El obispo Ángel Javier Pérez Pueyo presidió la celebración de Nuestra Señora de los Ángeles en el santuario de Torreciudad, acompañado por peregrinos llegados de numerosos pueblos del Alto Aragón. La jornada estuvo marcada por la memoria de san Josemaría, la tradición popular y un mensaje de unidad eclesial.
El Santuario de Torreciudad acogió este 17 de agosto la fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, presidida por el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Javier Pérez Pueyo. La cita, que reunió a numerosos peregrinos procedentes del Somontano, la Ribagorza, el Sobrarbe, el Cinca Medio, la Litera y el Bajo Cinca, coincidió con el 50 aniversario de la inauguración del actual templo, mandado construir por san Josemaría Escrivá.
En su intervención, el obispo saludó de manera especial a los fieles de las localidades cercanas y a los sacerdotes de la Prelatura que atienden el santuario. Recordó la larga tradición de romerías en torno a la Virgen de los Ángeles y la devoción transmitida de generación en generación. “En la antigua ermita de Torreciudad —afirmó—, como en la gruta de Belén, lo humilde y lo sencillo se convierten en lugar de encuentro con Dios”.
Pérez Pueyo evocó también los episodios de resistencia vividos en tiempos de guerra, cuando los vecinos de Barbastro protegieron la imagen de la Virgen para evitar su destrucción. En este sentido, subrayó que gestos como aquel son fruto de una fe arraigada en la vida de la diócesis y no de la improvisación.
La celebración tuvo un marcado carácter conmemorativo. El obispo destacó que en estos 50 años Torreciudad no solo ha crecido en infraestructuras, sino sobre todo en su función espiritual: “Este templo no se mide solo en ladrillos, sino en la oración, la reconciliación y la acogida de miles de personas que aquí han encontrado consuelo y conversión”.
Durante la homilía, Pérez Pueyo animó a que el santuario se consolide como un “foco de luz” para la Iglesia, favoreciendo la comunión, la colaboración y la corresponsabilidad. “Que nadie se pierda; que Cristo sea conocido y amado por todos los que peregrináis hasta aquí”, señaló.
La jornada incluyó además un acto tradicional que refuerza el vínculo entre la devoción mariana y la vida familiar: la presentación de 21 bebés nacidos en el último año. Tras el simbólico pesaje de los pequeños, las familias ofrecieron alimentos que posteriormente se entregaron a Cáritas.
La fiesta concluyó con el rezo del rosario y otras expresiones populares de piedad mariana. En sus palabras finales, el obispo pidió que la Virgen de Torreciudad siga siendo referencia de fe para las generaciones futuras y punto de encuentro para la comunidad cristiana del Alto Aragón.








