Durante el rezo del Ángelus del quinto domingo de Cuaresma, el Papa reflexionó sobre la resurrección de Lázaro como signo de la victoria de Cristo sobre la muerte.
En el camino hacia la Semana Santa, León XIV se asomó este domingo a la ventana del Palacio Apostólico para comentar el Evangelio de la resurrección de Lázaro. Ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre subrayó que este episodio es un signo que habla de la «victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo».
El Pontífice invitó a los cristianos a no buscar respuestas en lo efímero, advirtiendo que el mundo actual sacrifica valores y afectos en una búsqueda constante de novedades que no llenan el alma. «Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios», afirmó, recordando que el ser humano lleva dentro una «necesidad de infinito» cuya respuesta no se encuentra en los bienes materiales o el entretenimiento.
Salir del sepulcro del egoísmo
El relato de Lázaro sirvió al Papa para hacer una llamada a la conversión personal. León XIV instó a liberar el corazón de aquellos hábitos que, como «grandes piedras», encierran al hombre en el «sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad».
Recordando el grito de Jesús ante la tumba de su amigo, el Papa explicó que Cristo también nos dice hoy a nosotros «¡Ven afuera!». Se trata, según el Sucesor de Pedro, de una invitación a salir de los «espacios angostos» para caminar en la luz del amor como hombres nuevos, «capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites».
Un escándalo para la familia humana
Al finalizar el rezo del Ángelus, el tono del Papa se volvió grave al referirse a la actualidad internacional. Con profunda tristeza, León XIV dirigió su mirada a las regiones devastadas por la guerra, mencionando explícitamente la situación en Oriente Medio. «Lo que las hiere a ellas, lacera a toda la humanidad», clamó el Pontífice, calificando el dolor provocado por estos conflictos como «un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios».
Por ello, renovó su «vehemente llamamiento» a perseverar en la oración para que cesen las hostilidades y se abran caminos de paz basados en el «diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana».
Deporte y saludos a España
En sus saludos finales, el Santo Padre se refirió a la celebración del gran maratón en Roma, calificándolo como un «signo de esperanza» y haciendo votos para que el deporte «trace caminos de paz, inclusión social y de espiritualidad».
Finalmente, saludó cordialmente a los peregrinos de diversos países presentes en la plaza, dedicando una mención especial a los fieles llegados desde la Diócesis de Córdoba, en España, antes de encomendar a la Virgen María el camino hacia los días santos de la Pasión.








