León XIV propuso dos modos concretos de vivir la caridad fraterna —la corrección fraterna y el ponerse de acuerdo en la oración— y renovó su llamamiento por la paz en Ucrania.
El Papa León XIV rezó este domingo el ángelus con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro y centró su meditación en una imagen de la Carta a los Romanos: la deuda. Recordó que todos los mandamientos «se resumen en este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»» (Rm 13,9) y que san Pablo insiste en ese punto con una imagen muy fuerte, presente también en el «Padre nuestro»: «Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo» (v. 8).
«Jesús nos ha enseñado a invocar y a practicar el perdón de las deudas», explicó. «Sin embargo, hay una heredad que nos debemos los unos a los otros, sin quedar atrapados por ella: es la deuda de un amor mutuo». Una deuda que, lejos de esclavizar, libera. «Toda la atención, el cuidado y el bien que hemos recibido nos hacen más libres y responsables».
«Un arte delicado y muchas veces olvidado»
A partir del Evangelio del domingo, el Papa señaló dos modos de ejercitar ese amor mutuo en cada comunidad cristiana. El primero es la corrección fraterna, «un arte delicado y muchas veces olvidado, que requiere franqueza y gradualidad».
León XIV subrayó el itinerario que propone el propio Jesús —«primero de tú a tú; después, si es preciso, entre dos o tres personas; finalmente, cuando sea necesario, con toda la comunidad»— y explicó que hablarse con sinceridad «significa afrontar la realidad y transformar problemas y conflictos en pasos de crecimiento». Frente a ese camino exigente, advirtió del atajo estéril. «La lamentación y la maledicencia son más fáciles, pero no generan nada y paralizan muchas situaciones. El Evangelio, sin embargo, nos educa a la libertad en la caridad», afirmó.
Ponerse de acuerdo, también para rezar
El segundo modo de amar fraternalmente es el acuerdo, que «para Jesús transforma incluso la oración». No solo cuando hay un conflicto, precisó, sino para pedir a Dios cualquier don: «Si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá» (Mt 18,19). Esa promesa, añadió, sugiere que «podemos tener deseos comunes, dolores comunes, esperanzas comunes y, a través de la oración, crecer en la unidad».
El Pontífice contrapuso entonces las dos posibilidades que se abren ante cada creyente. «Sin la fe, cualquiera podría sentirse solo y sospechar de los demás, viéndolos como extraños y enemigos. Sin embargo, por gracia, somos hermanos y hermanas que pueden ponerse de acuerdo: encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor».
Llamamiento por Ucrania
Tras el rezo del Ángelus, el Papa volvió a alzar la voz por Ucrania. «Con gran pesar he seguido las noticias sobre los violentos ataques» que han afectado a ciudades e infraestructuras civiles, afirmó, y aseguró que su corazón se une «al sufrimiento del pueblo que lleva años viviendo en la angustia y el miedo».
«Hago un nuevo llamamiento para que se ponga fin a la violencia, se detenga la destrucción y se abran los corazones al diálogo y a la paz», pidió, con la esperanza de que los esfuerzos para reanudar las negociaciones «den frutos concretos y abran un espacio para la diplomacia». León XIV invitó además a rezar «para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo» y, de cara al curso que comienza, pidió al Señor que «nos acompañe y nos sostenga con su luz».






