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El Papa pide la paz para la península de Corea

Mirando a la península coreana «siempre en mis pensamientos y en mis oraciones», representada por unos 200 peregrinos que acudieron al Vaticano para la bendición de una estatua del mártir Andrés Kim Taegon, Francisco expresó «un sueño», el sueño de la paz. Un deseo de futuro que «no se construye con la fuerza violenta de las armas, sino con la fuerza suave de la proximidad», explica Salvatore Cernuzio en Vatican News.

Sobre el santo coreano, el Papa ha dicho que es faro y guía. «Cuando pienso en su intensa vida, me vienen al corazón las palabras de Jesús: “Si el grano de trigo, caído en tierra, no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”. Son palabras que nos ayudan a leer con inteligencia espiritual la hermosa historia de su fe, de la que san Andrés Kim es una preciosa semilla».

Teniendo en cuenta que Seúl, Corea del Sur, va a ser sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, el Pontífice ha recordado que, a pesar de la historia de fe del país y de la gran labor que llevan a cabo muchos jóvenes, hay quienes «se dejan seducir por falsos mitos de la eficiencia y del consumismo, y fascinar por la ilusión del hedonismo».

«El corazón de los jóvenes busca otra cosa, está hecho para horizontes mucho más amplios: cuídenlos, búsquenlos, acérquense a ellos, escúchenlos, anúncienles la belleza del Evangelio para que, interiormente libres, se conviertan en testigos gozosos de la verdad y de la fraternidad», ha concluido.

También ha subrayado que «el Evangelio no divide, sino que une». Y ha agregado: «Impulsa a encarnarse y a hacerse cercano dentro de la propia cultura, dentro de la propia historia, con mansedumbre y con espíritu de servicio, sin crear nunca contrastes, sino construyendo siempre la comunión. Construir la comunión. Reflexionen bien sobre esto».

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