Propone que las diversas disciplinas artísticas establezcan una especie de ciudades santuario para combatir el racismo, la xenofobia, la aporofobia y la desigualdad
Intensa jornada del papa Francisco en Venecia, que comenzó con un encuentro con internas de la prisión de Giudecca. Un encuentro en el que ha recordado que Dios nos quiere en toda circunstancia y nos invita a estar juntos para aportar el valor de cada uno.
«Dios nos quiere juntos porque sabe que cada uno de nosotros, aquí, hoy, tiene algo único que dar y que recibir, y que todos lo necesitamos. Cada uno de nosotros tiene su singularidad, tiene un don y esto es ofrecerlo, compartirlo», ha afirmado.
Tras recordarles que no pierden la dignidad por estar privadas de libertad, les ha dicho que «la permanencia en una prisión puede marcar el comienzo de algo nuevo, a través del redescubrimiento de bellezas insospechadas en nosotros mismos y en los demás, como simboliza el acontecimiento artístico que ustedes acogen y a cuyo proyecto contribuyen activamente».
«Puede llegar a ser como una obra de reconstrucción, en la que uno puede mirar y evaluar con valentía su propia vida, eliminar lo que no es necesario, lo que estorba, perjudica o es peligroso, elaborar un proyecto y volver a empezar cavando cimientos y volviendo atrás, a la luz de las propias experiencias, para poner ladrillo sobre ladrillo, juntos, con determinación», ha continuado.
Después de esta cita, el Papa se ha reunido con los artistas de la Bienal de Arte de Venecia en la capilla de la cárcel.
«Sería importante que las diversas prácticas artísticas pudieran establecerse en todas partes como una especie de red de ciudades santuario, trabajando juntas para librar al mundo de las antinomias vacías y sin sentido que pretenden apoderarse del racismo, la xenofobia, la desigualdad, el desequilibrio ecológico y la aporofobia, este terrible neologismo que significa fobia a los pobres», ha dicho.
Y ha continuado: «El arte nos educa para este tipo de mirada, no posesiva, no cosificadora, pero tampoco indiferente o superficial; nos educa para una mirada contemplativa».








