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El campeonato de fútbol de seminarios tendrá continuidad por toda España

El seminario de Valencia se alzó con la primera Copa Nacional de Fútbol de Seminarios, competición en la que han participado unos 70 seminaristas de Valencia, Castellón, Vitoria, Burgos y Ciudad Real. Una idea que surgió de dos seminaristas de la diócesis levantina y que se prevé repetir en años venideros en distintos puntos de la geografía española.

La entrega de trofeos fue presidida el lunes por el arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, tras disputarse el partido final entre los seminaristas de Valencia y de Burgos. Tras empatar los dos equipos en el tiempo reglamentario (1-1), y tener que ir a una prórroga, los valencianos marcaron dos goles, por lo que se alzaron con la victoria (3-1).

Entre las distinciones concedidas, también figuró el reconocimiento al mejor portero, el seminarista Luis Vicente Endón, procedente de Soria, pero integrante del equipo de Burgos, y al máximo goleador, el joven Rodrigo Camarero, también de Burgos. Según Endón esta experiencia ha sido «muy bonita e interesante por la posibilidad de conocer a otros seminaristas de España». «Nos lo hemos pasado todos muy bien», explicó Camarero.

La iniciativa, que se celebró en el seminario diocesano de Moncada, contó con el apoyo de este centro, así como de la Subcomisión de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española (CEE).

El fútbol —afirmaron los organizadores— es el gancho para que los participantes compartan unos días de convivencia. «Una magnífica oportunidad para que los seminaristas nos conozcamos, convivamos, nos pongamos cara y nos podamos enriquecer. Se trata de crear un espacio en el que nos pongamos rostro, que somos más de mil seminaristas, gente normal que sigue al Señor, que comparte un tiempo de oración, reír juntos, formarnos juntos y qué mejor excusa que jugar un partido de fútbol entre jóvenes», agregaron.

La convocatoria incluyó la acogida, la competición y también el tiempo de compartir juntos. Por eso, entre otras actividades, hubo una jornada de puertas abiertas, que incluyó la celebración de las semifinales y, posteriormente, una hora santa, dedicada a rezar por las vocaciones.

Por la noche, se celebró una cena benéfica, cuya recaudación fue enviada para colaborar en la formación de seminaristas de la selva de Ecuador. Además, al concluir la cena se realizó un «hemiciclo» en el que los asistentes pudieron hacer preguntas a los seminaristas sobre su vocación y su modo de vida.

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