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El Papa agradece «de todo corazón» el trabajo de los voluntarios

Miles de voluntarios se han congregado en IFEMA para encontrarse con el Santo Padre antes de que marchara hacia Barcelona.

León XIV ha hecho una última parada en su etapa madrileña, antes de viajar a Barcelona, para encontrarse con los miles de voluntarios que han hecho posible su visita a nuestro país. Miles de voluntarios se han congregado en el pabellón 3 de IFEMA para despedir al Santo Padre, celebrar el trabajo realizado en los últimos días, y escuchar palabras de ánimo y aliento.

Antes de que León XIV llegara, los fieles han podido disfrutar de la música de Pablo López, una reflexión de Abel de Jesús, testimonios de diferentes voluntarios y vídeos de agradecimiento de personas que han participado estos días en los diferentes actos en Madrid, entre otros.

Como suele ser normal, el momento de mayor emoción ha sido la entrada del Papa en el pabellón. Esta vez lo ha hecho subido en un carrito de golf para poder estar más cerca de los miles de voluntarios que esperaban ansiosos su llegada. Ya en su presencia, varias personas han dado testimonio de su experiencia de servicio, de las alegrías y emociones que han traído tantas horas de trabajo, y han agradecido a sus compañeros y al Papa.

«La levadura de la gratuidad»

El Papa ha comenzado asegurando que era una alegría que su último encuentro de su etapa madrileña fuera con los voluntarios, que han ofrecido su presencia «por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa». 

Ha compartido entonces una reflexión haciendo uso de la imagen de la levadura en la Escritura: «Los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad», ha señalado. De esta manera, ha presentado la experiencia de servicio de estos días como un signo del Reino que viene, haciendo especial hincapié en la gratuidad. 

La gratuidad, ha dicho, «es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, porque podríamos decir que es un rasgo típico de la “ciudad de Dios”». En nuestro mundo, tan marcado por la lógica del lucro y el interés, el Santo Padre ha querido destacar la necesidad de vivir según la lógica de un crecimiento humano integral. 

Tampoco ha querido olvidarse de que, si bien Jesús trajo la levadura del Reino de los cielos, también la mezcló con nuestra humana enfermedad, para sanarla desde dentro. Así, tras su resurrección, no solo envió a sus discípulos a predicar su Palabra, sino a dar testimonio y mostrar un estilo de vida basado plenamente en el Evangelio. «Este es el secreto: el amor de Dios, que mueve el sol y los astros, y mueve los corazones». 

Para concluir, ha invitado a los voluntarios a seguir por ese camino de «humildad y mansedumbre, sin ninguna presunción, pero firmes en la fe y generosos en el servicio»

El amor en lo escondido

Antes de despedirle, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, no ha querido perder la oportunidad de dar las gracias también, y lo ha hecho recordando el servicio de María. «Es el canto sencillo de quienes se han atrevido a alzar la mirada y han dado lo mejor de sí desde el momento en que se les comunicó que el Papa venía a visitarnos», ha señalado.

Ha agradecido a los voluntarios por el trabajo realizado, silencioso y anónimo, que no ha salido en las cámaras pero sin el cual nada habría sido posible. Lo más evangélico, ha asegurado, no ha sido lo que apareció en las pantallas, sino «la cantidad de amor escondido que la sostuvo por medio de vosotros, voluntarios».

Al Papa le ha asegurado que su visita ha servido a todos los fieles para ayudarles a alzar la mirada y ver la grandeza del Señor, para abrir caminos de fraternidad y estrechar lazos. «Ahora seguimos caminando como diócesis, siendo «más pueblo» gracias a su paso entre nosotros», ha afirmado.

Para finalizar el acto, León XIV ha bendecido las primeras piedras de 18 parroquias que se construirán en los próximos años en la Provincia Eclesiástica.

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