León XIV sostiene en un videomensaje que aquel viaje a Roma despertó el orgullo de muchos católicos chinos y dejó atrás desconfianzas y hostilidades
El papa León XIV ha enviado este jueves un videomensaje a los participantes en el congreso internacional «El rostro de la Iglesia universal en China. 100 años de la consagración de los primeros obispos chinos», organizado por el Dicasterio para la Evangelización (Sección para la Primera Evangelización) en colaboración con la Pontificia Universidad Urbaniana. El encuentro recuerda a los seis sacerdotes chinos que recibieron la ordenación episcopal de manos de Pío XI en la basílica de San Pedro el 28 de octubre de 1926, un acontecimiento que, según el Papa, tuvo una gran relevancia no solo para la Iglesia en China, sino para la Iglesia universal.
León XIV ha recordado que aquellos futuros obispos partieron en barco desde Shanghái para ser ordenados por el sucesor de Pedro, y ha resumido los sentimientos que los acompañaban en ese viaje con unas palabras de san Juan de Ávila, «si me enviáis, Señor, a hacer lo que vos habéis hecho, dadme vuestro corazón». En su recorrido ha visto además una metáfora del largo camino de la Iglesia católica en China hasta entonces, fruto del impulso misionero propio de los años veinte del siglo pasado.
El Papa ha rescatado la carta apostólica Maximum illud, con la que Benedicto XV reafirmó en 1919 que «la obra misionera de la Iglesia no puede confundirse con procesos de colonización y exportación de ideas o modelos culturales», porque la semilla del Evangelio crece por la gracia de Dios y no gracias a estrategias humanas. En esa línea, ha recordado que en el Concilio de Shanghái de 1924, el primer concilio general de la Iglesia en China, surgió con urgencia la petición de confiar pronto la guía de las comunidades y circunscripciones eclesiásticas a sacerdotes y obispos nativos. La impulsaron los propios obispos misioneros, todos llegados de otros países, bajo la guía del delegado apostólico, el arzobispo Celso Costantini, para ser fieles a la naturaleza de una Iglesia «cuya unidad no es uniformidad, sino comunión en la diversidad», en palabras de Francisco que León XIV ha hecho suyas.
La unidad con el obispo de Roma
El Pontífice ha subrayado que aquellos seis hombres «atravesaron el mundo para testimoniar la comunión que florece de la fe de los Apóstoles, cuyo signo irrenunciable es la unidad de cada obispo con el obispo de Roma». Ha retomado también lo que escribió en septiembre a los obispos de América Latina y el Caribe con motivo del III centenario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo, cuando recordó que ningún pastor puede atribuirse por sí solo la misión, sino que la recibe y la ejerce en comunión con el sucesor de Pedro y con los demás sucesores de los Apóstoles.
El Papa ha citado la Carta a los católicos chinos de Benedicto XVI, de 2007, según la cual la Iglesia católica en China, «por una particular gracia del Espíritu Santo, nunca ha sido privada del ministerio de legítimos pastores que han conservado intacta la sucesión apostólica». Y ha añadido las palabras de Francisco en 2024, que destacó que los católicos chinos, en comunión con el obispo de Roma, dan testimonio de su fe con obras de misericordia y caridad y contribuyen así «a la armonía de la convivencia social, a la edificación de la casa común».
León XIV ha concluido que aquel viaje de hace cien años «encendió la alegría y el orgullo en muchos de sus compatriotas, relegando al olvido desconfianzas, sospechas y hostilidades», y que hoy, en un mundo desgarrado por los conflictos, la Iglesia continúa la misma misión pidiendo que el Señor custodie el tesoro de la comunión eclesial, que el Papa ha descrito como fuente de bondad y de paz para todos.




