El Santo Padre tuvo una intensa agenda al principio y final de la semana, con la catequesis de los miércoles y una visita privada a las agustinas de Montefalco como hitos centrales
La semana de León XIV comenzó el lunes con un significativo encuentro en el Vaticano, donde el Papa recibió por primera vez a la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Durante una hora, el Santo Padre y los obispos, liderados por su presidente, monseñor Luis Argüello, abordaron temas fundamentales para la Iglesia española, como una posible visita del Pontífice, sobre la cual los obispos salieron «esperanzados» de que pudiera producirse «relativamente pronto».
Además de su encuentro con los prelados españoles, el Santo Padre mantuvo durante el lunes una serie de audiencias dedicadas a la formación bíblica, la pastoral litúrgica y la protección de los más vulnerables.
Como cada semana, un hito fundamental fue la Audiencia General del miércoles. Ante cerca de 40.000 fieles congregados en la Plaza de San Pedro, León XIV continuó el ciclo jubilar «Jesucristo nuestra esperanza», dedicando su catequesis a la «espiritualidad pascual y la ecología integral». El Papa utilizó la imagen del jardín de la resurrección para subrayar cómo el sacrificio de Cristo cumple la obra de la creación, restituyendo el Paraíso perdido. Estableció un nexo fundamental entre la fe y el cuidado del planeta, advirtiendo que, sin esta relación, «las palabras de la fe se quedan sin conexión con la realidad y las palabras de la ciencia se quedan fuera del corazón». El Pontífice exhortó a los cristianos a no separar el seguimiento de Jesús de la cultura ecológica, la cual debe ser un pensamiento, una política y una espiritualidad que conformen una resistencia.
La semana culminó con un viaje pastoral el jueves a Umbría, donde se reunió con los obispos italianos en Asís y visitó una comunidad de monjas de clausura en Montefalco. Estos encuentros reafirmaron la vocación sinodal de la Iglesia y la necesidad de una fe arraigada en la Palabra de Dios y el servicio.
Promoción de la Palabra de Dios
El lunes, León XIV recibió en audiencia a la Federación Bíblica Católica, en el contexto del sexagésimo aniversario de la Constitución dogmática Dei Verbum. El Papa expresó su gratitud por su servicio y reafirmó su misión de promover el Ministerio Pastoral Bíblico para que la Palabra de Dios sea una «fuente dinámica de inspiración para todos los ámbitos de la vida y de la misión de la Iglesia en el mundo de hoy».
El Pontífice hizo asimismo un llamamiento a garantizar un «largo acceso a la sagrada Escritura» para todos los fieles. Agradeció los esfuerzos por promover la lectio divina y las traducciones, y planteó el desafío de cómo facilitar este encuentro en los nuevos ambientes digitales, donde el Evangelio puede ser oscurecido o distorsionado. Animó, por último, a buscar nuevas formas de presencia bíblica capaces de arraigar la Palabra de Dios en el corazón de las personas.
Formación para la Pastoral Litúrgica
Ese mismo día, el Santo Padre se dirigió a los participantes en el curso para encargados diocesanos de pastoral litúrgica, una iniciativa del Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo. El Santo Padre los alentó a continuar con su servicio a la Iglesia, manteniendo la fidelidad a la tradición litúrgica y a la reforma impulsada por el Concilio Vaticano II. Y mencionó el consejo de papa Francisco en Desiderio desideravi, sobre la necesidad de «difundir estas conocimientos al aire libre del ámbito académico» de manera accesible, para que los fieles crezcan en el sentido teológico de la liturgia.
El Papa, así las cosas, destacó varios aspectos prácticos para el servicio de los directores diocesanos. Entre ellos, destacó la importancia de la formación bíblica unida a la litúrgica, especialmente para aquellos que proclaman la Palabra de Dios, solicitando una preparación profunda para los lectores instituidos y aquellos que leen las Escrituras, que abarque competencias básicas, dicción clara y la capacidad de componer las oraciones de los fieles. Además, exhortó a los encargados a promover la Liturgia de las Horas cuidar la piedad popular y, de manera crucial, trabajar para que los grupos litúrgicos parroquiales vuelvan a ser atractivos y funcionales, ofreciendo cursos de formación a los párrocos para su consolidación.
Mensaje sobre la Protección de Menores
La preocupación por la dignidad de los vulnerables fue abordada también el lunes a través de un mensaje enviado a los participantes del encuentro «Construir comunidades que tutelan la dignidad», de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores. El mensaje fue dirigido a representantes de varias conferencias de religiosos y religiosas y de institutos de vida consagrada. El Papa afirmó que la dignidad es un don de Dios que nace de la mirada de amor con que el Creador nos ha querido, y que ninguna oscuridad puede eliminar el reflejo de la bondad de Dios en el rostro humano.
El Pontífice destacó que la vida consagrada, al ser expresión de la entrega total a Cristo, está llamada a ser especialmente una «casa que acoge y lugar de encuentro y de gracia». Animó a los asistentes a seguir adelante con el compromiso de prevenir toda forma de abuso y a «rendir cuenta, con verdad y humildad» de los caminos de tutela emprendidos. Finalmente, les solicitó continuar su colaboración con la pontificia comisión, buscando que las comunidades sean un ejemplo de confianza y diálogo donde la persona sea respetada y valorada.
