El Papa ha tenido un encuentro multitudinario con la Iglesia diocesana de Madrid y las diócesis de Alcalá de Henares y Getafe en el estadio. Más de 70.000 fieles se han reunido para compartir la tarde con el Santo Padre.
Aunque León XIV ha llegado a eso de las 19:00 de la tarde, el Estadio Santiago Bernabéu ya vibraba desde hacía horas. De la mano de Christian Gálvez y Patricia Pardo, presentadores del evento, el público ha podido disfrutar de actuaciones musicales de numerosos artistas, la entrada de la Virgen y del del Cristo de Medinaceli, y la conexión con la ofrenda floral a la Virgen de la Almudena que ha tenido lugar en la Catedral de Madrid.
Sin duda, uno de los momentos más emocionantes de la tarde ha sido la entrada del Santo Padre en el estadio. Las más de 70.000 personas que estaban congregadas han rugido cuando han visto al Papa entrar y pasearse por la pista, saludando a todo el mundo.
«Queremos ser un cántico nuevo»
El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, ha querido presentarle la Iglesia de Madrid al Papa, y lo ha hecho afirmando que es, ante todo, una gran comunidad. Le ha expuesto además el deseo de esa comunidad: ser una Iglesia en salida, donde cada persona, cada vocación, cuente. El cardenal ha admitido que aún hay muchos retos y obstáculos que superar para poder seguir caminando juntos, pero que la presencia del Santo Padre será un impulso para el futuro y la misión. «Queremos ser un cántico nuevo», ha afirmado.
Posteriormente, ha tenido lugar un panel de experiencias en presencia del Papa, donde distintas personas de la diócesis han dado testimonio y han compartido sus alegrías, heridas y deseos.
«Sed como una Biblia abierta»
Continuando con el discurso del arzobispo, el Papa León XIV ha comenzado el suyo recuperando la parábola del canto, que ha relacionado estrechamente con la liturgia, la cultura y la alegría. «Cantar es una necesidad que impregna la convivencia e interpela la cultura, la incita a permanecer abierta y en constante evolución», ha señalado.
Les ha recordado que el testimonio es aquello que puede reencender la esperanza en las personas de su alrededor, y que la alegría que contagian debe convertirse en un modo estable de ser y estar, capaz de renovar a toda la comunidad. «No es casualidad que los apóstoles, en sus escritos, a menudo inviten a las iglesias a la alegría», ha comentado. En ese sentido, ha afirmado que también hoy el amor de Cristo nos apremia y nos llama a la « responsabilidad de la acción».
Refiriéndose al Bautismo, ha afirmado que el encuentro con Cristo cambia la vida, sin embargo no podemos olvidar que «mucho de lo que ya había en nosotros se transforma, porque se orienta al servicio, deja de ser un don privado y sirve al bien común». A ese respecto, no ha querido olvidarse de la importancia de la comunión en la diversidad. Haciendo referencia a su primera encíclica, Magnifica Humanitas, ha afirmado que es en la obra común donde los cristianos encuentran su propia forma de construir.
«Por eso es tan importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía», ha querido recordar el Santo Padre. Dios, ha señalado, conoce cada uno de los corazones de Madrid, y todos estamos hechos para la vida en plenitud. «¡He aquí la Iglesia, queridos hermanos y hermanas! He aquí la música del Evangelio, con su ritmo contagioso».
León XIV ha querido terminar animando a la Iglesia de la capital a ser como una Biblia abierta: «que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios».








