Francisco ha recibido a la comunidad en Roma, adonde «acuden como peregrinos de esperanza en este Año jubilar», ha señalado
El papa Francisco, con su brazo derecho inmovilizado en cabestrillo, ha recibido a la comunidad del seminario de Córdoba hoy en Roma, «a la que acuden como peregrinos de esperanza en este Año jubilar», en palabras del Pontífice.
Siguiendo la metáfora del viaje, el Santo Padre ha centrado su alocución ante los seminaristas en «las señales que nos van marcando el itinerario» de la vida, hitos que, en su conjunto, ha identificado como «la esperanza».
La primera de estas señales, ha afirmado, es «la dirección». En este sentido, la flecha marca hacia el cielo, «al encuentro definitivo con Jesús». Pero «no a las primeras posiciones, no a los sitios más cómodos, esos son callejones sin salida, que si tenemos la desdicha de embocarlos, debemos salir marcha atrás con trabajo y vergüenza».
En segundo lugar, ha querido destacar «los peligros en el camino». En relación a la Córdoba española, Francisco ha comentado a los seminaristas que «ustedes vienen de un hermoso lugar que toma el nombre de san Pelagio y ocupa el antiguo solar del campo de los mártires. Como hizo entonces ese santo niño, en medio del dolor de una guerra, de la crueldad más indigna del ser humano, armados con el yelmo de la esperanza, se puede dar testimonio, se puede perseverar en el camino del Señor, convencidos de que Jesús los sostendrá siempre y nos dará además la fuerza de ser sembradores de esperanza».
Por último, ha referido como tercera señal «las zonas de avituallamiento». «En este camino, que ahora les ha traído a Roma, a atravesar la Puerta Santa y visitar las tumbas de los apóstoles, necesitamos ser sostenidos, sentir la presencia del que es nuestra única esperanza, Jesús», ha señalado. «Él se nos presenta como Maestro, como Señor, se nos da como alimento en su palabra y en la Eucaristía, nos repara cuando pinchamos en medio de la carretera y nos acoge cuando nos vence la fatiga y debemos detenernos a hacer una pausa. Sin esa esperanza, ponernos en camino sería una locura, pero fiados en Él no tenemos dudas de que llegaremos al puerto deseado», ha agregado.
Como culminación de la charla, el Papa les ha pedido que «no piensen nunca que sembrar esperanza es decir palabras de cortesía u optar por un buenismo dulzón». «Este camino es el camino de Jesús —ha sentenciado—, que lleva a la Jerusalén celeste, pasando por la terrena, abrazados a la cruz, y sostenidos por infinidad de cirineos. Un camino en el que no se puede avanzar solo, sino en comunidad, guiando, defendiendo, asistiendo y bendiciendo a aquellos que el Señor nos dejó como tarea». Finalmente, les ha deseado que «en todo ello Jesús los sostenga y la Virgen de la Fuensanta los cuide».