Encuentro con los obispos italianos en Asís
El jueves fue un día de viaje, con León XIV acudiendo a Asís para la clausura de la 81ª Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI). El Papa llegó en helicóptero, se dirigió a la Basílica de San Francisco para rezar ante la tumba del santo en la cripta, y luego se reunió con los obispos en Santa María de los Ángeles. El Pontífice agradeció la invitación a estar en Asís, un lugar que transmite un mensaje de paz y fraternidad.
En su discurso, León XIV conminó a los obispos a construir una Iglesia que encarne el Evangelio y sea, precisamente, profecía de paz, urgiéndoles a desarrollar una cultura del encuentro para escuchar y armonizar las tensiones en sus comunidades. Respecto al camino de la Iglesia en Italia, pidió a los obispos que madurase un «espíritu verdaderamente sinodal». También abordó temas de reestructuración eclesial, pidiendo que se evaluaran las fusiones de diócesis para superar límites territoriales, y dio indicaciones claras sobre el cese del servicio episcopal, recordando que se debe respetar la norma de los 75 años para la conclusión del servicio de los Ordinarios diocesanos.
Visita a las monjas de Montefalco
Tras su encuentro en Asís, el Papa se trasladó en helicóptero a Montefalco, en la provincia de Perugia, para una visita privada al monasterio agustino de Santa Clara. Esta comunidad monástica, que observa la regla de san Agustín, conserva la memoria de santa Clara de Montefalco, canonizada en 1881 por León XIII. La llegada del Pontífice —el primer Papa en visitar estas tierras— generó, como no podía ser de otra manera, una gran expectación en las calles medievales.
El encuentro fue descrito como un «momento de gran familiaridad». La abadesa, María Cristina Daguati, señaló que conocían a León XIV, ya que este había visitado el monasterio varias veces como sacerdote profeso y como Padre General de la Orden de San Agustín. La abadesa lo describió como un hombre «encantador y afable» con una «personalidad tranquila y tranquilizadora». El Papa conversó brevemente con las monjas, celebró la Misa en la iglesia del siglo XVII y posteriormente almorzó con ellas. Como obsequio, la comunidad entregó al Pontífice el calendario de 2026, titulado «Hacia una paz desarmada y desarmante».
Intensa agenda de viernes
La semana del Papa León XIV culminó este viernes con una intensa agenda dedicada a la caridad, la justicia institucional y la reforma del derecho canónico. El Pontífice comenzó la jornada recibiendo al Consejo Representativo de Cáritas Internationalis, un encuentro que se produce en el marco del Jubileo de la Esperanza, donde agradeció especialmente el liderazgo del cardenal Tarcisio Isao Kikuchi.
León XIV describió a Cáritas como el «rostro maternal y creíble de la Iglesia» en la defensa de los derechos de los pobres, el acompañamiento de los desplazados y la escucha de los olvidados, encarnando los pilares de su magisterio: paz, justicia y verdad. Exhortó a la organización a fortalecer las Iglesias locales, a promover la formación de líderes laicos y a cuidar la unidad en la diversidad, para que su misión se realice plenamente «caminando juntos».
La actividad institucional de la jornada se ha complementado con la publicación de un Motu Proprio que consolida un cambio significativo en la gobernanza interna del Vaticano. León XIV deroga el artículo 8 de la Ley Fundamental del Estado de la Ciudad del Vaticano, una norma que restringía la presidencia de la Comisión Pontificia a los cardenales. La nueva legislación abre la posibilidad de que otros miembros, incluyendo laicos, ocupen la presidencia, justificándolo en las «necesidades de gobernanza cada vez más complejas y apremiantes» y la promoción de la corresponsabilidad, en línea con lo deseado por el papa Francisco.
Finalmente, el Santo Padre se ha reunido con los participantes del curso internacional promovido por el Tribunal de la Rota Romana, dedicado a la reforma de los procesos de nulidad matrimonial. En su discurso, León XIV ha advertido de que estos procesos no deben ser vistos como un campo meramente técnico, sino que implican crucialmente dimensiones jurídicas, eclesiológicas y pastorales. Así, ha subrayado la necesidad de buscar un equilibrio fundamental entre «misericordia y justicia», recordando que el matrimonio es el «canon del verdadero amor entre un hombre y una mujer».
El Papa ha querido destacar que la actividad judicial de la Iglesia es un «servicio de la verdad» para que cada creyente conozca plenamente su situación eclesial, y que, si bien la reforma busca la accesibilidad y la rapidez, esto nunca debe ser «a expensas de la verdad». Y ha advertido que el juicio humano sobre la nulidad «no debe, sin embargo, ser manipulado por una falsa misericordia», sino que debe ser un instrumento de justicia motivado por la verdadera misericordia, cuyo fin último es la búsqueda de la verdad y la salvación de las almas.








