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Salvatore Cernuzio, autor del documental ‘León de Perú’: «El Papa ha tocado con la mano lo que significa para una familia morir de hambre»

El periodista de los medios vaticanos es uno de los que han sacado adelante la producción, estrenada ayer a nivel mundial

¿Qué ha aprendido de la figura del papa León XIV haciendo este documental?
—He entendido mucho de su carácter y de su forma de ser. Poco después de la elección, los periodistas habíamos recopilado información sobre su pasado, sobre su misión, su cercanía a la gente y esta forma también muy sencilla de vivir. Pero hay matices de lo que él es, de lo que le gustaba hacer, de esta impronta suya, también muy intervencionista. Esto lo he descubierto, precisamente, hablando con la gente en Perú. Es una figura muy espiritual como agustiniano, un estudioso, un hombre de oración, y lo demostraba también su habitación, que se ve en el documental, llena de libros, de meditación, de derecho canónico… Pero al mismo tiempo era un hombre de acción, un hombre también de gobierno, un jefe, y que estaba listo para actuar sin tener que pasar demasiado por la burocracia. Y me ha llamado la atención en particular su experiencia en Callao, en el sentido de que él era un administrador apostólico, una figura que, de alguna manera, podía también observar todo a distancia, y, sobre todo, en un período como el del confinamiento, donde la gente estaba, de hecho, encerrada en casa. Y, sin embargo, a pesar de esto, se esforzó, dando a las personas que morían de hambre más de lo que necesitaban. Repito, todo esto a distancia, todo esto por este instinto de ser una presencia y conectarse a los medios virtuales, ir a una diócesis y buscar conocer inmediatamente la realidad, inmediatamente a los sacerdotes. Este sentido, la presencia es un dato muy interesante y que dice mucho sobre su pontificado.

—¿Ha descubierto alguna anécdota simpática de su vida?
—Anécdotas simpáticas nos han contado muchas. Primero, un agustino que nos decía que era tan querido que sus cumpleaños se festejaban 15 veces, porque lo querían festejar en la parroquia, luego una señora lo invitaba, luego lo festejaban los hermanos, luego otra señora más, luego la familia. Así que esto demuestra el gran afecto que le tienen. Esto se percibe también en el documental, el hecho de que él era un poco el alma de las fiestas, en el sentido de que también cantaba, participaba en estos festejos muy gustosamente y le gustaba comer, tanto que a Marlene, una parroquiana de Trujillo le decía: «No muestres demasiado estas fotos porque parezco un goloso». 

Y además de esto, una anécdota menos simpática, pero quizás más significativa, el hecho de que él haya querido experimentar la vida de los voluntarios, por ejemplo, con Cáritas, durante las inundaciones de El Niño, cuando se puso a conducir las camionetas, distribuyó la comida, los kits, fue a casa de la gente, la famosa foto con las botas. Así que realmente llevaba una vida normal que ahora nos parece extraordinaria, porque él es Papa, pero es la vida de un pastor, lo que de hecho hacen los obispos, los sacerdotes con olor a oveja, como le gustaba decir al papa Francisco. Y entonces sí, muchas historias dentro de la historia que han dejado una gran huella en el alma de cada una de las personas que hemos encontrado.

—Hay una canción en el documental que dice «León se ha forjado en el norte del Perú». ¿Cree que sus años de misión han sido fundamentales para convertirse en la persona que es hoy?
—Sí, creo que le ha marcado este bagaje, lo que él ha vivido en esta misión, es decir, el haber tocado con la mano una población muy sufriente. Me impresionaba ver escenarios, casas, pueblos que los occidentales ni siquiera imaginamos. Él ha pisado pisado estas tierras, ha tocado con la mano lo que significa para una familia morir de hambre y ver su propia casa arrasada por el agua. Creo que es algo que no se puede olvidar y que te queda dentro. Así que también probablemente esto tendrá un reflejo en su magisterio, es decir, este instinto de mirar a los pobres, a los últimos, era una gran prerrogativa de Francisco. Pero yo creo que Prevost todavía más, porque él la ha vivido como misionero, es decir, como persona en misión, involucrada, como decís vosotros los españoles, con la gente, con el pueblo. Sobre todo, pienso que lo importante es que él se formó en Perú, es decir, él en Perú vivió todas sus etapas de crecimiento, llegó como misionero novato a los 30 años, luego fue formador, luego profesor, luego responsable, párroco y al final obispo, administrador apostólico y de nuevo obispo. Así que todas las etapas también de su carrera, llamémosla así, las vivió en Perú. Creció con Perú, es decir, cada ciudad que tocó fue y representa también una etapa de su formación y ahora es Papa. Creo que este bagaje naturalmente le sirve a pesar de que los desafíos son mucho mayores, pero le sirve para tener siempre esta mirada de no olvidar y esta humanidad también tan frágil, que en Perú es frágil por la pobreza, por el crimen, por muchos motivos y en el mundo por otras cosas. Así que esta atención a los pobres imagino que será un poco la seña de identidad también de su pontificado.

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