitaria y el diseño del Génesis, reconociendo que «la realidad social humana —y la familia, en primer lugar— está compuesta por relaciones».

En su conclusión, la meditación de la religiosa ha trazado un puente teológico entre Familiaris consortio y Amoris laetitia, en torno a la «ley de gradualidad» formulada por san Juan Pablo II y reasumida por el papa Francisco. La hermana dominica ha recordado que la ley divina es un don pedagógico que indica el camino, reconociendo prudencialmente que el ser humano «conoce, ama y realiza el bien moral según diversas etapas de crecimiento». Por ello, y frente a los vertiginosos cambios sociales, la Iglesia está llamada a acompañar a los esposos en su fragilidad, para que reaviven «la confianza en la gracia de Dios» y descubran la espiritualidad matrimonial como un auténtico camino hacia la santidad.

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now