«Debéis prometerme que os fijaréis en todo lo que os rodea, para buscar lo que es hermoso y contemplarlo». Me propongo hacer el mismo ejercicio.
La mañana del domingo, siempre que se puede, nos tomamos el pequeño lujo de leer tranquilamente sin mirar el reloj. Estoy con ‘Don Gius. Luigi Giussani, una vida apasionante de Carmen Giussani’. Me provoca el testimonio de una chica, que cuenta que antes de irse a Rusia de misión, el sacerdote solo le da una indicación: «Os ruego solo una cosa: buscad siempre la Belleza, en cualquier lugar y situación en que os encontréis. Debéis prometerme que os fijaréis en todo lo que os rodea, para buscar lo que es hermoso y contemplarlo». Me propongo hacer el mismo ejercicio. Y vaya si la hay.
Mi hijo ensimismado con su pie. El diálogo tan íntimo y verdadero que ha surgido con algunas personas a raíz del artículo de la semana pasada. La corrección de mi marido, que con razón insiste en que lo más revolucionario de mi vida no es él, sino encontrar a Aquel que nos permite mirarnos así. Los testimonios de los cristianos reprimidos en Nicaragua, que aparecen en el documental de Fernando de Haro. Una flor morada que se abre paso entre dos piedras de un muro. Mi sobrina de tres años haciendo reír a mi hijo de cinco meses. La ternura de los amigos que miran con simpatía lo que a mí me cuesta mirar. El silencio de camino al trabajo. Una amiga de Bruselas que me manda lo que escribe y me confiesa sus inquietudes profesionales y artísticas. Encontrar a un amigo querido por la calle. Las carcajadas de mi hijo. Y los grititos. Echarle de menos. Pedir perdón. Sentirme abrazada. Y todo lo que nos queda por aprender. Conocer a Cristina, que pone a bailar a los funcionarios de prisiones en una cárcel de Ecuador. Un poema regalado cargado de verdad. Preparar con amigos la próxima edición de EncuentroMadrid. Juzgar juntos qué sucede cuando llevamos bocadillos a Ópera los viernes por la noche. Leer el Quijote. Amamantar. El documental ‘El sí de Marcos’, cuando se cumplen diez años de su muerte.
Mi agradecimiento a todos aquellos que han educado y educan mi mirada.







