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El cardenal José Cobo en el 20 aniversario del 11-M: «La última victoria no es del mal, del pecado ni de la muerte»

El purpurado lanza un mensaje a los políticos: «Nos hace falta con urgencia el verdadero diálogo de quien está dispuesto a escuchar y a hablar»

Emotivo funeral en la catedral de la Almudena en el 20 aniversario del atentado del 11-M, que dejó más de 190 fallecidos y miles de heridos. Una ceremonia presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, quien recordó que «la última victoria no es del mal, del pecado ni de la muerte, sino de Dios, que es amor».

Antes de nada, el purpurado ha querido ofrecer «el abrazo sentido y cariñoso» de la Iglesia a todos los que han sufrido en primera persona este terrible acto de violencia, cuyas consecuencias permanecen hasta nuestros días.

«Recordar es un deber. Se lo debemos a quienes ya no están. […] Pero también es un valor para buscar la verdad y reaprender a vivir. La mirada al pasado no ha de ser una mirada que se quede atrapada por la dureza inexorable de los hechos. Tampoco una mirada interesada al servicio de la propia ideología. Si miramos al pasado es para aprender de nuestros errores, para no volver a repetirlos. Y para poner en valor nuestros aciertos y logros», ha continuado.

En este contexto, Cobo ha ofrecido una mirada creyente sobre este acontecimiento. Una reflexión que pasa por una acción de gracias por el amor que nos une a los seres queridos, por los días rutinarios en los que los problemas se resuelven de modo más o menos cordial: «Hay mucha luz en medio de las sombras».

En segundo lugar, ha recalcado la necesidad de petición de perdón por no ser capaces de buscar la justicia desde la concordia. «El terrorismo, el recurso a la violencia, es una forma equivocada y llamada a fracasar para afrontar los conflictos. Es una forma indecente e inhumana. Las víctimas de ayer nos recuerdan a las que, en nuestros días, sufren el azote de la violencia, de la guerra, el terror y la sinrazón».

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La otra invitación es a la conversión, a pasar de la violencia a la paz, del odio a la misericordia, de la indiferencia a la cercanía… Y, en este sentido, ha lanzado una llamada particular a los políticos: «Nos hace falta con urgencia el verdadero diálogo de quien está dispuesto a escuchar y a hablar. No es suficiente una liviana preocupación por el bien común. No basta un vago deseo de justicia».

La última propuesta del cardenal tiene que ver con no quedarse atrapado en el pasado, sino por lanzarse al futuro con esperanza, la esperanza de que «la gente de paz tendrá más fuerza que la gente violenta», la esperanza de que el amor de Dios es «más fuerte que la muerte».

Y ha concluido: «A los creyentes, os pido que demos testimonio de una esperanza firme. A todas las gentes de Madrid os invito a cuidarnos, a que seamos conscientes del regalo que somos los unos para los otros y que cuidemos amablemente cuanto sostenemos. A las autoridades y personas que ocupáis en este momento puestos de responsabilidad: no dejéis de tomar en serio vuestras propias palabras al servicio del bien común; convertidlas en herramienta activa para la paz, la justicia, la concordia y la convivencia. Y a las víctimas ya sus familias, queridos amigos, dejaros encontrar por Dios; Él os regalará el consuelo, la sanación y la luz. Contad siempre, de su parte, con nuestro abrazo cariñoso y esperanzado». 

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