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Democracia, derechos y deberes, migrantes y vida: así ha sido el debate entre Luis Argüello y Cayetana Álvarez de Toledo

El presidente de la Conferencia Episcopal afirmó que el derecho a la vida y el deber de cuidarla «están en el hondón de la propuesta de regeneración democrática» y que este es un punto crítico en Occidente, «drama y despertador» a la vez.

Una diputada y un arzobispo. De fondo, la crisis de las democracias liberales, el papel cada vez menos relevante de la moral y de la fe en la vida pública, las guerras, la polarización, la defensa de la verdad, los derechos y los deberes, la vida y la muerte.

La diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo y el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, mantuvieron este martes un sosegado debate en la Fundación Pablo VI en el que abordaron distintos aspectos de la vida pública de nuestro país. Lo hicieron con reflexiones hondas que no evitaron temas de actualidad como la regularización de migrantes, los ataques de Trump al Papa o el debate sobre la vida y la muerte con el aborto y la eutanasia.

El coloquio comenzó con el diagnóstico de Álvarez de Toledo sobre las enfermedades de la democracia, que son, en su opinión, la destrucción de la verdad, la pérdida de la comunidad y la ausencia de sentido. Y apeló a recuperar el sentido moral de la democracia. Argüello lo agrupó en lo que definió como «crisis espiritual de la democracia», en el sentido de aliento, de significado y de sentido.

Argüello afirmó que muchos de los problemas que estamos viviendo en estos momentos tienen su origen en la reducción de la persona a individuo, porque «todo termina siendo un pacto entre individuos», eludiendo así el reconocimiento de la pertenencia a un pueblo. Y sin origen ni proyección, solo quedan la autonomía y el poder.

La diputada popular ha añadido que la sociedad se ha fragmentado por colectivos que se enfrentan unos a otros y que el reto es regenerar la democracia, que exige buenos políticos, pero también buenos ciudadanos, pues estos no son meros clientes y consumidores de derechos.

«Es hora de decirnos que los ciudadanos tenemos deberes. No se puede construir la democracia solo desde el elogio de los derechos», agregó Argüello. Y respondió Álvarez de Toledo en la misma línea: «Una sociedad que pone el foco en los derechos infinitos es una sociedad irresponsable y condenada a la crisis».

Regularización de migrantes

La regularización de migrantes puso de manifiesto las diferencias, en estos momentos, entre la postura de la Iglesia y el Partido Popular. La diputada subrayó que la regularización —hoy se aprobó el reglamento para acceder a ella— se ha hecho de espaldas al Parlamento y sin un plan de integración. «Lanza un mensaje de que si llegas de forma irregular, te puedes quedar. Es un error desde el punto de vista técnico y moral», agregó.

El presidente de la CEE defendió la acogida de los que están con promoción e integración, así como la puesta en marcha de medidas que combatan las causas que obligan a las personas a a abandonar sus países de origen y a arriesgar la vida.

Derecho a la vida

El aborto y la eutanasia también tuvo un espacio en el coloquio. Si bien la diputada popular se mostró partidaria de que el aborto sea legal, dijo que la decisión tiene implicaciones morales que la ciencia hará todavía más explícitas. Y, por tanto, la decisión será más difícil, más grave y más honda.

Argüello dijo que el derecho a la vida y el deber de cuidarla «están en el hondón de la propuesta de regeneración democrática» y que este es un punto crítico en Occidente, «drama y despertador» a la vez.

Tras afirmar que «para defender la vida y estar en contra del aborto no hace falta ser creyente», dijo que la reflexión sobre la vida y la muerte puede ser palanca de regeneración democrática.

Visita del papa León XIV

Para concluir, los ponentes mostraron sus impresiones sobre la visita del papa León XIV a España. Álvarez de Toledo explicó, ante un posible discurso ante las Cortes Generales, que espera del Papa una defensa de la verdad en la vida pública, una defensa de la ejemplaridad y un reconocimiento de que España tiene valor moral.

Argüello espera que el Pontífice confirme en la fe, la esperanza y la caridad a los católicos y que para el resto de la población sea un estímulo para la confianza, para construir un proyecto común y crear amistad civil.

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